17 de septiembre de 2019, 20:52:43
Opinion


Lo mejor del Gran Hermano



El debate entre la seguridad y la libertad viene de lejos. Las Fuerzas de Seguridad tienen como misión proteger a los ciudadanos. Ocurre, que a veces, los sistemas que emplean para lograr esa protección invaden el terreno de la intimidad, de la libertad.

El mejor invento de las últimas décadas, Internet, esa red infinita que comunica todos los rincones del mundo, que permite que los lectores lean El Imparcial desde Australia o Madrid al instante, tiene también unos agujeros que invaden la intimidad, como se ha podido comprobar en miles de casos, en las redes sociales, en las que cualquiera puede entrar en una página por muy “encriptada” que pretenda estar. Los móviles son otra fuente de ventajas y peligros. Podemos hablar desde cualquier sitio con cualquier parte del mundo. Pero esas conversaciones y esos mensajes también pueden ser interceptados con facilidad.

Y, como es natural, quienes lo tiene más fácil y quienes emplean las herramientas más sofisticadas para lograr el acceso a esa información, además de las “hackers” más o menos hábiles, son las Fuerzas de Seguridad, que con permiso judicial o sin él se enteran de todo cuando quieren. La mayoría de las veces, con estos sistemas obtienen una información muy valiosa para obtener pruebas contra los delincuentes. Otras, no tanto.

En cualquier caso, el Gran Hermano, el control de todos los movimientos e información de los ciudadanos, tiene también sus ventajas, como se ha podido comprobar en el reciente atentado de Boston. Las ciudades de todo el mundo están sembradas de cámaras de seguridad, que suelen emplearse en eso: en descubrir a delincuentes cuando cometen sus fechorías. Y, ahora, en Boston la mejor prueba que tiene la Policía para obtener la imagen y llegar a detener a uno de los autores del criminal atentado, se ha logrado gracias a una de esas cámaras de seguridad.

El debate entre seguridad y libertad, en este caso, se inclina por la seguridad. Y si la información de esa cámara se convierte en la prueba definitiva para detener a uno de los autores de la fechoría, con más razón. Pero cuidado, que la libertad y la intimidad de los ciudadanos deben ser sagradas. Se trata, simplemente, de emplear con rigor y con la ley en la mano, esas infinitas posibilidades que la tecnología ofrece, en este caso, a las Fuerzas de Seguridad. La única, pero gran ventaja, del Gran Hermano.
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