22 de octubre de 2019, 20:38:31
Economía

Crónica económica


Cristóbal Montoro se ha pasado de listo



España tenía que cerrar el año con un déficit público del 6,3 por ciento. Nadie contaba con que lo lográsemos. O, dicho de otro modo, todo el mundo contaba con que somos un país de segunda, una Argentina venida a más. Nosotros mismos no nos tomábamos en serio. ¿Un 6,3 por ciento, dices? ¡Quiá! Es una cifra razonable, pero que se había convertido en una mentira vergonzosa. Nos engañamos diciendonos que es imposible. De cumplir. Y lo era. Pero no económicamente, sino moralmente.

De modo que nosotros mismos, con evidente desprecio de la Comisión Europea, fijamos un pseudo objetivo de segunda: cerrar el año con un déficit publico por debajo del 7 por ciento. El presidente del gobierno primero y el ministro de Hacienda después dijeron que el déficit había quedado por debajo del 6,7 por ciento. El ministro Montoro dijo más tarde, con ese deje de jugador de mus que él estila, que si variaba la cifra (nadie nos la creímos, único asunto en el que todos coincidíamos con el ministro), sería a la baja. Se echó un órgano. Y ha perdido la jugada. Ha variado, sí. Pero al alza. Ha sido de un 6,98 por ciento.

El motivo es que el ministro, para cuadrar las cuentas, o para que no se le fuesen de las manos, recurrió a un ejercicio de malabarismo contable. Ha retrasado el pago de las devoluciones hasta 2013. Que se sumen al déficit de ese año, que ya recurriremos entonces a nuevos y sorprendentes trucos. La CE ha dicho que no. Que las devoluciones tienen que contabilizarse cuando las solicita el contribuyente, no cuando le da al Gobierno por pagarlas. Desde Hacienda se hacen los sorprendidos, y dicen que la CE ha cambiado de criterio. Desde la Comisión dicen que ellos no han cambiado el criterio contable, que es el que siempre han utilizado. Es cierto que es el menos tramposo. Quizás por eso no le convenciese a Montoro.

Pero este consumado tahúr no agotó sus trucos con las devoluciones. Tambien ha adelantado ingresos fiscales de las empresas, forzándolas a adelantar pagos fraccionados que, de otro modo, se habrían pagado en 2013. Con todo, no es un ejercicio de malabarismo contable, como el que le ha señalado la Comisión, vergonzantemente.
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