29 de marzo de 2020, 5:05:52
Opinion


España encauza su rumbo exterior



El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, comparecía ayer tras el Consejo de Ministros para dar cuenta del anteproyecto de Ley de Acción Exterior y del Servicio Exterior del Estado. Esta ley, en palabras del propio ministro, pretende que “la diplomacia del siglo XXI deje de trabajar con parámetros del XIX”, aunque va más allá. Margallo daba cifras escandalosas acerca de las comunidades autónomas: mantienen abiertas 166 oficinas en el exterior, 25 de ellas “embajadas”.

Pero es aún peor otra cifra según la cual, el ministro afirmaba desconocer el número exacto de personas que trabajan al servicio de exteriores -sean funcionarios o no- y el de edificios que los albergan. Margallo verbalizaba ayer algo que ya se intuía tras la calamitosa gestión de Miguel Angel Moratinos al frente de Exteriores en tiempos de Zapatero, y es el tremendo descontrol existente en su negociado. Margallo, que aparte de tener una dilatada experiencia internacional es una de las personas mejor preparadas del PP en materia económica, ha decidido tomar medidas. Porque no se trata sólo de optimizar recursos, sino de saber con certeza en qué consisten esos recursos, humanos y materiales.

Y el lo que respecta a las comunidades autónomas, el ejemplo del ministro no pudo ser más atinado: “deberán elegir entre cerrar hospitales o embajadas cuya labor bien puede llevarla a cabo la legación diplomática nacional”. Al dejar en manos de los respectivos gobiernos autónomos la facultad de prescindir de sus “embajadas” o seguir manteniéndolas, podrá verse cuáles de ellos optan por la sensatez o por el absurdo que había hasta ahora.
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