23 de octubre de 2019, 4:13:46
Opinion


El reto de Netanyahu



En dos meses de complicadas negociaciones -después de que su partido Likud (ligado al de Avigdor Lieberman) consiguiera en las últimas elecciones 31 de los 120 escaños de la Knéset, Parlamento de Israel-, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha tenido que emplearse a fondo para formar Gobierno. Finalmente, lo ha logrado, aunque como quien dice en el último minuto, pues solo le quedaban dos días del plazo que le concedió el presidente. Y lo ha hecho de una manera que parece más que nada guiada por la necesidad de que no se agotara el tiempo sin haber formado Gobierno, pues el nuevo Ejecutivo está marcado por la heterogeneidad de sus componentes y con el dato más sobresaliente de la ausencia de los partidos ultraortodoxos, como “Shas y Judaísmo” y “Torá Unido”, que hasta ahora le habían servido de apoyo a “Bibi” –apodo con el que se conoce a Netanyahu-y que se quedan fuera del Gabinete por vez primera en una década.

En el recién creado Ejecutivo hay una fuerte presencia de los centristas –liderados por Yair Lapid- y de los nacionalistas, con Naftali Bennett al frente. Desde el Gobierno, las formaciones centrista y nacionalista tienen la intención de “abolir” muchos de los que consideran privilegios de los ultraortodoxos, como la no obligatoriedad para ellos del servicio militar y una educación especial y apartada de la que cursa el resto de los ciudadanos.

Con estos mimbres, se avecina una legislatura muy difícil, en la que Netanyahu tendrá que hacer gala de toda su experiencia. Prácticamente nada más creado el Gobierno han surgido ya algunos roces y discrepancias entre sus miembros y diputados del Likud acusan a “Bibi” de haberse entregado a Lieberman. Por su parte, los ultraortodoxos han anunciado que llevarán a cabo una férrea oposición. Netanyahu es muy consciente de las muchas dificultades que se atisban en el camino y así se ha apresurado a decir que esta legislatura será una de las más complejas de Israel y que en el horizonte hay grandes retos. El primero puede ser la inminente visita del presidente norteamericano Barack Obama, que aterrizará en Israel con el propósito de reanudar el proceso de paz entre israelíes y palestinos, un conflicto absolutamente enquistado y parece que de imposible solución. Habrá que estar atentos a lo que va sucediendo en una zona en la que los sobresaltos nunca son descartables.
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