11 de diciembre de 2019, 21:48:10
Opinion


Italia y la campaña electoral

Andrea Donofrio


A menos de dos meses de las próximas elecciones, Italia se prepara a vivir una de las campañas electorales más dura e incierta de su Historia. Sólo en los últimos días se están aclarando coaliciones y candidatos, y los grandes protagonistas empiezan a “enfrentarse” entre ellos a golpe de ataques personales y proclamas. Aunque el centroizquierda resulta favorito en todos los sondeos, el infame sistema electoral italiano, rebautizado porcellum, complica su gobernabilidad. En un panorama ya confuso, un pésimo sistema electoral podrá demostrar que nadie cuenta con la mayoría operativa en el Parlamento. La coalición de centroizquierda debería ganar sin problemas en la Cámara de los Diputados, mientras la gran batalla se daría en el Senado, donde los premios de mayoría son regionales. En este contexto, la Lombardia representa la clave, aportando 49 senadores. En esta región, de las más ricas de Italia, se juega la gobernabilidad nacional, con la gran incógnita del partido xenófobo de la Liga Norte, involucrado en graves escándalos de corrupción y posibles relaciones con la ‘ndrangheta, la organización criminal de la Calabria. Como bien ha remarcado por un prestigioso Profesor italiano, Roberto D’Alimonte, en una comparativa con las elecciones estadounidense la Lombardia representa “contemporaneamente el Ohio y la California”: el Ohio porque es un Estado “contendibile” (tradicionalmente ni democrático ni republicano) y la California por el gran número de escaños que otorga.

Por un lado, el ex primer ministro Mario Monti ha anunciado que será la guía de una coalición centrista, moderada y cristiana. Esperemos sólo que no represente un intento de reanimar la vieja Democracia Cristiana. Tras varios y ambiguos anuncios, Monti parece estar convencido de participar en la contienda electoral, decisión que ha molestado a Pierluigi Bersani, el ganador de las primarias del Partido Democrático (PD), ya que el Professore había prometido mantenerse “por encima de las partes”. La decisión de Monti confirma una idea, presente en muchas de mis columnas y contraria a lo que sigue afirmado la prensa internacional: no sólo Monti tiene madera de político, sino que, desde el momento en que asumió su cargo de primer Ministro, ha actuado como un político de “largo curso”, experto y habilidoso. Y por lo tanto, como buen político, sabe mentir (como en este último caso), prometer (como lo está haciendo en la llamada “Agenda Monti”) y atacar a sus adversarios (como en la rueda de prensa de hace unos días). Bersani sabe perfectamente que el ex comisario europeo le hará competencia e intentará condicionar, con una minoría “corpulenta” –que cuenta con el apoyo del Vaticano, de los empresarios italianos (sobre todo de Montezemolo) y de la UE-, la acción del centroizquierda.

Por otro lado, el ex primer ministro Silvio Berlusconi ha vuelto a monopolizar la televisión, apareciendo en diferentes programas, recurriendo a la misma anacrónica retórica. Un personaje tan viejo que usa promesas antiguas y falsas: incluso su desproporcionada presencia en los medios de comunicación parece algo del pasado. No se entiende cómo no se da cuenta de que los italianos están hartos de él, de sus historias y de sus burdeles. Ahora habla de una conjura para hacer caer su gobierno: me decía un sabio Profesor que las teorías de la conspiración siempre son fascinantes, pero hay que demostrarlas y casi siempre están equivocadas. La estrategia del centroderecha italiano será de ataque, de choque frontal contra Monti y la línea de Ángela Merkel, una campaña antieuropea y antieuro. Berlusconi y sus lacayos negaran cualquier tipo de responsabilidad respecto a la actual crisis, arremeterán contra los comunistas –ojalá hubiese en Italia…- y prometerán menos tasas y más empleo. Las mismas proclamas de 1994, las mismas promesas que nunca respetaron ni siquiera cuando contaban con una mayoría “búlgara”.

Terminada la XVI legislatura, Italia se prepara para entrar en una campaña electoral iniciada por Berlusconi a golpe de ataques y acusaciones. Se trata de una campaña electoral corta pero intensa, y una vez finalizada, tendrá gran importancia conocer el peso electoral que obtendrá el gran centro encabezado por Monti; será útil para comprender qué tipo de condicionamiento podrá suponer al centroizquierda –en el caso de que sea la coalición ganadora- y cómo marcará el programa político del futuro Gobierno. Nos espera un mes y medio intenso y apasionante. Queda por ver si la izquierda logrará aumentar sus votos –en virtud de sus promesas de trabajo, crecimiento y equidad- o, por el contrario, se estancará dando ventaja a otras fuerzas políticas como la de Beppe Grillo o la de Antonio Ingroia, que intentarían encarnar el voto antipolítico, el del malestar. En este contexto, parece evidente el peligro de que Italia vuelva a una situación caótica en un escenario político y económico convulso: la estabilidad de Italia es fundamental para preservar y fortalecer la estabilidad de Europa.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es