25 de enero de 2020, 7:20:18
Opinion


Lo que Obama no dijo



El National Mall de Washington era escenario este pasado lunes del acto público por el que Barack Obama tomaba posesión por última vez -la ley norteamericana sólo permite dos mandatos- como presidente de Estados Unidos. Ante un auditorio mucho menos concurrido que hace cuatro años, cuando casi dos millones de personas se congregaron para ver al primer presidente afroamericano de la historia, Obama pasó revista a los retos más importantes que deberá afrontar durante su última etapa en la Casa Blanca. Fue un discurso centrado casi por completo en clave interna, con más declaración de buenas intenciones que puntos concretos. Dichos puntos, que van desde el desencuentro con los republicanos en cuestiones económicas hasta su propuesta de restringir las armas de fuego, focalizarán los próximos meses.

Sin embargo, Obama tampoco debe descuidar algo en lo que pareció pasar de puntillas: la política exterior, con multitud de frentes abiertos. Para empezar, las elecciones en Israel este próximo martes pueden dar paso a un escenario complejo, a tenor de la atomización de partidos que compondrán la Knesset -parlamento israelí-. No debe descuidar tampoco el transcurso de los acontecimientos en la vecina Siria o las siempre difíciles relaciones con Pakistán. Y aunque sea Francia quien lleve el protagonismo en la guerra de Malí, el Sahel es una zona que merece una permanente atención. Por lo que respecta a Afganistán, da la impresión de que Obama se ha dado por vencido ante un problema casi irresoluble, y ofrece una imagen de superpotencia en fuga tan poco presentable como conveniente. Muchas vidas humanas, mucho gasto y mucho desgaste político no deben caer en saco roto sólo por las prisas de lo que es una huida en toda regla.
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