29 de enero de 2020, 3:56:31
Cultura

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Una grave cornada evita que Fandiño acabe la tarde con un triunfo grande en Las Ventas



El torero Iván Fandiño ha resultado herido en el muslo derecho por su primer toro. Si hay un torero enfrentado con la suerte en Las Ventas es Iván Fandiño. Por "h" o por "b", siempre se queda a las puertas de un triunfo grande, que le sigue siendo esquivo, después de acariciarlo en numerosas ocasiones.

Porque Fandiño es el vivo ejemplo de entrega, capacidad, seguridad, valor... y otras muchas virtudes que le hacen ser uno de los toreros más cotizados en la actualidad, también en Madrid, donde siempre se le ha visto compendiando todas esas cualidades ya sean con toros propicios o con auténticos "barrabases".

Pero unas veces su mala espada, y otras la falta de un oponente dispuesto a la pelea, le han imposibilitado alcanzar la gloria soñada. Hoy, sin embargo, ha sido una cornada la que le ha privado de redondear una tarde que empezaba muy bien para él.

Un "tabaco", como se dice en la jerga, que enmudeció a la parroquia, pues en cuanto cayó al albero ya se sabía que iba herido, sobre todo después de observar que ni la adrenalina del momento ni su propia raza le permitieran quedarse en el ruedo hasta ver rodar al oponente agresor. Fandiño iba "pa'dentro", directo a la enfermería, de donde ya no volvió a salir.

Ese fue el pasaje de la tarde. Ocurrió en el segundo toro, primero de Fandiño, un animal al que dejaron muy crudo en varas, algo crucial para que nunca se entregara en la muleta a pesar de su movilidad, ya que siempre acudió a los envites descompuesto, con una embestida sin ahormar.

Fandiño, que lo saludó con cadenciosas y templadas verónicas en el saludo, mostró su tarjeta de presentación con cuatro estatuarios sin enmendarse, de apabullante quietud. La plaza comenzaba a rugir.

Sobre la derecha se sucedieron varias series muy meritorias al ser capaz de sortear el molesto calamocheo del de Parladé para conseguir ligar los muletazos a base de temple, quietud y mucho aguante, algo que denotaba seguridad, aplomo y raza, mucha raza, por parte de un torero batallador y de un desmedido amor propio.

Al natural, mismo argumento, con el hándicap de que el toro "se metía" más por ese pitón, pero aún así logró Fandiño un par de pases de exquisito trazo.

Y cuando la plaza pasaba del clamor al más sepulcral de los silencio, cornada al canto por tirarse a matar tan entregado y tan de verdad que se le olvidó salir del embroque. La oreja fue de ley,y la cornada, injusto castigo.

El resto de la tarde se sucedió sin más. "El Cid" llevó a cabo una faena tan insistente como imposible al manso y blando primero; con el cuarto, el mejor del envío, anduvo intermitente en una faena que empezó bien, con un par de series sobre la diestra de buena factura, pero que bajó el diapasón en cuanto acortó distancias.

Y en la faena al sexto, que brindó a la cuadrilla de Fandiño en un bonito y emotivo gesto, no pudo mostrar otra cosa que voluntad con un animal parado y remiso.

Luque fue el peor parado, artísticamente hablando, pues ni con el tercero, que desarrolló mucho sentido, ni con el insulso y parado sexto, pudo hacer prácticamente nada.
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