24 de junio de 2021, 23:40:57
Opinión


Cali. La feria de América... que fue

Pedro J. Cáceres


Cali significa la transición.
Cali despide el año pérfido y recibe la esperanza de lo mejor para todo.
En lo que llevamos de Feria hemos podido comprobar lo que nos temíamos, cualquier tiempo pasado... Cinco festejos, festival y preferia a parte, y ningún lleno. El coso de Cañaveralejo no se ha llenado ni con la Peña de la Ñ ni con las figuras, o en este caso la figura, el Juli a pie y Hermoso de Mendoza a caballo.
Los de la Ñ siguen dando que hablar, que a cuenta viene el artículo de hace unos días. Tres orejas cortó Iván Fandiño, mojando la oreja al El Juli...ojalá pudiésemos ver la revancha en Madrid...o Bilbao. Castaño, que ha toreado dos tardes, se dejó las orejas por culpa de la espada en su primera actuación, pero como dicen por allí "cayó de pie", en su segunda comparecencia, dos orejas y una nueva plaza conquistada. Volverá. Y el tercer "Ñ" de la peña, "Toño" Ferrera, volvió a deleitar a todos con su lidia completa en el festival nocturno en el que salió a hombros.
¿Y las figuras? Pues Julian sale de Cali con una oreja en dos tardes y Pablo Hermoso de Mendoza con otra. El Juli, después de ver salir a Fandiño por la puerta grande, tuvo que contemplar, también, como Bolívar le robaba los titulares se su segunda tarde, en la que el colombiano cortó una oreja de peso.
Esta es la Cali de 2012 pero...¿qué era Cali hace unos años?
Los 90 habían significado el mayor esplendor de una feria colorista, ruidosa y por encima de todo divertida.
Atrayente para profesionales y aficionados.
Tanto que hubo que doblar festejos durante tres o cuatro días en lo que se llamó “feria de las luces”, por ser su comienzo nocturno, a poco más de dos horas de concluida la corrida de feria.
Acudían las figuras, todas, más importantes de España y los valores emergentes que competían con los “nacionales” viviéndose en los tendidos una pasión añadida.
Se anunciaban las mejores ganaderías colombianas, encastadas de las españolas, y rivalizaban con hierros hispanos que disfrutaban del mejor momento.
Un espectáculo. Los medios de comunicación, todos, principalmente la radio, que en Colombia es “de culto”, le dedicaban más de ocho o diez horas de retransmisiones en vivo con el prime time de la narración, vibrante, de la corrida que era seguida en los tendidos por los transistores.
Eso era Cali…..hoy, como estamos viendo, es otra historia. Y eso que este año han querido opacar una feria muy mediocre, enmascarando la ausencia de figuras, con la contratación de El Juli y Hermoso de Mendoza, prácticamente a “palo seco”…vamos con poca o ninguna rivalidad, en las alturas –me refiero- ni en sus carteles ni en toda la feria.
Y así va, un año más, por desgracia. Pobrísimas entradas, todo fiado a ver si la figura, una, a pie y otra a caballo, medio acaban el papel en sus respectivos festejos.
¡Cali, quién te ha visto y quién te ve!
Hay veces que el destino aúna la casualidad con la causalidad o viceversa. Cali hizo su particular transición de siglo entre el 99 y el 2000 muriendo de éxito… de celos y envidias.
La propiedad de Cañaveralejo (un embudo para 14.000 gentes) es pública. Su explotación revierte en una entidad benéfica y sus designios taurinos los diseñan y ejecuta una Comisión. Ejemplos ¡haylos! En España.
La Comisión la componían prohombres de la Ciudad y del Departamento del Valle del Cauca que iban mutando a taurinos, y taurinos de ¿“reconocido prestigio”? que se iban travistiendo en políticos.

Cali era alegre y dicharachera, el reclamo ideal para despedir cada año dos veces: a las 6 de la tarde las uvas de España y a las 0 (hora local) el ron de la tierra, con cerca de 30 grados de temperatura climatológica y más de 50 de ambiente.
Sol sin agua, sin mar. Puente aéreo a la impar Cartagena (el avión en Colombia es como en Europa el metro), que daba dos o tres festejos con figuras, a guisa de tentadero por la ausencia de “toro”, y seguir camino, el que podía, a Manizales. Unas atractivas vacaciones, taurinas, de navidad. Cartagena, ya hace unos años que no da toros, ni una novillada.
El obscuro objeto de poder.
Lo asaltaron, entrando a” saco” en la Comisión los ganaderos de la zona y acólitos. Con la disculpa de la crisis, aquella, de la depreciación del peso respecto del dólar y éste referente del euro al entrar en vigor……
….los “ganaduros” vallecaucanos (a la cabeza los de Ambaló y Guachicono, los Estela y Luis Fernando Castro y señora) y con la excusa de malos pagadores de no mermar las arcas de la beneficencia empezaron los recortes económicos con la consiguiente ausencia de las principales figuras, y el veto a las ganaderías españolas y colombianas que no fueran del “clan”, con lo que los toreros tenían que bailar con las más feas de las camadas del Régimen caleño.
Y entre el parné y el toro cunero decidieron tomarse un tiempo sabático. Largo, por cierto.


La ruina fue grande.
El eslogan propagandístico en el que se atrincheraban, dar oportunidades a toreros jóvenes con proyección, no era más una treta para abaratar. Querían toreros sin posibilidad de exigencias en lo taurino y campar por sus respetos y sus caprichos.
Cali se fue quedando como un solar en los tendidos y perdió peso mediático con el “impuesto revolucionario” de cobrar derechos de retransmisión a las cadenas radiales.
Como si de una premonición se tratara la transición de la década ha supuesto un cambio de rumbo de la Feria de Cali e intentar volver sobre sus pasos.
Hubo un atisbo de cambio en 2010.
Ese año, sin que hubieran desaparecido todos los vestigios totalitarios en la Comisión (el problema, siempre son “los pájaros” y no “la jaula”) se hizo de la necesidad virtud y se juntó en el elenco a Ponce, Juli, Castella y Perera
El resultado fue el de una reactivación de la feria, muy fluctuante, y los capitostes entendieron que insuficiente: con picos, pocos, y muchos valles en cuanto a reclamo. Tan sólo una tarde se acabó el papel.

Hoy: vuelta la burra al trigo.
No hubo paciencia para tras el barbecho esperar la gran recolección, como antaño, tras, al menos, un par, o tres, de siembras de calidad, no una después del abismo.
Y así pasó el año pasado y se barrunta este ciclo en curso. Lamentable. La exultante Cali, floreciente, rumbera, subió más lenta que el vértigo con el que cayó.
¡Cali, la gran feria de América……que fue!
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