6 de diciembre de 2019, 17:51:36

TRIBUNA


Nacionalista y socialista: La definición política del PSC



Sumen ustedes y tendrán buena cuenta de lo que hoy es el Partido Socialista de Cataluña. Sin personalidad, seguidor de Artur Mas a quien han resucitado como a Lázaro (Juan 11:1-43) ya que estaba muerto y sepultado y olía mal, pero llegó Pere Navarro y lo revivió. Navarro es como las cenizas de Mas, nada más. Sin personalidad, contradictorio, este hombre y su partido, que conocieron tiempos mejores, han acabado subyugados y abducidos por los nacionalistas, quienes son los que verdaderamente les mandan. Así les va. Porque una buena parte de los socialistas, por cierto muchos de ellos procedentes de toda España (Navarro no parece apellido de la barretina) se sienten, con naturalidad, de su pueblo, de Cataluña, de España y de Europa, como está siendo común en países con una evolución normalizada, en transición suave y continua, sin el corte de una marcha atrás totalmente anacrónica y, por supuesto, dolorosa, al suponer una ruptura de un país que como poco tiene 500 años, por mucho que en la declaración del Parlament de enero se quiera obviar ese dato y se apoye la curiosa teoría de que en la Monarquía Hispánica, Cataluña era ya independiente de facto. Un poco de historia llevaría a cualquier observador imparcial que hiciera comparación con cualquier otro país a comprobar la solemne tontería de semejante declaración parlamentaria.

Pero volvamos al PSC. Cautivo y desarmado ideológicamente, se ha entregado a fuerzas que nada tienen que ver con el socialismo. Está fascinado y sometido a CiU, anteriormente un partido catalanista y hoy ya simplemente rupturista, el cual, a su vez, está sometido a Esquerra. Es una cadena de sometimientos, muy propia de situaciones revolucionarias, en las que el más radical puede y arrastra a todos los demás que no sean capaces de mantenerse fieles a su personalidad y por tanto a su identidad. Hoy, daría igual votar al PSC que a CiU, y para eso, quienes quieren romper el país entero, votan a Esquerra para así constituir un fragmento de Estado, pequeñito, tendente a someterse a otros dentro de un hinterland, y que mirándose al ombligo les da igual incluso empobrecerse con tal de seguir ombligueándose.

Nada es eterno y los Estados no lo son. Éste es el error fundamental de cualquier nacionalista. Pensar que dentro de un milenio Cataluña seguirá siendo un ¿Estado?, puede ser una broma tan macabra como para reírse de quienes así destrocen su vida y la de los demás. Tampoco existirá España (ni Francia, ni Brasil, ni Nueva Granada…) todo fluye, todo cambia. El proceso de grandes bloques mundiales, con tendencia imparable a un mundo global, lleva de momento a grandes uniones por regiones mundiales (Unión Europea, Iberoamérica, China con adláteres….) y el individuo, el ciudadano tiende a entender cada vez más que su pueblo es eso, un pueblito y que conviene estar en todo el mundo. Exactamente lo contrario de lo que está pasando aquí por obra y gracia de los nacionalistas, empeñados en viajar a la Edad Antigua o como mucho a la Baja Edad Media.

El PSC, se ha equivocado de medio a medio. Al carecer de líder y tener una veleta por gestor, apunta a donde sopla el viento que le lleva a donde quiere. Y el viento que sopla es el de Mas y sus jefes de Esquerra. Desde luego conozco a muchos socialistas en Barcelona que están partidos en dos, al quitarles sus jefes sus referencias familiares en muchos casos, y en todos, su personalidad, su característica internacional — genuino referente, no el nacionalista de aldea y caserío- capaces de entender lo que pasa fuera de su masía.

Por su parte, el PSOE no debe ni puede echar en saco roto esta ruptura en un tema, además, esencial, fundamental. Navarro se ha burlado por completo del PSOE, le ha hecho hacer el ridículo, perder más votos si cabe, y todo ello en un contexto en que se necesita a un gran partido socialista.

El PSOE,- esperemos no tiren la E — es y debe ser un gran partido, además de un partido grande. Es uno de los dos ejes con los que funcionamos políticamente. Y debe recuperar su contenido de izquierda socialdemócrata internacionalista, que parte siempre de un país sin fragmentos ni fracturas, y que va camino de integraciones más amplias, como hizo en su momento Felipe González al ingresar en la Unión Europea, como una política esencial de su partido.

La traición de Navarro, feliz en su devoción a Mas y Junqueras, la pagará lamentablemente el PSOE entero y con ellos, toda España. Cuando se produzca el desafío fundamental a nuestra unidad y nuestra identidad como país por parte de Mas, el PSOE debe estar preparado. Y debe tender puentes y llegar si es necesario a un Gobierno de Concentración con el Partido Popular para convocar a todos los españoles, único sujeto como pueblo titular y ejerciente de la soberanía, para decidir, para ejercer el derecho a decidir. Ese es un derecho que fue decidido ya en la Constitución, que en sus aspectos esenciales no ha cambiado en ningún país (hay decenas de reformas constitucionales, pero la de romperse es algo que no existe en ninguna Constitución). Y quizás, entonces, tenga que presidir ese Gobierno, que tendría como misión convocar en referéndum a todo el pueblo español para decidir colectivamente sobre nuestro destino común, digo, quizás tuviera que presidirlo , durante el breve tiempo que lleve un proceso así, algún gran político. Y probablemente tendría que ser de la izquierda, por muchas razones. A lo mejor, tendría que ser alguien que fuera capaz de convocarnos a todos a esa tarea común. Alguien, como Felipe González. Y ello supone que el PSOE tiene que dejar claro al PSC que no es una multita la que habría que poner, sin construir un verdadero partido socialista dentro de Cataluña. Tarea dificilísima ahora, desde luego, ya que Chacón para contentar a todos no se ha contentado ni a sí misma, con lo cual hoy no tendría aceptación su pasividad e indiferencia para construir un liderazgo general y común (creo que ha perdido su oportunidad, mucho más seria si se hubiera atrevido a pactar con los líderes del PSOE y votar con un NO rotundo a la cuchillada de ayer del PSC).

En fin, el socialismo está como los personajes de Pirandello, a la busca de autor, a la busca de su personalidad. Y mientras no la encuentren, ellos de hundirán como ya se están hundiendo, pero el grave problema es que nos ahogarán también a todos los demás. El socialismo tiene que volver a ser socialismo, moderno y socialdemócrata en el fondo, pero desde luego nada de socialismo nacional que eso, como dijo Alfonso Guerra, es lo mismo que si lo leemos del reverso: nacional socialismo.
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