9 de abril de 2020, 6:33:37
Opinion


La rosa de Andalucía

Cristobal Villalobos Salas


Una caravana de coches oficiales llega al palacio presidencial, cada uno ocupado por un consejero y su chófer. Los Audi pasean ceremoniosos por la avenida mientras los policías de guardia se cuadran al paso de las autoridades, a salvo tras los cristales tintados.

En el palacio, recientemente remozado, bajo lámparas de diseño sueco de miles de euros, el Presidente ofrece un ágape a los miembros de su gabinete. Allí están los responsables de economía, agricultura, educación, sanidad…, destacando entre ellos la presencia del Vicepresidente, un comunista trajeado, como del politburó soviético pero con cara de butanero y voz aguardentosa.

Se reúnen en las estancias lujosas que un día cobijaron a un príncipe y a su corte, celebrando la Navidad, satisfechos de su última victoria electoral. Y ya van más de treinta años en el poder.

Podría ser una escena de la película “El dictador”, o tratarse de algún país bananero, pero es Andalucía, una de las regiones con más paro de Europa, no tenemos otra opción que recordarlo, en pleno siglo XXI.

“Una dalia cuidaba Sevilla en el parque de los Monparsié…”, cantaba el romance dedicado a la muerte de María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII e hija del infante don Antonio de Orlenans, el Montpensier hijo de Luis Felipe de Orleans, último rey de Francia.

Desde los salones de San Telmo el príncipe exiliado conspira primero contra su cuñada, Isabel II, posteriormente contra Amadeo de Saboya, al que se enfrentó por el trono de España, y el general Prim, detrás de cuyo asesinato, apuntan algunos investigadores, pudo estar el francés.

Allí se criaría María de las Mercedes, la efímera reina consorte que dejaría viudo al joven rey Alfonso XII, en una corte digna del que vivía como un rey andaluz. “Mi rosa más sevillana”, le siguen cantando las folclóricas horteras de Canal Sur a la pobre Mercedes, mientras en los reverdecidos jardines de San Telmo se cuidan las rosas del socialismo andaluz, abonadas con los dineros de Europa que, pensaron desde Alemania, vendrían a aliviar el atraso finisecular de la región.

Sale el Vicepresidente tras la copa, austera según su Twitter, y pasea bajo la escrutadora mirada de los doce ilustres sevillanos que coronan una de las fachadas del palacio. Velázquez, Miguel de Mañara, Lope de Rueda o Murillo son algunos de ellos. Suspira. El traje nuevo ya se le ha quedado pequeño. Piensa en construir una galería de hombres ilustres en su pueblo.
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