17 de noviembre de 2019, 18:48:30
Cultura

Crítica de ópera


Joyce DiDonato, reina indiscutible en el Teatro Real


Joyce Di Donato ha ofrecido este viernes un extraordinario concierto dentro del ciclo Las Noches del Real, que forma parte asimismo de la gira promocional del disco “Drama Queens”, en el que se recogen arias de óperas del barroco protagonizadas por las “reinas del melodrama” y que ha realizado en colaboración con el musicólogo Alan Curtis.


La mezzosoprano estadounidense ha rendido un esplendido homenaje a las reinas del melodrama, metiéndose dentro de su desgarrada piel con su virtuosismo vocal, sobre un escenario que ya ha visitado en diversas ocasiones. Lo recordaba ella misma en las palabras que ha querido dirigir al público al finalizar el concierto, pidiendo disculpas por tener que hacerlo en italiano y no en español. “Es una enorme alegría volver a esta casa. La última vez que vine interpreté a un muchacho y ahora prefiero regresar como una reina y acompañada de esta orquesta llena de músicos extraordinarios”, ha asegurado la gran mezzosoprano para deleite de los espectadores que admiraban a la indiscutible reina de la noche.

Enfundada en un majestuoso vestido encorsetado creación de Vivienne Westwood, que la artista ha elegido tanto para la gira como para el libreto del álbum, Joyce DiDonato parecía, efectivamente, una poderosa reina del barroco envuelta en sinuosa seda escarlata. Y su porte, su enorme capacidad teatral, durante todo el recital era igualmente regio, lleno de esa pasión que desprende a la hora de interpretar a las heroínas que fueron reinas o princesas, sí, pero también mujeres.

Con su asombrosa voz en plenitud y acompañada de Il Complesso Barroco, una de las más aclamadas agrupaciones especializadas en el repertorio prerromántico, DiDonato deslumbraba ya desde la primera de las arias incluidas en el programa de la velada, “Intorno all’idol mio”, de la ópera “Orontea”, del compositor Antonio Cesti, a la que seguía la Sinfonía “Tolomeo ed Alessandro”, de Domenico Scarlatti. Fue después de las dos piezas siguientes, “Disprezzata Regina” perteneciente a la ópera “L’incoronazione di Poppea” de Claudio Monteverdi y “Sposa son disprezzata”, del compositor Geminiano Giacomelli, cuando se escuchaban las primeras exclamaciones de “brava” acompañadas de fervorosos aplausos, que presagiaban otra noche más – después del delirio provocado por Edita Gruverova con su papel de la reina Isabel I de Inglaterra en las dos únicas funciones de Roberto Deveraux esta misma semana – de público puesto en pie en el coliseo madrileño para ovacionar a la “reina”. Sólo que en el caso de DiDonato no sólo era una, sino varias.

PIE DE FOTOLlegó entonces el momento para que el director y violinista Dmitry Sinkovsky tomará el protagonismo, con permiso de la reina. Junto a los demás músicos de la agrupación fundada en Ámsterdam por Alan Curtis en 1979, el violinista ruso interpretó con gran intensidad y belleza el Concierto para violín RV 242, “Per Pisendel” de Vivaldi, merecidamente ovacionado por un público cada vez más entregado ya no sólo a la mezzosoprano. El aria “Da torbida procela”, de la ópera Berenice, compuesta por Giuseppe Maria Orlandini, servía para que la carismática artista, ganadora en 2012 del Grammy como Mejor Solista Vocal en Música Clásica y estrella del Metropolitan de Nueva York, diera por finalizada la primera parte del programa de la Quinta Noche del Real.

Durante la segunda parte, las arias de la ópera Giulio Cesare, “Piangerò la sorte mia”, del compositor Georg Friedrich Händel, y de la obra de Giovanni Porta “Ifigenia in Aulide”, “Madre diletta, aiutami” - de una delicadeza que la poderosa voz de DiDonato parecía acariciar -, provocaron que las aclamaciones de “brava” se convirtieran en las de “bravissima”, a la vez que daban paso a la interpretación del Ballet de Armide de Gluck por parte de la exquisita orquesta y, casi dos horas después, a la última de las arias previstas en el programa, “Brilla nell’alma”, correspondiente a la ópera “Alessandro” compuesta, asimismo, por Händel. Aunque, por supuesto, quedaban las indispensables “propinas”, con las que una exultante DiDonato se mostró generosa, a pesar de que se alargaba el recital en media hora más y que después le esperaban los espectadores que habían comprado el nuevo CD (Drama Queens, Virgin Classics) para que se lo firmara.

Joyce DiDonato quiso obsequiar, de manera especial, con un aria con la que afirmó sentirse siempre conmovida y que llegó a interpretar dos veces con lágrimas asomando a sus ojos, mientras sostenía, como si se tratara de un elemento de atrezo, el enorme ramo de flores que le habían entregado al final del concierto. El citado aria, “Lasciami piengere e poi morir”, perteneciente a la ópera “Fredegunda” del prolífico compositor alemán Reinhard Keiser, es, explicó la cantante, una de esas maravillosas piezas tristemente olvidadas durante mucho tiempo y que trabajos como el que la prestigiosa mezzosoprano norteamericana acaba de presentar en Madrid pretenden rescatar. Son la bella y desgarradora expresión artística de las intensas emociones que experimentaron mujeres como Berenice, Ottavia, Irene, Ifigenia, Cleopatra y Rossane, a causa del amor o del desamor, esas potentes reinas del melodrama de los siglos XVII y XVIII, que sólo en las óperas podían desnudar por completo su corazón.

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