22 de septiembre de 2021, 5:08:49
Opinión


La concentración en Génova

Ricardo Ruiz de la Serna


En torno a las 19:00 del pasado viernes unas mil personas se concentraron en la calle Génova de Madrid. Decían protestar “contra la corrupción”, no se sabía quién convocaba ni se había hecho comunicación alguna a la Delegación del Gobierno. La práctica agresiva de tomar las calles sin orden ni concierto se ha ido generalizando en el último año y medio y sólo el despliegue policial impidió que los concentrados llegasen a la sede del Partido Popular. Se decía que era una concentración espontánea.

¿Espontánea?

Las revelaciones periodísticas de los días anteriores habrán servido o no de detonante pero la concentración de ayer era de todo menos espontánea. Yo tuve que pasar por allí y lo vi. No eran espontáneas ni las pancartas, ni las consignas ni la distribución de los agitadores para que la protesta no decayese. Abundaban personas con el kit básico del manifestante: pegatinas, camisetas de todas las reivindicaciones de la izquierda desde el viejo Nunca Mais hasta la “defensa de la educación pública”, pancartas… No, creo que aquello no se convocó en unas horas.

Me sorprendió el odio que destilaba la gente que vociferaba contra el PP tanto en la calle Génova como en el lateral de la sede del partido. Los gritos iban desde “hijo de puta” en adelante. Se pueden figurar ustedes el nivel de la protesta. Mucho ingenio y poca consistencia: "En los sobres está tu paga extra", "sí que había dinero, lo tenía el tesorero", y, por supuesto, "dimisión, dimisión". Algunos encapuchados, algunas latas de cerveza para no perder el aire festivo y bofetadas de olor a porro según se acercaba uno a algún grupillo.

En España hay, sin duda, un problema de corrupción entre los políticos. Llámenlos clase, casta o grupo de poder, es claro que ha habido prácticas corruptas instaladas en instituciones durante mucho, muchísimo tiempo. Desde enchufes masivos hasta saqueos de fondos públicos, desde tráfico de influencias a pago de comisiones. Sin embargo, concentraciones como las de ayer sólo se han dado contra el Partido Popular como si éste fuera responsable colectivo de todo o como si no fuese un problema que afecta a todos los partidos. No ha habido estas concentraciones contra el PSOE cuando se ha ido conociendo el gravísimo caso de los ERE ni contra Convergencia por las publicaciones sobre los Pujol ni contra Unió por la sentencia del caso Pallerols. Dejemos de lado a personajes como Mª Antonia Munar que encarnan una época en Baleares.

Esta demonización del PP, este doble rasero con la presunta corrupción de algunos, que se tolera, y la que se sospecha de otros, que se condena y desata el odio, y la deslegitimación de un partido como la que ayer pude escuchar y ver me hacen pensar que esto es una campaña hábilmente orquestada y en la que las masas desactivan cualquier posible argumento y análisis.

Una sociedad debe ser implacable con la corrupción pero lo de ayer fue una concentración para señalar enemigos del pueblo. Los insultos y el odio que ayer se destilaban contra algunas mujeres del Partido Popular –especialmente contra su Secretaria- recordaban las movilizaciones de los castristas en Cuba o los juicios populares de las purgas de Stalin.

En España, ha habido décadas de corrupción en algunos lugares. Es cierto que ha habido impunidad o condenas ridículas pero ningún partido ni gobierno tiene el triste monopolio de las corruptelas. El despilfarro, el saqueo, el enchufismo y todos estos azotes de nuestra vida pública han sido transversales. La concentración de ayer no era para pedir justicia sino para designar enemigos y concentrar el odio.

Así que de espontánea, nada.
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