27 de julio de 2021, 2:13:49
Opinión


Una semblanza de Abdesalam Yassin

Víctor Morales Lezcano


La prensa española que ha llegado a mis manos estos últimos días ha comentado de modo cicatero el fallecimiento del guía religioso Abdesalam Yassin (1928-2012). La trayectoria religiosa, docente misma, y socio-política de Yassin merece algo más que las cuatro pinceladas de un obituario de turno. Muy en particular, debido a un cruce de convergencias. Una de éstas reside en el perfil renovador del Islam intimista, de raíces sufíes, que impregnó la inmersión de Yassin en un pensamiento religioso superador de la dicotomía crucial que recoge este texto: “la aparición de los movimientos islamistas en el mundo árabe a comienzos de siglo y la polarización producida en la sociedad árabe entre élite laica y movimiento islamista nos obliga a buscar una comprensión objetiva y científica de esta guerra ideológica que divide la conciencia árabe y destruye la estructura del campo político nacional”.

Yassin, realmente, intentó revalorizar los fundamentos religiosos de la existencia -familiar, comunal, estatal, incluso- sin recurrir a juicios radicales ni incitar a la violencia (terrorista). Es esta dimensión la que le confirió un perfil propio en el panorama del Islam marroquí, sea de raíz salafí, sea de inclinación política marcada, como ocurre con la formación del Partido de la Justicia y Desarrollo que gobierna actualmente en Marruecos.

Desde los inicios de su trayectoria en calidad de guía espiritual (cheikh), Yassin fue introduciéndose con sabiduría táctica por los entresijos que no había ocluido el sistema dual marroquí; poder real y simbólico del rey y su entorno (Majzen) de una parte, y de otra, espectro político pluripartidista subordinado al anterior. Las reflexiones que publicó en su primer libro, titulado El Islam entre la predicación y el Estado (1973), recogían con claridad el dilema que atraviesa la esfera religiosa del mundo musulmán, y no sólo el de cuño árabe -predominantemente sunní-. Poco después aparecería la publicación que le haría conocido, merced a un título -y contenido- de mucha “garra”: ¿Modernizar el Islam, o islamizar la modernidad? Sobran las paráfrasis sobre el dilema que supo sintetizar Yassin en este libro.

No tardaría, sin embargo, en producirse el choque entre el guía espiritual del primer movimiento religioso encabezado por Yassin -y potenciado por un círculo de incondicionales como Nadia (hija del cheikh) y Abdallah Chibam entre otros-, y la monarquía del difunto Hassan II. La causa directa fue un escrito breve de Yassin -una carta- que llevó por título “El Islam o el diluvio?”. El monarca decidió cerrarle el camino al guía espiritual en varias ocasiones y con métodos diversos -como la prisión y el arresto domiciliario- . Sin embargo, todo fue en vano, porque el efecto de arrastre que consiguió el movimiento religioso encabezado por Yassin fue in crescendo durante los años 80 y 90 del siglo XX.

A la muerte de Hassan II, su sucesor, el príncipe heredero, concedió indulgencia real al -ya vetusto- Abdesalam Yassin. No obstante esto, el cheikh pareció sentirse “llamado” a enviar a Mohamed VI un opúsculo admonitorio instándole a no excederse en fastos y pompas, no dignos de una religión de marcada inclinación a la humildad y al buen ejemplo. Me encontraba yo en Rabat en licencia de estudios, cuando se difundió el opúsculo que llevaba por título A quien concierna, porque es de justicia (2001). Corrían, empero, otros tiempos en el campo de la vida pública marroquí, cuando el longevo guía espiritual expresó su última advertencia a Palacio. Ni Mohamed VI ni el sistema majzení se ensañaron esta vez con la interesante figura religiosa de Yassin dentro del panorama público del Marruecos posterior a Hassan II.

Justicia y Caridad no ha contendido nunca en el campo político electoral de su país. La repercusión social del ejemplo y de algunos escritos del jeque no ha sido desdeñable. Por lo general, todas las personalidades dotadas de un halo carismático suelen dejar huérfanos los círculos íntimos y a la muchedumbre de sus fieles. De esta manera, se va desvaneciendo la fuerza de su mensaje, al tiempo que se diluye la impronta histórica de su irradiación originaria. ¿Será éste el caso de Justicia y Caridad en el Marruecos de hoy, coincidiendo con la muerte del fundador? ¿O bien, seguirá siendo Justicia y Caridad una caja de resonancia crítica dentro del conformismo creciente que caracteriza la sociedad marroquí de nuestros días?
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