20 de noviembre de 2019, 11:02:20
Mundo

Trágico balance del asalto terrorista en el desierto argelino


Ni negociación, ni tregua: la divisa de Argel frente al terrorismo



“Ni negociación con los terroristas, ni chantaje, ni tregua”, afirmaba ayer el ministro portavoz del Gobierno de Argel, Mohamed Said. Para el portavoz del régimen, “es una nueva prueba que golpea al pueblo argelino, pero de naturaleza diferente”. Porque se trata de “la agresión de una multinacional terrorista contra el pueblo y el Estado argelinos”.

Las Autoridades de Argelia están convencidas de que el objetivo de este ataque terrorista contra la base petrolera conjunta de la British Petroleum con Sonatrach, era “desestabilizar Argelia e implicarla directamente en la guerra que se desarrolla actualmente en Mali”. Argelia ha permitido la utilización continua de su espacio aéreo a los bombarderos franceses, pero no acepta implicarse directamente en el conflicto en el norte de Mali. “No enviaremos tropas para combatir en un país extranjero, ni cruzaremos la frontera”, es la doctrina que practica Argel desde su independencia.

Desde un comienzo la reacción de Argel ante el ataque terrorista fue priorizar la opción de la intervención militar. Unas horas después de que el comando de los yihadistas del grupo “Los firmantes por la sangre”, llegaban a la zona las Fuerzas Especiales del Ejército, los Grupos de Intervención Especial de la Direccin de Información y Seguridad DRS (los servicios secretos), y los Destacamentos de Intervención de la Gendarmería, llegaban al lugar. Toda una gama de cuerpos militares especializados en operaciones comando.

Argel ni siquiera se planteó la posibilidad de abrir negociaciones con los secuestradores con el fin de ganar tiempo y preservar la vida de las personas retenidas en la base. Es eso precisamente lo que le han reprochado los gobiernos de los países cuyos ciudadanos se encontraban entre los secuestrados. Gran Bretaña, Estados Unidos, Noruega y Japón, han criticado directamente al régimen de Argel por no haberles informado de la opción del asalto militar a la base y del inicio de las operaciones. Francia, que también tenía a cuatro de sus ciudadanos entre los secuestrados, ha sido más dúctil y el presidente François Hollande ha expresado públicamente su “confianza” en las decisiones tomadas por Argel.

La prensa argelina y los foros de las redes sociales se interrogan sobre “la precipitación” manifestada por Argel de intervenir rápidamente para solventar la situación. “Estaba en juego la credibilidad de Argelia, su capacidad para resolver por sí misma la crisis”, asegura el analista y ex coronel de los Servicios secretos argelinos, Mohamed Chafik Mesbah. “La opinión pública no había aceptado muy bien el permiso dado por las Autoridades de Argel para la utilización del espacio aéreo por la aviación de guerra francesa para bombardear en Mali, y había que mostrar rapidez y determinación asumiendo las consecuencias inevitables de pérdidas de vidas humanas”, dice Mesbah.

Sin embargo el hecho de no poner al corriente a Londres, Tokio, Washington y Paris del inicio de las operaciones castrenses contra el comando terrorista en Ain Amenas, puede tener más significados. Argel ha mantenido largo tiempo serias diferencias con todas estas capitales occidentales acerca del tratamiento a dar a los grupos terroristas. El régimen argelino ha reprochado insistentemente a muchos países occidentales el acoger a notorios terroristas, dar asilo político a exponentes del salafismo, permitir en su suelo que los más violentos predicadores del Islam radical hiciesen proselitismo. “Durante años nos han dejado solos frente al terrorismo, que se ha cobrado decenas de miles de muertos, y no es hora de venirnos a pedir que les consultemos para hacer frente a un ataque de esta envergadura dentro de nuestras fronteras”, confiesa una fuente de inteligencia a El Imparcial.

No cabe duda que entre las consecuencias políticas y económicas internacionales, y la defensa de la soberanía nacional, el Poder argelino ha optado por esto último. Porque Argel es consciente de que el tratamiento de esta crisis tendrá repercusiones en los futuros acuerdos con los países y las compañías multinacionales para la explotación de los hidrocarburos en el Sahara argelino. Y aunque Europa, España e Italia en particular, es fuertemente dependiente del gas argelino, no lo aceptarán a cualquier precio.

También habrá consecuencias políticas, sin duda. El Presidente Abdelaziz Buteflika ha estado ausente en esta crisis. No ha establecido comunicaciones con ninguno de los dirigentes occidentales concernidos por la toma de rehenes. Ha sido el Jefe de gobierno, Abdelmalek Sellal el interlocutor de Paris, Londres, Washington y Tokio. Lo que viene a confirmar que en los momentos de crisis, la toma de decisiones en Argel se hace en elseno del verdadero poder: las Fuerzas Armadas.
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