14 de diciembre de 2019, 12:24:17
Opinion


Los recortes en los hospitales

Germán Ubillos


Durante la enfermedad y muerte de mi hermana hace ahora dos años tuve ocasión de conocer de primera mano la tensión que sufren los parientes del enfermo que se aproxima a su inexorable final, la ansiedad y angustia o depresión del propio enfermo y el desgaste enorme que sufre el doctor o la doctora que le atienden en esas últimas semanas en la planta llamada de cuidados paliativos y terminales. Como me he dedicado toda mi vida a observar, a sentir, a reflexionar y a leer, aquellos dos o tres meses fueron ciertamente muy duros, mi hermano estaba desesperado, mi hermana, la paciente, que era una santa a pesar de soportarlo todo con una entereza admirable había momentos en los que me miraba con los ojos muy abiertos como diciéndome, ¿qué va a ser de mí?, incluso a pesar de que me decía que quería ir con sus padres y los amigos de sus padres en determinados momentos cogiéndome de la mano me imploraba que quería “quedarse aquí, entre nosotros”.

Toda persona que ha padecido cáncer y ha tenido la cabeza perfecta lo ha conocido, en mi novela “Malín” defino el cáncer como “el horror”. Pues bien la doctora que la atendía era también una santa, además era muy interesante y muy profunda y yo acabé haciendo amistad con ella y claro, para no volverme loco, pues
quería mucho a mi hermana doce años más joven que yo, me puse a escribir a todo trapo que es también una forma de locura para evadirme de la realidad cuando esta resulta muy dolorosa o insoportable.

A la “doctorcita”, como la acabé llamando, la asistía una psicóloga de 36 años, pues ella además de las medicaciones hacía un “soporte emocional” más por talante que por formación pues no era psicóloga, para esto estaba la psicóloga que de esta manera y de forma conjunta hacían un abordaje interdisciplinar de la paciente que podía sufrir síntomas depresivos o ansiosos pues para el dolor físico estaba la doctora, así primaba en la atención de mi hermana la calidad y la excelencia como preconizaba y pregonaba siempre la Consejería de Sanidad.

Se trata como vemos de la peor crisis existencial que puedan tener los seres humanos a lo largo de su vida, como es la de la propia muerte o la de un ser querido.

Pues bien, a esa psicóloga de la que hablo la han echado, no la han renovado el contrato y eso que llevaba trabajando en “paliativos” desde el año 2004, primero a domicilio en la Asociación Española contra el Cáncer y luego en “agudos” antes de entrar en el Hospital en cuidados “paliativos y terminales”.

Como profesional para la doctora que atendió a mi hermana supone la pérdida de una pieza clave para el propio equipo ya que en esta especialidad como antes he dicho el desgaste emocional de los profesionales que atienden a los “terminales” es enorme y mucho mayor que en otro tipo de actividad médica; el psicólogo o psicóloga juega un papel fundamental para asegurar esa atención tan especial y diferente que necesitan esos pacientes y sus familiares. Se supone que en los próximos meses habrá muchas más rescisiones de contratos en esos mismos hospitales.

Yo solo quiero hacer hincapié aquí en el efecto trágico y devastador de determinados recortes sanitarios llevados a cabo en la Comunidad de Madrid. Los enfermos llamados terminales sufrirán más de lo que ya sufren, los parientes de esos enfermos cercanos a la muerte sufrirán mucho más aún y los médicos que les atienden en esas unidades muchas veces heroicas no podrán hacer más de lo que hacen sabiendo que se podría y de hecho se puede hacer mucho más en esas semanas, días u horas finales para esos seres humanos.

Yo no sé si los políticos se dan cuenta de esto, se supone que sus antecesores inmediatos en los cargos derrocharon a manos llenas, también se supone que muchos políticos – no todos – se han forrado personalmente y han sido unos butroneros, quizá actualmente se sigan forrando aunque sean unos pocos al margen de la ley, pero a lo que no hay derecho es que seres humanos al borde de la muerte sufran algo más cuando podían sufrir bastante menos .
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