9 de diciembre de 2019, 12:58:41
Nacional

Repatriaciones que se eternizan desde un lugar plagado de cucarachas y ratas


Hacinamiento, malnutrición y olvido: los españoles presos en Tánger no quieren ser invisibles


En la prisión civil de Tánger hay más de un centenar de españoles. Sufren hacinamiento y malnutrición. Duermen en el suelo, donde hay cucarachas y ratas. Además, sienten que su país se ha olvidado de ellos. Son los familiares quienes les facilitan comida y medicamentos, pero ellos también creen tener ante ellos un muro infranqueable. En este caso, el de la burocracia.


"Estamos hablando de padre e hijo. Iban juntos. El transportista es el hijo, Antonio, de 33 años. El padre lo acompañaba. Jubilado. Antonio también. Los cogieron en la aduana con 8.000 kilos de droga. En abril de 2012. A partir de ahí empieza todo el calvario en la cárcel de Tánger". Alejandro Castaño es abogado y los representa, pero no cobra por ello. "Quienes entran ahí son tan poca cosa… No tienen un duro. Al padre le han caído cuatro años y al hijo, diez, más un montante económico muy importante".

PIE DE FOTOAntonio y Antonio son insolventes. Alejandro ha logrado justificarlo ante el Consulado. Es condición imprescindible para (intentar) poder traerlos de vuelta a España. Sin esa insolvencia, la fianza ha de abonarse íntegramente o la condena se sufrirá entera en Marruecos. El resto de requisitos, según el convenio entre los reinos, son la nacionalidad española, una condena en firme y al menos seis meses de pena por cumplir. Las repatriaciones, con suerte, se resuelven un año o año y medio después de comenzar a tramitarse.

El hermano de Asunción también se llama Antonio. Cumplía 41 cuando fue arrestado, en Nador. Le quedan cuatro años en Tánger de los seis que le impusieron y adeuda cerca de ocho millones de euros. Lleva en la prisión civil desde el 25 de octubre de 2010. Asunción tiene gravada a fuego en su mente esa fecha. Sólo un mes antes había sido padre. Cubría la ruta Marruecos-Francia en su camión. Presuntamente, con gran cantidad de droga.

Llora desconsolada en su conversación telefónica con EL IMPARCIAL. "Intentábamos ir todos los meses para llevarle comida, medicinas y poder verlo. Ahora ya económicamente estamos más perjudicados y cada dos o tres meses intentamos ir. Se te cae el alma al suelo, tienes que esperar colas tremendas y cargado con la comida, porque a ellos apenas les dan alimentación. Me dice que su menú es caldo con patatas un día y otro día, patatas con caldo. Y pan de cuatro o cinco días. Ha perdido mucho peso. Y sobre las medicinas, él nos dice qué síntomas tiene y nosotros vamos al médico de cabecera para que nos recete algo para él y llevárselo. Lo he visto con ronchas. De los bocados de las cucarachas, me dijo. Duermen en el suelo, que está infestado. Él está con 23 personas en la habitación".

Alejandro no ha visto a sus representados. No es familiar y lo tiene más complicado, aunque bastaría con una autorización del Consulado que, por razones que desconoce, no le han concedido. "¡Sólo tienen que hacer el esfuerzo de darte un documento! Es muy lento esto, aquí nadie se mueve. El cónsul rehúye cuando sabe de la droga encontrada en el camión. Los cree poco menos que malhechores y son dos pobres desgraciados, que les ha tocado a ellos como podría haberle tocado a cualquiera. He ido a la cárcel pero me piden dinero para entrar, el típico trapicheo de darle 50 euros al guarda. Me niego". Su comunicación con ellos, escasa, es telefónica.

Su descripción del centro penitenciario, apoyada también en testimonios de ex presos y en línea con lo dicho por Asunción, es la de un escenario desolador: "Es tercermundista. Antonio padre tiene cuatro enfermedades. Entró en la enfermería hace tiempo y allí sigue. No se muere de milagro. Como esto tarde mucho se muere allí el hombre. Menos mal que es duro. La medicación se la mandamos desde España, pero no hay manera de que tenga un buen tratamiento. Las ventanas no tienen cristales y hace un frío de mil demonios, aunque la temperatura exterior suela ser buena y estén cerca del mar. Pero cuando llueve entra el agua. El hijo no tiene cama. Y así lleva un año. Duerme en mantas que tuvo que comprar. Hay un solo servicio con un solo váter y allí tienen que asearse y hacer todo sin ningún tipo de intimidad".

PIE DE FOTOPiden dignidad y agilidad
Otro común denominador entre todas las fuentes consultadas es la denuncia por las aparentes buenas relaciones entre España y Marruecos, con habituales reuniones entre altos mandatarios, y sin embargo la omisión de esta cuestión en todas ellas. Los presos y los círculos de los presos lamentan ser pequeños, insignificantes. No tener voz. Les indignan casos como el de Ángel Carromero, su rápido regreso, que ligan a la repercusión mediática y también a su afiliación política. En el reino vecino hay compatriotas con la documentación aprobada desde hace más de un año para el traslado. Desde más de hace un año, por tanto, si la burocracia fuera ágil, deberían encontrarse aquí, con duchas con agua caliente, una cama, alimentación adecuada y asistencia médica profesional.

El mensaje, aunque lentamente, comienza a propagarse. Un blog se encarga de reivindicar e informar. También recoge firmas de apoyo a la causa. Cuenta con el respaldo de la Fundación Luz del Mundo. Lydia Horno, abogada, explica a este periódico que este organismo se encarga de asesorar a los presos en materia de inseguridad jurídica y reinserción. "Gestionamos traslados, ofrecemos a las familias ayuda y coordinarión, conseguimos abogados. No se le está dando importancia a esta gente, no hay una demanda social en este sentido. Dentro de las funciones del Ministerio de Exteriores está la protección a los presos y se está olvidando. Hay que reclamar de forma más exigente que se pongan sobre la mesa este tipo de asuntos".

Alejandro quiere que Antonio padre, dada su enfermedad, pueda regresar. "No es que tenga gran interés en venir porque tiene al hijo allí, pero por lo menos, la oportunidad de elegir". El abogado no tira la toalla con el Consulado, pero su desesperación es sobresaliente. Asunción escribió al Rey y a la Defensora del Pueblo para detallarles la situación de su hermano, para indicarles que para traerlo a España tendrían que pagar la multa, todo un imposible. Alejandro y Asunción han cumplido su parte. La legislación establece que la repatriación no es un derecho sino un beneficio, que ha de pedirse expresamente a las autoridades competentes.

El papel del personal del Consulado, según la Dirección General de Asuntos Consulares, es el que para los españoles en Marruecos está procurando la Fundación Luz del Mundo. Ha de proporcionar una pequeña ayuda económica si es necesario a los reclusos que necesiten pagar su colchoneta o las baldosas del suelo sobre las que extenderla. En el caso de los condenados en aquel país, apenas cuentan con espacio físico para tumbarse. Además de las cucarachas, este medio ha sabido también de enormes ratas que pasean por las instalaciones.

En el Informe Anual del Defensor del Pueblo dirigido a las Cortes de 2012 se vio al fin un primer logro. Llamaba la atención a los legisladores sobre la situación de los presos españoles en distintos países. En total, el pasado año había alrededor de 2.450. Cuatro de cada cinco, por posesión ilícita o tráfico de drogas. Buena parte de ellos se encuentra en Perú (296), Colombia (236) o Italia (209). En Marruecos, 171. Apenas un centenar regresa cada año del total.

El informe pide a los consulados que arrimen el hombro: "Es tarea de los consulados españoles en el extranjero prestar la ayuda necesaria para, en la medida de lo posible, mejorar el régimen del cumplimiento de las condenas en estos centros penitenciarios ya que en muchas ocasiones la asistencia sanitaria es deficiente, la comida es muy escasa y la seguridad de los internos no está garantizada dentro de la propia prisión. Ello motiva que ante las quejas recibidas, esta Institución se dirija a las autoridades consulares españolas en el país con fin de que los presos españoles reciban un trato más humano, lo que no es siempre factible, ya que debido al alto grado de violencia de esos establecimientos penitenciarios, las autoridades nacionales llegan a impedir la presencia de los funcionarios de nuestros consulados por razones de seguridad y peligro real para sus personas".

El IMPARCIAL se ha puesto en contacto esta semana con el Consulado de España en Tánger, donde una supuesta responsable de prensa aseguró devolver la llamada con, a ser posible, alguna voz autorizada para dar réplica a las críticas. La llamada no llegó. 24 horas más tarde, la recepción del Consulado negó que allí hubiera departamento de prensa alguno e instó a este periódico a llamar a la Oficina de Rabat. Rabat indica desde prensa que en una hora como máximo confirmaría a este medio si podía contar o no con un testimonio, pero que, en todo caso, quien debiera ofrecerlo es Tánger. La llamada no se produjo ni lo ha hecho hasta la publicación de esta información.

Hacinamiento, falta de higiene, enfermedades y malnutrición. En la civil de Tánger, españoles, y no sólo españoles, están viviendo un infierno. Su reivindicación más urgente es la respuesta de su país, saber que hay alguien al otro lado que les va a tender una mano para hacer menos desagradable la estancia o para gestionar con diligencia y premura el retorno. Familiares y representantes sienten impotencia por sus presos al otro lado del Estrecho.












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