20 de enero de 2020, 11:14:33
Opinion


España, Venezuela, EEUU: el mundo, en vilo

Joaquín Vila


Aunque en principio nada tienen que ver la situación de España, la de Venezuela o el terrorismo que vuelve a asomar su hocico asesino en Estados Unidos, parece evidente que vivimos momentos de confusión, de crisis, de depresión, incluso, de miedo.

En España, ya lo hemos repetido hasta la saciedad, los antidemócratas, los vándalos y los salvajes toman la calle ante la impotencia y pasividad del Gobierno. La izquierda radical aprovecha la crisis económica para cuestionar el entero Estado de Derecho, la Constitución y todos los principios y valores que han logrado que España recupere las libertades y la convivencia. Mientras, los nacionalistas intentan cuartear la unidad de nuestro país con sus consultas secesionistas y demás memeces y el PSOE ni sabe ni contesta.

En Venezuela, hay dudas más que razonables de la limpieza del proceso electoral. Según las informaciones de la Oposición, el pucherazo ha sido clamoroso. Pero nadie discute que Maduro, el heredero del caudillo Chávez, gobernará el país americano los próximos ocho años. Y la represión ya ha comenzado. Mientras el pueblo vive entre la desazón y la miseria, la inmensa riqueza de la producción petrolífera se utiliza para mantener a la dictadura castrista y para exportar la llamada revolución bolivariana. La peor noticia para el mundo occidental y democrático. Otro foco de peligro y terror para la estabilidad mundial.

Y en Estados Unidos, esta misma madrugada en Boston, ha vuelto a aparecer la siniestra sombra del terrorismo, mientras Obama lucha sin cuartel para recuperar la estabilidad económica. Los radicales islamistas tienen en su punto de mira al imperio americano. Para ellos, es el origen de todos los males. Y su venganza es ilimitada. Después del canalla atentado de las torres gemelas, los terroristas de Al Quaeda no van a parar. Y no hay nada más fácil que matar, sobre todo para ellos, que se inmolan creyendo que irán al paraíso. El odio que recorre sus venas está lleno de dinamita. Y, a buen seguro, que la seguirán utilizando cada vez que puedan.

El mundo entero está en vilo. Los años de prosperidad, de paz, de estabilidad han quedado atrás. La guerra fría de Estados Unidos con la Unión Soviética era un juego de niños al lado del terrorismo islamista que ataca y atacará por todos los flancos. La primavera árabe ha resultado un fiasco y los países aliados de EEUU en el norte de África han caído en manos de los islamistas.

Nos encontramos inmersos en la tercera guerra mundial. Más sutil, soterrada, sin fronteras, sin bandos definidos. Pero el mundo vive una nueva era. Una era de aguda crisis económica y de valores, de terrorismo y de miedo. Ha dado un vuelco y ya nadie puede respirar tranquilo. Ni los dirigentes del PP, acosados por los escraches y los vándalos de la izquierda; ni los venezolanos, atrapados por un régimen caudillista y represivo; ni los americanos, que no saben cuándo ni dónde estallará una bomba o caerá un avión para arrasar con todo lo que puedan. Para asesinar sin piedad. El mundo, en vilo.
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