24 de septiembre de 2021, 6:05:10
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Luis Landero: Absolución


Luis Landero: Absolución. Tusquets. Barcelona, 2012. 320 páginas. 19 €


La aparición en 1989 de Juegos de la edad tardía, del escritor extremeño Luis Landero, supuso el descubrimiento de un autor que poseía un muy sugerente mundo propio expresado mediante un estilo que se alejaba del tópico y la endeblez. A esa novela, que obtuvo el Premio de la Crítica y el Nacional de Literatura, le siguieron otras –Caballeros de fortuna (1994); El mágico aprendiz (1998); El guitarrista (2002); Hoy, Júpiter (2007) y Retrato de un hombre inmaduro (2009)- en las que Landero fue asentando ese universo personal. Así, hoy publica Absolución, título que da cabal cuenta de la madurez literaria de su autor y del completo dominio de su cosmovisión y de todos sus recursos narrativos.

“¿Será posible que, al fin, hayas logrado ser feliz?, piensa mientras se afeita y observa en el espejo su cara radiante de felicidad”. Esta pregunta es la que se formula Lino, protagonista de Absolución, al comienzo de la obra y, en buena medida, ésta es la respuesta a un interrogante que todo ser humano se ha planteado. Lino, ya cumplidos los treinta años, tiene a sus espaldas una vida complicada, aguijoneado por una constante insatisfacción interior que no le permitía el menor reposo ni sosiego: “Cómo estarse quieto en un sitio, cómo escapar a la tentación de ponerse en marcha hacia cualquier otra parte, de convertir la vida en una fuga interminable, como ciertos héroes del cine con los que tanto se identificaba y que parecían condenados a vagar por el mundo como ánimas en pena”. Tiene la impresión, sin embargo, de que ha logrado alcanzar cierta estabilidad y se le avecina un futuro tranquilo. Va a casarse a Clara y este giro le lleva a rememorar su pasado, en el que vamos conociendo las aventuras que le han sucedido, solventadas con mayor o menor fortuna. Pero, a pesar de que parece el comienzo de una nueva y feliz etapa, le asaltan negros presagios. Porque, claro está, la vida es “rara, arbitraria e inhóspita” y “vivir suponía una lotería y todos estaban al albur del destino”.

Luis Landero, que ha dado también a la imprenta notables ensayos como Entre líneas: el cuento o la vida, lleva a cabo una literatura donde grandes y eternas cuestiones de raigambre filosófica, en este caso especialmente esa búsqueda de una felicidad -¿posible?, ¿imposible?-, entrelazada con el peso de la culpa y su correlato, la absolución, se vierten, sin solemnidad, a través de historias plenas de savia vital e imaginación, donde “el afán”, motor del universo de Landero (recuérdese la interpelación de Gregorio a su abuelo en Juegos de la edad tardía: “-¿Qué es el afán, abuelo? –preguntó Gregorio. -El afán es el deseo de ser un gran hombre y de hacer grandes cosas, y la pena y la gloria que todo eso produce”) alcanza categoría simbólica. Y donde el doloroso y largo trecho que separa la prosaica realidad frente al deseo y los ideales se hace carne mortal en inolvidables personajes con un punto de excentricidad, traspasados de impronta quijotesca. Como ha explicado en varias ocasiones el propio Landero el personaje le parece fundamental, incluso más que la trama. Inolvidable, así, era aquel Gregorio Olías de su primera novela y lo es este Lino de la última, con el que compartimos peripecias, alegrías y penas, sueños, fracasos y triunfos -siempre fugaces. Es la vida, señor hidalgo.

Por Carmen R. Santos
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