22 de octubre de 2019, 23:55:11

COSAS VEREDES


Los Goya o el linchamiento de Wert



Qué suerte tenemos de vivir en un país en el que la libertad de expresión permite a cada uno decir lo que piensa sin ser castigado por ello a la cárcel, al exilio o a la muerte. Ojalá no tengamos que vivir nunca días de silencio impuesto y de miedo. Pero una cosa es opinar a favor o en contra de un Gobierno, una situación o unas medidas y otra muy distinta caer en la mala educación. Y me causa pena y estupor que el protagonista de la noche de este domingo, el cine español, le haya cedido el puesto o, mejor, que se lo hayan arrebatado en favor de la reivindicación.

He sido siempre una gran defensora de la industria cinematográfica española y de su fiesta anual, la gala de entrega de los Premios Goya que, en mi humilde opinión, considero que debería tratar de acercar al público el excelente trabajo de un sector profesional tradicionalmente mal visto en nuestro país. Si no, que levante la mano el que jamás haya escuchado en su entorno un comentario parecido de algún amigo o conocido en la cola del cine o en una cena entre amigos: “Yo es que no veo cine español”, como si los que lo disfrutamos y lo decimos sin tapujos padeciéramos algún tipo de enfermedad venérea de la que tuviéramos que avergonzarnos. Y luego, esos mismos son los que comentan con orgullo escenas y diálogos de obras maestras de la talla de Dos tontos muy tontos o Los pingüinos del Sr. Poper. Vamos, un cine de una calidad pasmosa. Pero como son pelis americanas... Y, claro, se te queda tal cara de acelga que piensas que no te va a merecer la pena el esfuerzo que te va a costar intentar rebajar las capas y capas de prejuicios heredados probablemente con escaso o nulo éxito, así que te callas y compras una entrada (una sola) para Blancanieves o Grupo 7 y la disfrutas con tus palomitas y tu Coca Cola.

En este contexto, las galas de los Goya deberían ser un escaparate para mostrar a los españoles cómo se valora nuestra industria cinematográfica en el exterior, donde sí son conscientes de que tenemos magníficos actores y actrices, directores, productores, etc. También podría hacerse énfasis, como ocurrió en la gala del pasado año, en el desastre que supone la piratería para miles de familias que viven del cine. Hay que concienciar al público de que por cada producto: unos zapatos, un café, un periódico o una película, hay que pagar para que quienes se encargan de producirlo puedan, a su vez, comer. Y no se ha conseguido, de momento, así que la gala me parece un buen escenario para insistir en esa línea aunque sea de forma machacona. Pero lo que ocurrió este domingo en el Auditorio Príncipe Felipe fue muy distinto.

El runrún circulaba ya por Internet desde hacía días y se alentaba a los protagonistas de la noche a aprovechar su momento de gloria para protestar por los recortes del Gobierno de Rajoy, por resumir mucho la historia. Y el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, lo sabía. Decía Maribel Verdú en la alfombra roja que no iba a ser una noche fácil para el ministro. Todos eran conscientes de ello. Él, también. Y eligió acudir y aguantar la lluvia de desplantes. Sólo por eso me quito el sombrero y le aplaudo.

Eva Hache abrió fuego nada más pisar el escenario y su actuación a lo largo de la noche fue, en realidad, una crítica constante: Sanidad, Educación, familia real, subida del IVA, corrupción… Ridiculizó a Wert, a quien felicitó ante los presentes (y el pobre ministro sonreía), para aclarar a continuación que era por su cumpleaños, “por lo otro, no”, añadió. Y también le preguntó: “¿qué tal la familia? No es una amenaza, ¿eh?”. Y Wert aguantó el tipo de forma elegante, sin una mala cara.

La industria del cine (¿y cuál no?), está sufriendo el azote de la crisis económica y de las medidas adoptadas por el Gobierno para tratar de cuadrar las cuentas a base de sacrificios. Me parece bien que aprovechen una cita tan importante para expresar su malestar, pero para eso está el discurso del presidente de la Academia y, como mucho, un par de bromas o tres de la presentadora de la gala. El resto fue excesivo. Y también cobarde. Un todos contra uno. Estoy segura de que a solas en un despacho ministerial o incluso en la mesa de un buen restaurante mano a mano con Wert muchos hubieran matizado y seguramente modificado su speech. No me parece bien el linchamiento gratuito. Si abandonamos el fair play y las buenas formas, el respeto, la educación, entonces es cuestión de tiempo que esto nos estalle en la cara. El ambiente está crispado, se palpa en cada oficina, en cada casa. ¿De verdad queremos desbocar toda esa tensión? Rebajemos el tono y suavicemos las formas. Los problemas serán los mismos pero seguro que nos entendemos todos un poco mejor.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.elimparcial.es