15 de noviembre de 2019, 8:52:34

Crónica económica


Sorprendentemente, el BCE no ha subido tipos


El Banco Central Europeo ha rebajado los tipos del 0,75 por ciento al 0,50 por ciento. Lo sorprendente es que no haya hecho lo contrario.


Angela Merkel no está conforme. No lo está con el 0,50 por ciento como, probablemente, tampoco lo estaría con el 0,75 por ciento. Remontémonos al origen del euro. Sale con un tipo de interés del 3,0 por ciento. Era, recordemos, el arranque del año 2000. Los subió hasta el 4,75 por ciento en 2001, pero el estallido de la burbuja “punto com” llevó a la Reserva Federal y al BCE a rebajar los tipos, primero hasta un suelo del 3,75 por ciento (en 2002 y arranque de 2003), y luego del 2,0 por ciento (de mediados de 2003 a mediados de 2006).

En ese 2006, el sector financiero, que es el primero en detectar la marcha futura de la economía, comienza a dar algunas señales. El BCE sube escalonadamente los tipos. Los deja en el 4 por ciento a comienzos de 2007, y a mediados de 2008, ya con la crisis desbordando los discursos de los políticos, llega incluso a subirlos un cuarto de punto. Y entonces el BCE desploma los tipos, primero hasta el uno por ciento y luego, con un breve intervalo, al 0,75 y al 0,5.

La crisis, no estamos descubriendo América, viene de la política de los bancos centrales de mantener los tipos muy bajos durante mucho tiempo. Esa “exuberancia irracional” que denunció su causante, Alan Greenspan, asustó a los bancos centrales, que quisieron rectificar. Lo que ocurrió es que hicieron estallar la burbuja que habían creado.

La magnitud de la crisis extrañó a la mayoría (aunque no a los autores que leo habitualmente), y asustó a todos. También a los bancos centrales. Que siguieron la política que hemos descrito. Los tipos, por los suelos.

Se ha criticado a los bancos centrales que recurran, para luchar contra la crisis, a la medida que la causó. Y con razón. La postura que mantengo no es la habitual en el análisis económico. Pero tampoco se queda sin defensores. La expondré sucintamente.

El ideal es que los tipos de interés reflejen el sentimiento del mercado. Con unos bancos centrales manipulando ese mercado, es difícil, por no decir imposible (por razones que no vienen al caso), saber cuál sería ese tipo de interés. Lo que sí se puede entender es que sería un interés mucho más alto. Porque en una economía de mercado (una moneda definida como una cantidad de oro, y los bancos siendo obligados a redimir sus billetes por esa cantidad a la vista), los bancos pondrían intereses muy altos para poder recomponer sus balances y evitar la quiebra.

El temor, dice el análisis mayoritario, es que esa loca carrera por la solvencia de los bancos llevaría a la quiebra de una parte importante de la economía. Lo que creen otros economistas es que ese ajuste es necesario. Que la destrucción del crédito en la fase recesiva, y la subida de tipos de interés, obligaría a las empresas a liquidar los proyectos inasumibles y a las familias a reducir su consumo para adaptarse a la nueva situación.

Este ajuste sería muy duro. El paro subiría, y muchos proyectos en marcha se abandonarían. Pero ocurrirían más cosas. Por un lado, la economía dejaría de insistir en dilapidar capital y factores originales en proyectos ruinosos, y para los que no hay ahorro suficiente. Por otro, y en la medida en que el mercado esté liberalizado, los factores de producción, liberados de esos proyectos, se irían a los sectores económicos que sí fuesen sostenibles. Lo harían, muchos de ellos, con un precio menor. Es decir, en el caso de los salarios, con un ajuste a la baja. Pero de este modo, el alto paro del comienzo se reduciría. Y, en tercer lugar, la reducción del consumo A) sería congruente con las menores rentas y los salarios a la baja, y B) en la medida en que ocurriese, favorecería el ahorro, necesario para recapitalizar la economía.

Pero para todo ello hay que reconocer que hay todavía un ajuste por hacer, y que en consecuencia los bancos centrales tienen que subir los tipos de interés. Sorprendentemente, el BCE no lo ha hecho.
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