17 de septiembre de 2021, 18:40:17
Opinión


Por una nueva economía europea

Jesús Lizcano


La situación económica actual y el desbocado nivel de desempleo en España y en otros países europeos hacen tan necesarias como urgentes medidas y soluciones nuevas, muy distintas a las que se vienen aplicando en estos últimos años. Es necesario repensar profundamente los postulados y las fórmulas económicas imperantes, y generar un cambio radical en la orientación de la Economía en Europa, saliendo de la estéril e ineficaz política seguida hasta ahora. Y desde luego hay que abandonar el fatalismo de las previsiones y de muchos políticos (europeos y nacionales) que no ven posible arreglar los problemas, especialmente el del desempleo, hasta dentro de bastantes años.

Para ello, en primer lugar, habría que sustituir la política económica de los recortes indiscriminados, que ahogan a las economías, a los países y a los ciudadanos, con el fin de darles algo de oxigeno en esta situación de verdadera asfixia económica para millones de familias en Europa. Parece que los sabios económicos de Bruselas y los hombres de negro de la troika no se han dado cuenta de que por el efecto de los sucesivos y generalizados recortes quizá se pueda llegar a conseguir equilibrar el déficit en el año n, pero dichos recortes originan una disminución del gasto agregado, y por tanto menos consumo, menos producción, menos inversión, menos empleo, y consecuentemente menos recaudación e ingresos fiscales en los años n+1 y siguientes, con el consiguiente nuevo aumento del déficit público, y la necesidad –según esa filosofía- de nuevos y sucesivos recortes para equilibrarlo en los años siguientes, generándose una espiral negativa muy peligrosa, que de alguna manera habrá que detener antes de que la economía y el desempleo desemboquen en una situación caótica e irreversible.

Se están dando cuenta ahora, el FMI el primero, que el sistema y formulación económica utilizados no sirven, que las bases teóricas y de referencia están equivocadas, que los multiplicadores fiscales que han utilizado en sus estimaciones son peligrosamente erróneos, pero el problema es que no saben como arreglarlo, o lo que es peor, no quieren dar su brazo –de la ortodoxia- a torcer para buscar nuevas vías y soluciones.

Da la sensación de que Europa está secuestrada económicamente por un puñado de decisores, expertos y hombres de negro de la troika (algunos afincados permanentemente en España), con un inmenso poder y con muy escasa transparencia y contacto con las instituciones y ciudadanos que integran la sociedad europea. Y esto ha de cambiar.

Ante esta situación, en Europa se necesitan acciones que permitan generar confianza en el sistema económico, productivo y financiero europeo, cuyo nivel de aprovechamiento y eficacia está a años luz de su capacidad potencial y sus recursos tanto materiales como humanos. En este contexto, y para que estas líneas no se queden en una mera declaración de intenciones, vamos a tratar de aportar alguna propuesta concreta.

A la hora de calcular el correspondiente déficit público en los países europeos, y con el objetivo de impulsar el crecimiento, se podría tomar la decisión de permitir a los países, temporalmente al menos, que no se computaran en el déficit todos aquellos nuevos gastos de inversión de las instituciones públicas que tuvieran una utilidad económica, un retorno social, y que creasen empleo neto. Serían proyectos que tendrían que estar aprobados y supervisados a nivel europeo, y que por tanto potenciarían la actividad y el crecimiento económico a través de un gasto público que no entraría en el déficit, y en este sentido podría crearse una cuenta satélite (cono se hace para otros fines con diversos sectores de la economía) que con una denominación concreta: Déficit europeo transitorio por el Empleo, o algo similar, absorbería esos nuevos gastos públicos generadores de empleo en los distintos países, pudiéndose además calcular e integrar a nivel europeo, y calcular después sus efectos.

Si consideramos este potencial proyecto o propuesta a una escala más amplia, solidaria y efectivamente europea, se podría incluso decidir que todos esos proyectos creadores de empleo pudieran surgir no solo de las instituciones públicas, sino también de los ciudadanos, empresas, etc. de los distintos países, y que además podrían ser financiados como préstamos por el Banco Central Europeo (BCE), y a coste cero. En este caso, al tratarse de préstamos, no se considerarían como gasto, ni afectaría al déficit público de ningún país. Los proyectos podrían ser en todo caso supervisados por la troika, por el propio Banco central o por expertos nacionales delegados. Y en cuanto a la disposición de los fondos podría canalizarse a través de los bancos privados nacionales, con lo que ello aumentaría la actividad y la liquidez de éstos, aunque no fueran más que canalizadores de los fondos concedidos por el BCE, y por esta vía podría así aumentar el crédito para los ciudadanos, empresas, e instituciones públicas. Ello podría servir además para propiciar las ideas, propuestas, experiencias, etc. de la muy activa y formada sociedad europea en su conjunto, aprovechando así su enorme potencialidad, y consecuentemente para crear empleo neto en los distintos países, sobre todo en aquellos que más lo necesitan, como el nuestro.
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