22 de septiembre de 2021, 7:24:31
Los Lunes de El Imparcial

CRÍTICA


Niall Ferguson: Civilización. Occidente y el resto


Niall Ferguson: Civilización. Occidente y el resto. Traducción de Francisco J. Ramos Mena. Debate. Barcelona, 2012. 509 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 16,99 €


En una entrevista publicada recientemente en el semanario Le Nouvel Observateur con el ministro de Desarrollo francés, Pascal Canfin, y con el cantante del grupo U2 y fundador de la ONG One, Bono, este último afirmaba: “Si se pide a los occidentales a quién pertenece este siglo, os dirán: a los chinos. Preguntad a los chinos, ellos os dirán que este siglo es el de los africanos.” (“Nos combats”, Le Nouvel Observateur, 25 octubre 2012). Africanos o chinos, entre ellos parece jugarse el futuro, si nos fiamos del famoso músico y de muchas otras personas. En cualquier caso, el siglo XXI no parece que vaya a ser una nueva época occidental. Estamos viviendo, a principios de esta centuria, el ocaso de quinientos años de supremacía de Occidente. De esta manera se expresa, en el libro Civilización. Occidente y el resto, lúcidamente y sin rodeos, Niall Ferguson, profesor en Harvard y uno de los historiadores actuales más leídos e influyentes.

Para entender las razones de este declive occidental y la génesis de una nueva era oriental –el autor se inclina por Asia, no tanto por África, como Bono- resulta imprescindible reconstruir la historia de los últimos quinientos años, en los que las sociedades de Occidente, desde el Renacimiento, pero muy especialmente a partir de los siglos XVIII-XIX, dominaron el resto del mundo. Aunque a principios del siglo XV nada pudiera hacer pensar a los contemporáneos que las cosas iban a desarrollarse de esta manera –en China se construía entonces la Ciudad Prohibida y los otomanos se acercaban a Constantinopla, mientras que los europeos, en cambio, se recuperaban con dificultades de los estragos de la peste negra-, así acabó ocurriendo. Explicar y elucidar el pasado va a ayudarnos, sin duda, a entender el presente e, incluso, a formular pronósticos para el futuro. El pasado, asegura Ferguson, “resulta indispensable para comprender lo que experimentamos hoy y lo que nos espera mañana y en lo sucesivo”.

Esta aproximación a la historia se encuentra ya en la base de otras obras muy destacadas de este historiador, publicadas en los primeros años de la centuria actual y todas disponibles en traducción española: El imperio británico. Cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial> (2003), Coloso. Auge y decadencia del imperio americano> (2004), La guerra del mundo. Los conflictos del siglo XX y el declive de Occidente, 1904-1953 (2006) y El triunfo del dinero. Cómo las finanzas mueven el mundo (2008). Además de las estrechas relaciones entre pasado-presente-futuro, en los trabajos de Ferguson destacan, asimismo, otros elementos, que lo convierten en un historiador original y con muchos lectores: una buena narración, unas preguntas adecuadas, una erudición envidiable y una reconstrucción imaginativa, a la manera de R.G. Collingwood, de las experiencias de los hombres y las mujeres del pasado.

En Civilización. Occidente y el resto, que vio la luz en 2011, en inglés, y que acaba de aparecer en versión traducida en la editorial Debate, se sostiene que el auge de la civilización occidental constituyó “el fenómeno histórico más importante de la segunda mitad del segundo milenio después de Cristo”. Se trata de una simple pero clara evidencia, que desactiva cualquier acusación -tan frecuentes en nuestro mundo académico multicultural, relativista y culpabilizado- de “eurocentrismo” o anti-“orientalismo”. La superioridad occidental, por aquel entonces, era nítida: “Ninguna civilización anterior había alcanzado nunca un predominio como el que alcanzó Occidente sobre el resto del mundo.” Sostiene el autor que la clave para explicar este predominio no se encuentra, como en ocasiones se asevera, en el imperialismo, sino en las instituciones. Sin excluir, está claro, como se muestra en las páginas del libro, la debilidad fortuita de los rivales de Occidente.

Considera Ferguson que lo que realmente distinguió a Occidente del resto del mundo fueron media docena de nuevos complejos de instituciones, junto con las ideas y comportamientos que los acompañaban y fundamentaban, que pueden resumirse en los siguientes puntos: competencia, ciencia, derechos de propiedad, medicina, la sociedad de consumo y la ética del trabajo. Los ejemplos, las comparaciones y los contrastes nos llevan de uno a otro continente y de un siglo a otro. Por ejemplo, en el apartado de la competencia, esto es la descentralización de la vida política y económica, la fragmentación europea se opone a un panorama chino monocromo (hoy, en cambio, las cosas han cambiado y palabras como competencia o mercado vuelven a estar a la orden del día en China). En el caso de los derechos de propiedad, Ferguson compara la América del Norte con Latinoamérica, con clara ventaja para la primera a nivel de imperio de la ley y gobiernos representativos. En ocasiones, algunas afirmaciones del autor merecerían más matices, pero la reflexión global prima sobre los detalles.

Cada uno de los seis elementos más arriba citados da lugar a un extenso capítulo del libro, a los que debemos añadir unas muy interesantes introducción y conclusiones –sin olvidar el prefacio a la edición británica, que merece ser leído con gran atención. Niall Ferguson ha escrito, en definitiva, un libro muy interesante y de amena y agradable lectura. Sus recomendaciones finales no deberían caer en saco roto. El fatalismo de Occidente no es una buena reacción ante la situación presente. Nuestra civilización, con sus éxitos y errores, buenas cosas y otras sinceramente condenables, todavía tiene mucho para ofrecer al mundo. La principal amenaza es hoy, sin ningún lugar a dudas, nuestra propia pérdida de fe en ella.

Por Jordi Canal

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