5 de diciembre de 2020, 6:01:11
Cultura

VUELVE AL TEATRO TRAS 19 AÑOS


Juanjo Puigcorbé: “Hay personajes que te cambian e incluso te persiguen"


El actor Juanjo Puigcorbé vuelve a un escenario tras casi dos décadas de abstinencia teatral. Después de su época dorada del cine en los noventa, cuando no tenía tiempo de compaginar, asegura no haber recibido ofertas que le interesaran tanto como para pasarse un año y medio pegado a un personaje. Hasta ahora. El afortunado ha sido Volodia, un crítico teatral que recibe la visita del autor de la obra sobre la que se dispone a escribir en Si supiera cantar, me salvaría. El crítico, del dramaturgo Juan Mayorga, dirigida por Juan José Alfonso y en la que comparte cartel con Pere Ponce. En ese encuentro, largamente deseado y temido por ambos hombres, se enfrentan no sólo dos formas de entender el teatro, sino también dos modos de estar en la vida y, finalmente, dos hombres contra sí mismos. Por Laura Crespo


Vuelve al teatro después de casi 20 años, ¿qué sensaciones tuvo durante la primera representación?
Los nervios del estreno, que son típicos del teatro y que nunca se pierden, de hecho, con los años y con la experiencia cada es mayor esa especie de angustia. Es como si tuvieras cuarenta invitados en tu casa a cenar y tú fueras el cocinero. Esto de sentirse aparentemente desbordado se vuelve a vivir una y otra vez con cada obra, no porque hubieran pasado 19 años, sino porque es la típica sensación del estreno. El hecho es que tú convocas gente, el público, y esa gente se comporta como una masa oscura que no sólo no tiene que impedirte actuar sino que tiene que empujarte a buscar la privacidad en público. Eso es un cambio de chip con respecto al cine o al teatro y, cada vez que lo haces, sientes miedo. Nunca desaparece.

¿Qué ha pasado en estos 19 años para que sea ahora el momento de volver?
Al principio podía compaginar en Barcelona el teatro, el cine y la televisión, pero cuando estaba haciendo Lorenzaccio en el Teatro Lliure (1987) me salió una película en Madrid y me pareció un desatino el ritmo de aviones, idas y venidas. Pensé que era mejor dedicarse sólo a una cosa y no compaginarlas. En ese momento entró el cine a saco, me llamaron para hacer muchas cosas y no quedó espacio para el teatro. Cuando ya tuve más espacio, las cosas que me ofrecían de teatro comercial, que son de larga explotación, no me gustaron tanto como para estar un año y medio o más con ellas. Si me hubieran llamado de un centro dramático oficial para hacer una explotación corta, de dos o tres meses, lo hubiera hecho seguro. Pensé: ‘ya llegará un día’ y aún no ha llegado.

Pero sí ha llegado otro texto, de explotación comercial y previsiblemente de larga duración, que le ha enganchado tanto como para meterse de lleno. ¿Por qué?
Cuco (Juan José Alfonso) me llamó y me ofreció la obra del que es para mí el mejor autor de teatro que tenemos hoy en España. Mayorga es un hombre que tiene un talento y un rigor especialísimos, que está teniendo éxito no sólo en España, sino también en Europa y en América y que incluso se ha llevado al cine (En la casa, de Francoise Ozon, Concha de Oro en el Festival de San Sebastián). Creo que nuestros hijos estudiarán a Mayorga en los libros de texto. O sea que hacer este texto significaba trabajar con un texto del mejor autor contemporáneo, dirigido por un amigo y con un compañero de reparto, Pere Ponce, que es de mi misma escuela y con el que me he entendido muy bien. Intentamos que nuestros personajes mantengan esa tensión en el combate dialéctico que mantienen encima del escenario, pero nosotros nos ayudamos constantemente. Esa es la escuela que ambos conocemos. Además, se trata de una compañía privada, por lo que podemos girar y es asumible económicamente.

Siempre se habla de la situación del cine español pero, ¿y la del teatro?, ¿qué momento vive el teatro español?
Está en un momento tremendo. La subida del IVA ha sido la puntilla desastrosa que ha hecho perder un millón de espectadores. Creo que es un desastre porque si ya es difícil para el cine, para el teatro, que es más caro, tener que subir la entrada tanto es un mazazo. La tercer parte de la taquilla se va para derechos de autor e IVA; de lo que queda, un sesenta por ciento se lo queda el teatro y la compañía se lleva el cuarenta, con el que tiene que hacer publicidad, pagar a los actores y amortizar. Es un negocio muy difícil.

Pero la creatividad en España, tanto en teatro como en cine, está en lo más alto. Creo que los jóvenes de hoy de entre 25 y 35 años son la generación mejor preparada de la historia con mucha diferencia. Tienen mucho talento, mucha experiencia para lo jóvenes que son y mucha educación. Esta generación, que ya está dando sus frutos con muchos premios internacionales, está viviendo, sin embargo, el peor momento del país. Deberíamos considerar seriamente qué hemos hecho las generaciones anteriores para que cuando llega la generación más preparada le planteemos el peor futuro posible. Eso es lo peor de todo, que a industrias como la cultural, la educación o la innovación y la ciencia no se las tenga en cuenta, exponiéndolas a que queden obsoletas. Es un error tan garrafal que lo pagaremos carísimo porque es la única cosa que nos diferencia de otros países, la única que podríamos producir para diferenciarnos. Aquí sólo producimos fútbol, de momento.

¿Qué alternativas habría a la subida del IVA ante la crisis?
Se puede subir el IVA pero, como hacen en toda Europa, a un diez por ciento o al trece como mucho. Todos los países favorecen el IVA medio o reducido para proteger cosas como la cultura. Aquí, con un carpetazo, dijeron que era entretenimiento. Curiosamente, el fútbol no.


Pere Ponce y Juanjo Puigcorbé durante una escena de Si supiera cantar, me salvaría. El crítico. (Juan Pablo Tejedor)


En esta obra se mete en la piel de un crítico de teatro. ¿Es ‘el malo de la película’?
Por prejuicio se podría pensar el que crítico es el malo y el autor es el bueno, pero no es así. De entrada, se tiene que luchar contra ese prejuicio e incluso jugar con él. Mi personaje es en realidad una persona frágil, misantrópica, solitaria, que se va alejando del mundo cada vez más, pierde a los amigos y a la pareja. Se va encerrando cada vez más en ese mundo ideal del teatro hasta convertirse casi en un ermitaño. Por otra parte, el crítico no deja de ser un maestro, esa persona capaz de enseñar y transmitir con su crítica, a través de la severidad o no, lo bueno. El crítico óptimo sabe lo suficiente como para recomendar algo que está gestándose todavía y que puede llegar a ser grande.

¿Como lleva las críticas Juanjo Puigcorbé? Hace poco más de un año las críticas por su interpretación del Rey Don Juan Carlos le llevaron a una situación de tensión con ciertos medios de comunicación…
Tengo buenos amigos críticos, de toda la vida, y ése ha sido el único problema que he tenido. De hecho, no considero que eso fuera crítica, sino otra cosa que ahora, por cierto, se da mucho: grupos de presión que intentan influir hacia un lado o hacia otro. Me parece nefasto, pero así está considerado este neocapitalismo que nos invade. Los grupos de presión, que siempre son los mismos, los mismos accionistas de distintas empresas, intentan reconducir las opiniones de la gente en su beneficio. Primero se abalanzaron sobre las cosas imprescindibles como la luz o el gas y ahora van a por ese ‘dinero de bolsillo’ que tiene la gente y van a saco para que tú compres determinado disco o veas un programa concreto. Han entrado en la cultura como un elefante en una cacharrería y se ha prescindido de muchos periodistas, guionistas y directores de nombre para convertir todo en ‘becario y precario’. Conseguir que todo el mundo sea prescindible menos los directivos me parece el capitalismo más salvaje, cosa que todo el mundo ve en los bancos pero nadie sabe ver en algunas industrias culturales.

El crítico y el autor mantienen en la obra una batalla dialéctica en la que el teatro no es el único soldado. ¿Qué otros temas se abordan?
Se muestra lo que los personajes desean y buscan, su fragilidad y en el tercer acto hay un giro dramático que se parece bastante al thriller. Uno de los personajes se saca un as que tenía escondido en la manga y hace que esa relación que habían mantenido crítico y autor en la lejanía, a través de las críticas y las obras, deje de tener sentido. Los personajes cambian y ese vínculo morboso y necesario, a priori, deja de existir.


Juanjo Puigcorbé, momentos antes de la entrevista con El Imparcial. (Juan Pablo Tejedor)


Mayorga asegura que al final los personajes, a través de su encuentro con el otro, se enfrentan a sí mismos, que el interlocutor se convierte en “otro capaz de transformarte”. ¿Se ha encontrado a alguien con este poder transformador a lo largo de su carrera como actor?
Creo que algunos de los personajes que he hecho en teatro son así. El Peer Gynt de Ibsen es un personaje que, cuando era joven, me transformó de alguna manera. Tampoco sabría decir por qué unos sí y otros no, pero hay personajes que te cambian e incluso te persiguen.

En cuanto a personas, hay muchas que me han cambiado en algún sentido, pero si tengo que escoger a una diría a alguien que me ha parecido un maestro en todos los sentidos, Fabià Puigserver, creador del Teatro Lliure y renovador del Instituto del Teatro. Él estudio en Europa y trajo a Barcelona todas las ideas de fuera y algunos profesores. Creó un teatro pequeño, buscó patrocinadores, hizo una programación deliciosa y lo convirtió en uno de los teatros más importantes de la época, en el que tuve la suerte de participar. No sólo era escenógrafo, director y promotor cultural sino que era el primero que descargaba el camión si hacía falta. Él ha sido para mí como un monumento en el teatro.

Como catalán, ¿qué opina con respecto a la celebración del referéndum?
Creo, sin ninguna duda, que tiene que celebrarse la consulta popular, no sería democrático no hacerla. Y tienen que votar los ciudadanos de Cataluña. Que la Constitución diga lo que quiera. Se cambia. Lo que nunca puede ser malo es la democracia. Es más, la consulta sí que se puede hacer. Lo que la Constitución prohíbe es un referéndum del Parlamento catalán. Pero, ¿una consulta? Eso no puede prohibirlo ninguna Constitución, es absurdo. Se están removiendo muchos intereses y hay muchos miedos, algunos de ellos atávicos, desde luego, pero la situación que vivimos ahora es esta y hay que resolverla con madurez y cabeza.
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