12 de diciembre de 2019, 18:25:25
Los Lunes de El Imparcial

RESEÑA


Margaret Thatcher: Los años de Downing Street


Margaret Thatcher: Los años de Downing Street. Varios traductores. Aguilar. Madrid, 2012. 788 páginas. 22 €


La autobiografía de Margaret Thatcher es un libro de inmenso valor histórico y politológico. La estructura de la obra es muy apropiada: capítulos breves (28) vertebrados alrededor de un asunto central (Malvinas, sindicatos, crisis económica). Como el goteo de nombres propios y de acontecimientos es ingente, al final nos ofrece una cronología resumida de gran valor. Igualmente, aunque desde un punto de vista más simbólico, aparecen ilustraciones que nos acercan a aquellos personajes y hechos de los que da cuenta.

Sin duda alguna, un manual de historia reciente de Reino Unido, Europa y del mundo, que nos acerca el legado político de quien fue durante once años Primera Ministra y cuya forma de ejercer el poder, dio lugar a la aparición del término “Thatcherismo”. En efecto, ella no solo cambió radicalmente la filosofía del gobierno sino la de su propio partido, de tal modo que el sector liberal del mismo, que no había tenido protagonismo significativo desde 1945, se convierte en el referente a partir de su primera victoria electoral (1979). A ello dedica los capítulos iniciales, explicando las dificultades que tuvo para hacer valer sus tesis, encontrando más oposición entre el sector wet de “los suyos” que entre el propio laborismo.

A lo largo más de 700 páginas, Thatcher explica y contextualiza cómo fue su estancia en el poder: cómo llegó, cómo se mantuvo ganando tres elecciones generales consecutivas y cómo se produjo su caída. Narra en primera persona su experiencia en el gobierno, con algunos guiños a su etapa como líder de la oposición (1975-1979). A través de sus reflexiones podemos conocer algunos de los asuntos que monopolizaron a la opinión pública durante la década de los ochenta. Desde los más mediáticos (guerra de las Malvinas o caída del comunismo) a otros que pertenecen al ámbito doméstico británico y que, por tanto, son más desconocidos (las huelgas de los mineros, las nacionalizaciones de empresas públicas ruinosas o las divisiones que caracterizaron al Partido Conservador, particularmente en lo relativo a la Comunidad Económica Europea).

Obviamente, no faltan pasajes en los que analiza la relación con quien fue su gran socio durante esos años: Ronald Reagan. Juntos abrazaron y defendieron la causa de la libertad, si bien Thatcher otorga más importancia al norteamericano que a sí misma en tal función, aunque si alguien apostó por Gorbachov y su proceso de reformas, fue ella. Al respecto, llama la atención la veneración con que era tratada por los antiguos países del Telón de Acero, algo de lo que se siente muy orgullosa.

Thatcher fue una política de convicciones profundas que defendió hasta el final, lo que le costó el cargo. Este es un punto fundamental, pese a que solo le dedica parte del último capítulo: no fue derrotada por el pueblo británico, sino que su salida obedeció a las luchas intestinas que caracterizaron al Partido Conservador, especialmente a partir de la tercera victoria electoral de 1987. Con la perspectiva del tiempo, podemos decir que la capacidad de liderazgo de Thatcher no la tuvieron sus sucesores en el partido puesto que éste, desde 1990 hasta diciembre de 2005, conoció cuatro líderes (John Major, William Hague, Ian Duncan Smith y Michael Howard). En cuanto a la formación rival, la doblegó siempre que se enfrentó a ella; es más, provocó su radicalización, abrazando postulados de la extrema izquierda durante el liderazgo de Michael Foot (1979-1983).

En definitiva, la autobiografía de Thatcher nos acerca a un personaje tan excepcional como fundamental para entender los cambios que sufrió el mundo en los años ochenta. Dichas transformaciones empezaron por su propio país que, si en los setenta era considerado el enfermo de Europa, cuando ella abandona la primera plana política en noviembre de 1990, había recuperado su orgullo y era considerado un referente. Tanto es así, que algunas de las alianzas que defendió a ultranza, ni siquiera fueron alteradas por Toni Blair. Y es que, indirectamente, el “Thatcherismo” provocó la transformación ideológica y programática del Labour Party.

Por Alfredo Crespo Alcázar
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