9 de abril de 2020, 6:53:05
Opinion


LAS PEQUEÑAS CIFRAS DEL DESPILFARRO PÚBLICO

Luis María ANSON


Sirva solo como botón de muestra. Es el caso del cacique Baltar que ha enchufado a diestro y siniestro a sus amiguetes y paniaguados. Está contrastada una cifra reveladora del derroche del dinero público. En el Centro Cultural por él impulsado colocó a 33 bedeles para vigilar 3 puertas, es decir, 33 sueldos con su seguridad social, sus jubilaciones, sus gastos de oficina, calefacción y aire acondicionado; sus vacaciones, sus moscosos, sus canosos, sus puentes, sus ausencias por enfermedad y atenciones personales. Al contribuyente gallego le ha costado un ojo de la cara la vigilancia de esas 3 puertas.
Es lo que va, salvo excepciones, de la gestión pública a la privada. La suma de empleados de Telecinco, Antena 3, la Cuatro y la Sexta es inferior a los que sestean a la pequeña televisión autonómica de Valencia. Una parte sustancial de la crisis económica deriva del despilfarro que del dinero público ha hecho la clase política. Los 33 bedeles de Baltar para 3 puertas son solo una anécdota de lo que se ha generalizado en las Administraciones central, autonómica, provincial y municipal. La calidad de nouveau rich de muchos de nuestros políticos nos ha conducido a la desmesura y al ridículo. Unos impuestos casi confiscatorios directos e indirectos se utilizan en proporción no desdeñable para solaz de unos políticos que gastan sin tino en edificios suntuosos, viajes gratis total, incesantes gastos de representación, amén de colocar a sus parientes, amiguetes y paniaguados en puestos innecesarios que se pagan entre todos los ciudadanos. Un escándalo, en fin, que no cesa.
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