25 de mayo de 2020, 3:48:34
Cultura

¿Cuál es la situación del realismo español?


Miguel Ángel Moya: "La marginación del realismo en España es feroz e indiscriminada"

Elena Viñas

La galería Avima, en Denia, Alicante, fue el espacio que organizó la primera exposición individual de Moya en 1992. Ya en la última década, ha participado en exposiciones colectivas como las organizadas por la Galería Santiago Echeberría en Madrid y ha sido seleccionado dos veces para optar al Premio BMW de pintura. En 2010, fue también seleccionado en el "BP Portrait Award" y en 2011 la Galería OK Harris de Nueva York, referencia del realismo e hiperrealismo donde trabajan o han trabajado algunos de los pintores expuestos en el Museo Thyssen en la muestra titulada “Hiperrealismo”.


¿En qué lugar posicionaría el realismo hecho en España en el panorama internacional? ¿Goza de interés en el extranjero?
Mi opinión personal es que desde el punto de vista técnico y artístico, el realismo español está a la cabeza del panorama internacional, claro que yo soy español y mi afinidad cultural con un modo de entender la pintura también cuenta. Es un hecho que, aparte de los maestros consagrados como Antonio López u otros menos conocidos mediáticamente como Manuel Franquelo, también las últimas generaciones de realistas españoles son de lo mejor del mundo en cantidad y calidad. Sólo Estados Unidos tiene un conjunto de pintores comparable, pero a mi parecer su obra es menos variada y menos profunda. Respecto al interés en el extranjero, creo que hay artistas específicos muy valorados fuera, mucho más que en nuestro propio país, aunque la marginación del realismo se produce a escala internacional. La diferencia es que en España es más feroz e indiscriminada. Prácticamente se mete a todo arte figurativo en el mismo saco, cosa que no ocurre en otros países.

¿Cómo valora la acogida que tiene el realismo en España entre galeristas, coleccionistas y museos de arte contemporáneo?
En todo lo que se mueve bajo el epígrafe de arte contemporáneo hay un rechazo total, casi agresivo. Sólo unos pocos consagrados han pasado ese filtro y trabajan con galerías dentro del circuito oficial -como ferias de arte-, pero son excepciones, mucho más raras y escasas entre las nuevas generaciones. Respecto a los coleccionistas de este tipo de arte, los más poderosos económicamente compran lo que está en estas galerías, muchas veces al dictado de los galeristas. Respecto a los museos de arte contemporáneo en España y sus dirigentes, mejor correr un tupido velo. Son parte de un circuito de arte contemporáneo con unas normas no escritas sobre la pintura realista que responden a una estructura psicológica muy compleja donde lo conceptual es cada vez más importante y la materia que lo sustenta cada vez menos. Se produce una especie de elitismo donde al coleccionista adinerado se le ofrece una especie de espiritualidad a la que sólo unos pocos pueden acceder. Los conceptos son rápidamente comprensibles y un coleccionista puede proyectar fácilmente sus compensatorias ansias de espiritualidad en unas obras donde el valor intrínseco, más allá del concepto, es casi nulo y que, además, tienen la ventaja de parecer aberrantes a los ojos del resto de mortales haciendo que se sienta parte de un grupo de elegidos. Es normal que a la pintura figurativa, y más aún a la realista, le sea muy difícil encajar en este mecanismo. Lo paradójico es que es mucho más difícil apreciar en toda su dimensión un cuadro de Antonio López que una instalación conceptual.

¿Qué considera fundamental abordar para poner en valor el realismo en España?
Cambiar las estructuras a las que me he referido antes es una tarea casi imposible. Supongo que como en todas las épocas se producirán cambios progresivos en los gustos oficiales, pero a largo plazo. Los artistas figurativos o los que damos una importancia a la pintura como medio de expresión sólo podemos aspirar a ser una de esas excepciones que por un motivo u otro son aceptadas. La única opción sería que algún crítico relevante decidiera que hay un grupo generacional digno de ser tenido en cuenta o que en los museos y ferias de arte se introdujeran personas muy preparadas, pero ajenas al circuito. Esto, aparte de ser utópico, es muy delicado, ya que puede ser peor el remedio que la enfermedad.
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