12 de diciembre de 2019, 10:23:58
Opinion


¿Usa y abusa Montoro de la información privilegiada?

Javier Cámara


Mucho se criticó al ahora líder de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba cuando en sus labores de ministro del Interior y a cuenta de la legalidad o no de Sitel, al tiempo que se hablaba del "chivatazo" a ETA en el bar Faisán, amenazó al ‘popular’ Carlos Floriano con aquella ya famosa frase de "veo todo lo que hacéis y escucho todo lo que decís". De él se llegó a decir en el PP que estaba "ensoberbecido" con todo el poder que llegó a acumular como responsable de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado además de tener un importante peso en el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Si no es la chulería propia del que juega con las cartas marcadas, sí resulta obvia la soberbia del que se sabe en poder de un conocimiento que le viene dado única y exclusivamente por el cargo que desempeña. Parece evidente al menos el abuso de poder de alguien que por su puesto institucional dispone de los medios para señalar con el dedo a otros que no tienen acceso a esa información.

Pues bien, esta vigilancia personal, este control de movimientos y este registro de conversaciones en el ámbito privado al amparo de la seguridad del Estado tienen su equivalencia en la supervisión de movimientos económicos, cuentas, declaraciones del IRPF o el pago de impuestos varios a favor de una eficiente lucha contra el fraude. Es decir, lo que hacía Rubalcaba entonces se parece mucho a lo que hace ahora el ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, incluido el tono amenazante en gran parte de su discurso.

El ministro lleva unos meses buscando la forma de ajustar la ley vigente con el objetivo de publicar una lista con los mayores defraudadores y morosos a la Hacienda Pública, pero todavía no lo ha conseguido y su lenguaje se ha convertido en una continua mezcla de lamento por las trampas que hacemos al pagar impuestos y de clara amenaza hacia el sector o gremio o colectivo que ese día tenga en la agenda.

No es de recibo que el máximo responsable de las cuentas con el fisco vaya un día al Congreso y otro a los medios de comunicación para insinuar, sembrando toda clase de sospechas y dudas, que hay muchos ciudadanos y actores y grupos políticos y diputados y medios de comunicación y creadores de opinión que no pagan sus impuestos. Es verdad que por ley no puede personalizar su denuncia, pero el uso y abuso de esa información privilegiada hace que se crucen apuestas sobre quién será el siguiente en la lista de amenazados.

Montoro no amenaza directamente, pero lo parece y no debería ir mirando de reojo a quien ese día le apetezca porque mete en el mismo saco a personas que nada tienen que ver con dineros negros, cuentas en Suiza o impago de impuestos. Todo el mundo sabe ya que debe cumplir con sus obligaciones tributarias y todo el mundo sabe también que siempre habrá quien se salte la ley.

El ministro tiene que limitarse a hacer su trabajo, que no es empresa fácil, y perseguir con todos los medios a su alcance al que defrauda. Y si no puede dirigir su denuncia sobre una persona o partido político o empresa o medio de comunicación debería callarse porque pone en la picota a más inocentes que culpables.

Tiene razón Rubalcaba cuando asegura que "el que se mete con el ministro recibe una amenaza", pero no deja de ser curioso que sea él quien lo apunte. Y es más sorprendente que el líder del PSOE se lamente de que "cuando un ministro responde con amenazas está demostrando que no tiene capacidad, que tiene que irse". Se podrían aplicar el cuento… todos.
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