2 de agosto de 2021, 6:57:24

AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL


Entramado diplomático del conflicto en Siria



Para el común de los mortales no hay nada más desconcertante -cuando no resulta moralmente condenable- que observar el comportamiento de las potencias intervinientes en un conflicto armado interno, como el que asola la república de Siria desde hace dos años.

El común de los mortales, empero, no posee otros datos que los subrayados por algún titular de prensa, o localizados en “refritos” extraídos de las redes sociales. No tendría, en puridad, por qué conocer más del asunto; aunque la lógica deductiva podría invitarle a pensar que, si las maniobras diplomáticas de Estados Unidos y los países árabes del club petrodólar son favorables a las milicias rebeldes que se oponen al régimen de Assad, sin embargo, Rusia e Irán son dos contrapesos de calibre que apoyan al gobierno de Damasco.

En cuanto un conflicto armado interno estalla -ayer en los Balcanes, hoy en Mali y Siria-, las potencias exteriores se posicionan en función de intereses cruzados y de cálculos ajustados. Es exactamente en el terreno de la power politics donde procede situar las intervenciones de apoyo a los dos, o más, bandos enfrentados en lo que se suele denominar guerra civil.

En torno a Siria, se ha desencadenado últimamente una serie de encuentros diplomáticos no exentos de relevancia. Desde que se forjó la coalición de rebeldes (revolucionarios) y de fuerzas de la oposición sirias en 2012, se ha ido abriendo en su seno una doble vía: la civil y diplomática, que lidera Moaz al-Jatib; y la militar y bélica, encabezada por el general Salim Idris. Mientras que Al-Jatib comienza a contemplar la posibilidad de una negociación con el gobierno de Siria para facilitar la transición hacia la etapa post bellum, Salim Idris, por el contrario, no ceja en su petición -a Washington y Riad- de obtener una ayuda financiera y armamentista para las fuerzas rebeldes alzadas contra el régimen de Assad. Primero en El Cairo y luego en Roma (22 y 28 de febrero respectivamente), se ha accedido a la operación de reforzamiento financiero de la retaguardia antigubernamental siria mediante la adjudicación de 60 millones de dólares, pero no más. Recordemos que en anteriores operaciones de apoyo a la causa, la coalición rebelde recibió cerca de 400 millones de dólares para paliar los estragos causados en la población civil por los bombardeos del ejército gubernamental en ciudades como Homs, Alepo, e incluso Damasco.

No ya John Kerry, ni Chuck Hagel, nuevos secretarios de Estado y de Defensa, respectivamente, del gabinete Obama, sino algunos sectores menos belicistas dentro del Pentágono, mantienen el principio de una solidaridad “comedida” hacia la causa antigubernamental siria. El temor a que en el fragor de la convulsión interna que asola la república árabe de turno, las milicias de perfil islamista (Frente Al-Nusra) puedan engrosar el contingente de su armamento de cara al futuro, frena la financiación exterior (euro-americana y saudí) de los antigubernamentales sirios.

El núcleo duro del régimen de Assad no se olvida, por su parte, de jugar la carta rusa -de tanto peso en la balanza diplomática de las potencias-. A esa apuesta obedece la reciente visita a Moscú del ministro de Exteriores sirio, que ha hecho llegar a su homólogo, Sergei V. Lavrov, la “sincera voluntad pacifista” del presidente Assad y de su diplomacia en ejercicio repentino para negociar con la coalición de rebeldes (revolucionarios) y fuerzas de la oposición al Régimen. La entrevista al presidente que acaba de dar a conocer The Sunday Times (3 de marzo de 2013) ratifica la cautelosa apertura a la negociación que empieza a emitir Damasco.

No parece que Moscú se haya rendido beatamente al mensaje del ministro sirio de Exteriores, Walid al-Moallem, aunque no se descarte en Rusia la posibilidad de alcanzar un arreglo entre las partes sirias en liza. A corsario, corsario y medio. De otro lado, no parece que tampoco Teherán descarte esta remota posibilidad, calificable -si tuviera lugar- de diplomacia in extremis por parte del núcleo duro del régimen sirio, llegada la hora de abrirse paso el apoyo comedido a la coalición que lidera Moaz al-Jatib. Este, según se comenta en círculos mediáticos informados, no es ajeno a la voluntad de entendimiento entre el gobierno y la oposición, que parece haber emprendido el magnate Mohamed Hamsho desde una antesala próxima a la presidencia de Assad.
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