19 de enero de 2022, 0:28:09
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


L. P. Hartley: El empleado


L. P. Hartley: El empleado. Traducción de Mariano Peyrou. Pre-Textos. Valencia, 2012. 356 páginas. 28 €


“Quizá no sean estos tiempos que vivimos propicios para una historia romántica, pero sin duda lo son para dar cabida a la inteligencia y la sensibilidad ”, escribe José María Guelbenzu a propósito de El empleado (The hireling), uno de los principales títulos de la extensa obra narrativa del británico Leslie Poles Hartley (1895-1972), conocido por sus relatos breves de fantasmas y, para el público español, por la espléndida novela El mensajero (The go-between), llevada al cine por Joseph Losey en 1971, cuya frase inicial, “…el pasado es un país extranjero; allí las cosas se hacen de manera distinta”, en referencia a la impropiedad de juzgar lo que hicieron nuestros antepasados con criterios de ahora, es bien conocida y ha llegado a hacerse proverbial.

También El empleado, publicada originariamente en 1957, conoció su propia versión cinematográfica en 1973, dirigida por Alan Bridges; y como El mensajero, igualmente ganó el Gran Premio del Festival de Cannes, lo que sin duda acrecentó la fama y prestigio populares de Hartley –quien fallecería entre la realización de ambas cintas–. No obstante, pese a su creciente popularidad y al interés evidente de su narrativa, el laureado autor inglés ha sido –hasta hoy– escasamente traducido a nuestro idioma; buena oportunidad, por tanto, la que nos brinda ahora Pre-Textos para acceder a la lectura de esta sutil y perturbadora novela psicológica, lejana ya su primera traducción al español (1984) editada por Bruguera bajo el título –menos afortunado– de El alquilado.

Dentro de sus páginas, podemos observar con nitidez dos constantes de la literatura de Hartley: por un lado, la introspección, la capacidad de interpretar los pensamientos y sentimientos humanos, alternando magistralmente su narración externa con el monólogo interior y las formas intermedias; por otro, el análisis y puesta en escena del ambiente social que rodea a los personajes. Mediante un ritmo lento de relato, que en ningún momento aminora su interés, se desarrolla la trama argumental centrada en la figura de un apuesto chófer, Leadbitter, cínico y solitario ex soldado, y su equívoca relación con una joven viuda aristócrata, lady Franklin, atormentada por el recuerdo de la muerte de su marido, quien lo contrata con el único objeto, a veces, de llenar su soledad, viajando y conversando. El apoyo psicológico que el conductor le presta, inventándose historias sobre su feliz –e inexistente– cotidianeidad, con una supuesta mujer e hijos, mientras para ella suponen un inocente asidero a la vida, en el chófer irán despertando –al principio, inconscientemente– su lado más emocional, siempre contenido; y provocarán en él nostalgia y deseo de un cambio vital, con lady Franklin como eje de sus sueños.

Esperanzado ante la condescendencia de ella, Leadbitter efectuará un paso audaz para materializar sus renovados anhelos que, sin embargo, hará esfumar su intimidad con la aristócrata y conducirá la historia hacia un inesperado y dramático final. Aunque repetidamente se ha señalado la distancia social que separa a los dos protagonistas como clave del dilema moral que hace imposible la realización del amor, lo fundamental es la incomunicación de sentimientos entre el hombre y la mujer, que llevará al criado al fracaso emocional, mientras el consabido conflicto de clases constituye un elemento más –importante pero no excluyente– en la visión atormentada de las relaciones humanas. “Una vez me dijo: si hay algo que quiere decirle a alguien, dígaselo o echará su vida a perder como yo he hecho con la mía”, recordará –ya demasiado tarde– Leadbitter… Y porque lo realista y lo romántico luchan enfrentados en esta obra, su lectura resulta, tal vez, especialmente propicia en los problemáticos tiempos presentes.

Por José Miguel G. Soriano
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