24 de septiembre de 2021, 5:25:39
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Petros Markaris: Liquidación final


Petros Markaris: Liquidación final. Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu. Tusquets. Barcelona, 2012. 352 páginas. 19 €


La novela policiaca nació a partir de pocos mimbres. Para construir una figura sólida se requería una trama elaborada. El autor contaba con un asesino, normalmente un tipo taimado, algunas veces - no siempre, el primer asesino del género fue un mono- con una altura intelectual similar a la de su perseguidor, por lo general un detective dotado de un raciocinio poderoso en el que la historia de la literatura ha querido ver un reflejo de la renacida confianza en la capacidad del ser humano, un arma terrible esta, que se preparaba para desafiar a los dioses. Luego se fueron añadiendo hilos nuevos. Hammett devolvió el crimen a la calle, en palabras de Chandler, y añadió el colorido de los barrios y la oscuridad de los callejones. Chandler revistió al detective de la dignidad de la derrota.

Hammett y Chandler hicieron del género policiaco un género social y muchos otros siguieron su camino. La denuncia social en estas novelas podía ser más o menos explícita. Algunas veces era casi una consecuencia inevitable, cuando se ambientaba el relato en un mundo en el que matar o morir acaban convirtiéndose en cuestiones urgentes para los personajes. Otras veces el tema era presentado de forma explícita por el autor, e incluso podía llegar a deducirse alguna tesis de fondo.

El comisario Kostas Jaritos es ya uno de los personajes más reconocibles de la novela negra europea. Quizás el que más, si exceptuamos los fenómenos suecos de los últimos años. Liquidación final es la séptima novela del personaje y la segunda de la que se ha llamado Trilogía de la crisis, dada la especial relevancia que la triste actualidad económica de Grecia ha cobrado en ellas.

¿Se puede escribir sobre la Grecia de hoy sin hablar de la crisis? ¿Se puede situar una acción en la Grecia -o en la España, ya puestos- de los últimos cuatro años sin hacer alguna alusión a la situación económica. Creo que todos sabemos la respuesta. Baje usted al bar de la esquina e intente mantener una conversación de más de cinco minutos sin que salga a relucir la cuestión.

Pero Liquidación final no es una novela sobre la crisis solo por accidente. Es un ejercicio consciente de reflexión sobre la crisis. El comisario Kostas Jaritos se ve aquí en la obligación de capturar a un asesino autodenominado el Recaudador Nacional. Un enemigo que se dedica a asesinar a defraudadores de impuestos y que se ha convertido en un héroe para los conciudadanos de nuestro comisario. El Recaudador Nacional consigue mediante la violencia lo que no ha podido -o no ha querido- hacer el gobierno griego con sus sucesivas reformas legislativas. El comisario Kostas no duda de su deber como policía, pero, al mismo tiempo, es consciente, quizás más que nunca, de que su trabajo como policía y su persecución del Recaudador ayuda a preservar un orden injusto, corrupto e incluso cruel.

Márkaris es perro viejo. Es además un baqueteado guionista y eso se nota. Sabe equilibrar la estructura, diseminar elementos en la trama para recogerlos cuando le resulten convenientes y reforzar la cohesión de la trama. Sin embargo, es difícil escapar a la impresión de que, en esta ocasión, ha ido un paso más allá de lo que fueron Hammett y Chandler y en ocasiones se ha salido de la raya. Aquí no es ya que el crimen haya vuelto a la calle. Es que la calle cobra todo el protagonismo y el crimen interesa poco.

En Liquidación final podemos hablar de dos tramas. Como Márkaris es un narrador avezado las dos tramas no se separan con nitidez, sino que aparecen entrelazadas, pero están ahí. Una corresponde al Recaudador Nacional y es la trama que sigue a una idea feliz: la posibilidad de un asesino en serie que pueda ser al mismo tiempo campeón del orgullo nacional en la enervante batalla de la crisis, la corrupción y los desfalcos. La otra trama es la de la situación familiar de Kostas, la de cómo el comisario se ve afectado personalmente por la crisis. Entre las dos historias la crisis en el resto de Grecia actúa como aglutinante.

Cuando trata esta segunda trama, a Markaris se le nota feliz. Da la impresión de que la de la crisis es la historia que de verdad le interesa contar. Tenemos más información de su mujer y de su hija, a pesar de que son personajes que ya eran conocidos de entregas anteriores, que del asesino. La historia del Recaudador, en cambio, avanza con dificultad. Después del entusiasmo inicial se empantana en algunas secuencias no del todo verosímiles -los personajes políticos, en particular, resultan bastante acartonados- y se resuelve con cierta precipitación. Quizás Liquidación final no estaba destinada a ser la historia de un comisario, sino, simplemente, la de un padre. El amor al género le ha dado mucho a Márkaris -y a nosotros- pero el género también exige sus tributos y aquí Márkaris esta vez ha racaneado demasiado.

Por Miguel Carreira
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