21 de septiembre de 2021, 15:27:39
Economía

Crónica económica


Pero, ¿qué ha pasado en Chipre?



Lo que ha despertado todas las alarmas es la petición, por parte del Consejo Europeo, de que se aplique una importante quita a los depositantes de los bancos de Chipre, del orden del 10 por ciento de sus depósitos. ¿Por qué se plantea eso?

El motivo es que una parte importante de esos depósitos estaba invertida en títulos de deuda griega. Esa inversión ha provocado graves pérdidas a su banca, del orden de 10.000 millones de euros. Es una cantidad que para España es importante, casi un 1 por ciento del PIB. En el caso de Chipre, el producto de aquél país es de 24.014 millones de dólares, que al cambio actual son algo más de 18.600 millones de euros, por lo que esas pérdidas de la banca suponen cerca de un 54 por ciento del PIB.

Los bancos no pueden hacer frente a esas pérdidas. De modo que alguien tiene que pagar esas pérdidas. Una opción es que las paguen los ciudadanos europeos todos. La otra es que la paguen los chipriotas. O, más bien, que los europeos adelantemos ese dinero y los chipriotas lo devolviesen de algún modo. Los depositantes son acreedores de la banca. Ellos (aunque no lo sepan) han prestado su dinero a la banca. Y ellos tendrían que sufrir una pérdida como consecuencia de las pérdidas de sus bancos. Una solución es que, a cambio, los depositantes que sufran pérdidas reciban acciones sobre el propio banco, con lo cual los actuales accionistas, al disolverse su participación en el banco, también sufrirían pérdidas.

Parece una solución injusta. Pero es más injusto que quienes paguen esas pérdidas sean ciudadanos que nada tienen que ver con esos bancos, ya sean de Chipre o de otro país. Más injusto es lo que hemos hecho en España, ya que todos los contribuyentes hemos puesto dinero a los bancos mal gestionados, cuando la repercusión de esas pérdidas debería recaer, en primer lugar, sobre quienes confiaron en ellos.

Siempre queda otra opción: Que Chipre salga del euro. En tal caso, el Estado chipriota crearía una nueva moneda que perdería valor a ritmos alarmantes, y que tendría como resultado un impago de la deuda, por parte de Chipre, y un empobrecimiento acelerado por parte de los ciudadanos de aquél país.

Esto por lo que se refiere a la economía detrás del asunto. Lo chocante, desde el punto de vista político, es que proviene de una decisión del Consejo Europeo (es decir, de la reunión de jefes de Estado y de Gobierno), enmendado por el ecofin, es decir, la reunión de los ministros de economía.
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