19 de septiembre de 2021, 16:58:21
Opinión


El trabajo bien hecho y el sentido del deber individual

David Ortega Gutiérrez


No corren buenos tiempos para las previsiones de nuestra maltrecha economía. Tampoco son tiempos de optimismo desde la perspectiva política e institucional y que el ciudadano español no mira el futuro con ilusión, no es ninguna novedad. Sin embargo, y a pesar de la dureza del reajuste que estamos viviendo en este lustro, estimo importante aprender algunas lecciones de lo sucedido que probablemente nos conducirán a un tiempo mejor.

Lo primero que destacaría es la gestión imprudente e irresponsable que hemos hecho de la cosa pública. Con algo ya de perspectiva, podemos afirmar que se han realizado enormes gastos de dudosa justificación en infraestructuras absurdas y no necesarias, estrechamente relacionadas con una política financiera insensata y nula de profesionalidad, especialmente en las Cajas de Ahorros más que en los Bancos. Todo ello orquestado por cierta clase política autonómica que ha llevado el gasto de su correspondiente Comunidad a unos límites inaceptables y desconocidos. Esos excesos en lo que no era fundamental, ha llevado ahora a tener que apretar en los que sí lo es, como la Sanidad, Educación o la ayuda a la Dependencia, en otra muestra más de gran desatino político. Previamente a todo ello, tenemos que consensuar un diseño racional y funcional de nuestra Administración Pública, en donde se presten los servicios esenciales al ciudadano por medio del procedimiento y la organización más eficiente y eficaz. Parece claro que la utilizada en estos años no lo ha sido, a la luz de los resultados. Ha habido un mal uso y abuso en la dirección de la Administración Pública, se ha perdido la perspectiva global y la prioridad del interés general para dar un mejor servicio al ciudadano en términos de igualdad y sostenibilidad del sistema.

La segunda idea a retener sería la responsabilidad individual que cada cual tiene que ejercer desde su puesto de trabajo. Es muy importante asumir que la reconstrucción de nuestro Estado democrático, parte del compromiso individual de cada uno de los ciudadanos para que las cosas funcionen. Si cada cual da la batalla desde su puesto de trabajo y se exige una buena gestión, las cosas irán cambiando poco a poco. La democracia se construye de abajo arriba. Al final el verdadero protagonista es el ciudadano, que paga sus impuestos y recibe o no sus correspondientes servicios de la Administración del Estado, con la que, de una forma u otra, todos nos relacionamos pasiva y activamente.

Tercera idea. Es tiempo de comenzar a mirar el futuro con cierto optimismo. Es verdad que en estas últimas dos décadas no hemos hecho las cosas bien. Ha habido excesos, irresponsabilidades, abusos, demasiados atajos y trampas, mucho sinvergüenza en puestos importantes y decisivos, además de una inaceptable relajación de la que de una forma u otra, todos hemos participado pensando que las cosas funcionan por sí solas, independientemente de si las cosas se hacen bien o mal. El tiempo al final nos ha puesto en nuestro sitio. Lo inteligente es aprender de los errores cometidos. Toca apretar los dientes, trabajar duro, reconstruir y crear. Si somos prudentes y responsables, podemos asistir en pocos años a un bueno momento de nuestra querida España. No tenemos malos mimbres, España tiene grandes potencialidades, no hace muchos años las hemos demostrado.

Termino, lo que tenemos que empezar a hacer es afrontar nuestros cuatro o cinco grandes problemas estructurales: una justicia verdaderamente independiente; una organización territorial del Estado sensata, justa y eficaz; recuperar el gusto por el trabajo bien hecho en todos los niveles, tenemos muy buenos profesionales, dicen que la generación mejor formada, hay que aprovecharla, volviendo a valorar por encima de todo el esfuerzo y el mérito en el trabajo, personas válidas en los puestos importantes, esto es esencial, mucho mediocre nos ha llevado a esta situación; acabar con la picaresca de no respetar las normas, de tratar de eludirlas, un 25 % de economía sumergida es inadmisible; tomarnos muy en serio nuestro sistema educativo, despolitizarlo de una vez, aquí está el futuro de cualquier nación. La democracia consiste en que un pueblo se organice en libertad, diseñe su forma de vida colectiva y, en cierta medida privada, pues todo influye y uno no puede vivir aislado de la vida común. No tengo duda que desde la responsabilidad individual, los españoles tendremos la democracia que nos trabajemos.
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