26 de enero de 2020, 1:38:07
Opinion


Islamismo sangriento en Londres



David Cameron ha querido ser políticamente correcto, tanto que se le ha ido la mano. La condena al salvaje asesinato de un soldado inglés a manos de dos islamistas radicales ha venido acompañada de una aseveración tan cargada de complejos como fuera de lugar: “este acto es una traición al Islam”. Abundaba el premier británico en la idea del agradecimiento que le debe Reino Unido a la comunidad islámica “por todo lo que nos han aportado”. Sin embargo, lo que toca ahora es lamentar la muerte de un ciudadano británico con un indudable móvil religioso como trasfondo, por incómodo que resulte reconocerlo.

Es evidente que los asesinos no representan a la comunidad musulmana, no ya británica, sino del resto del mundo. Cada vez que se produce un hecho violento de estas características, parece un requisito insoslayable suavizar al máximo las formas para no herir la hipersensibilidad islámica. Es un error. Lo es, al menos, en un lugar como Reino Unido donde valores como la tolerancia o la integración están firmemente asentados. El asesinato del soldado británico es execrable en sí mismo, con independencia de la motivación que llevase a sus autores a cometerlo. Pero dicha motivación es la que es, y lo mínimo que se le debe pedir a David Cameron es que tenga el suficiente coraje político para hablar de ello sin complejo alguno.
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