12 de noviembre de 2019, 1:56:40
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El kirchnerismo cumple una década en el poder bajo la necesidad de renovarse


El kichnerismo, o la era "K", cumple este 25 de mayo una década en el poder bajo el mérito de sacar a Argentina del "corralito" y con el reto de renovarse, ante el abismo económico en el que se encuentra el país suramericano en donde el aumento de la inflación y el desempleo despiertan los fantasmas del pasado.


La heterodoxia económica aplicada hace una década por el fallecido expresidente Néstor Kirchner logró que Argentina creciera con fuerza tras la crisis, pero las políticas que alumbraron ese éxito ya no se aplican y el modelo debe dar un golpe de timón, según expertos consultados por Efe.

Tras la debacle de 2001-2002, Argentina creció en los últimos diez años a una tasa promedio del 7,2 % anual gracias a medidas aplicadas por el Gobierno de Kirchner, que llegó a la Presidencia el 25 de mayo de 2003, para incentivar el consumo y reactivar la industria y la actividad agropecuaria.

"El modelo tiene elementos positivos. Con la crisis de 2001, donde Argentina había quedado arrodillada, que se vuelva a parar en tan poco tiempo no es poca cosa", dijo a Efe el economista Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica.

Sin reservas monetarias, deudas por 180.000 millones de dólares, un tejido productivo destruido, una tasa de desempleo del 24 % y un nivel de pobreza que llegó al 57 %, Kirchner tomó las riendas, según sus propias palabras, de un país descendido al "infierno" para, al menos, devolverle al "purgatorio".

Hoy el escenario social es muy distinto: el país acumula diez años consecutivos de crecimiento, algo inédito en su historia, la pobreza se ha reducido al 5,4 % y la tasa de paro es del 7,9 %.

"Uno de los aspectos más notables fue el desendeudamiento gracias a la astuta negociación de la deuda pública, donde un 93 % de los acreedores aceptó la canje en condiciones favorables para Argentina", destacó Castiñeira.

Para Fausto Spotorno, economista jefe del Centro de Estudios Económicos Orlando Ferreres, uno de los aciertos del modelo en su primera etapa fue mantener las cuentas públicas ordenadas, con un tipo de cambio alto y superávit fiscal y comercial.

Esa política se mantuvo firme durante la gestión de Kirchner, pero comenzó a relajarse con su esposa y sucesora, Cristina Fernández, elegida en 2007.

Tras la muerte de Kirchner, en octubre de 2010, los problemas fiscales e inflacionarios de Argentina se acrecentaron.

La "década ganada", como Fernández se refiere a esta etapa, no estuvo exenta de medidas polémicas, como la nacionalización de los fondos de pensión (2008) y las expropiaciones de Aerolíneas Argentinas (2009) y del 51 % de las acciones de la española Repsol en la petrolera YPF (2012).

En la lista figuran también las restricciones comerciales y cambiarias y la congelación de tarifas en el sector energético, donde la falta de inversiones es uno de los talones de Aquiles de Argentina.

Pero, según los economistas consultados, uno de los grandes errores fue no frenar a tiempo los estímulos a la actividad y abandonar las políticas de ahorro fiscal, lo que abrió paso a un escenario de inflación.

"Con la economía recuperada, se requería un cambio de modelo, que mantuviera los equilibrios económicos pero sin sobre-estimular la actividad. Pero se continuó con la política de estimular la economía a como diera lugar. Eso genero inflación. Y ahora estamos con una economía enfriada y con inflación", señaló Spotorno.

Para Castiñeira, el "declive" del modelo comenzó en 2008, poco después de la asunción de Fernández, cuando el Gobierno destinó sus reservas a frenar el impacto de la crisis global en el país y paliar las pérdidas provocadas por la sequía en el sector sojero, una de las principales fuentes de ingresos del país.

"Por no enfriar la economía, en vez de tomar la decisión política de recuperar el superávit fiscal perdido, el Gobierno siguió aumentando el gasto por encima de los recursos y estas variables van de la mano con la inflación, porque si el país se financia emitiendo dinero, la consecuencia es inflación", apuntó Castiñeira.

Según el experto, la decisión del Gobierno de no reconocer la inflación llevó a un atraso cambiario y a una fuga de divisas que finalmente derivó en las restricciones cambiarias vigentes.

"Después del 2008 el modelo se empieza a desvirtuar. El error estuvo en no cuidar la gallina de los huevos de oro, en creer que la emisión puede reemplazar al ahorro. Sin superávit fiscal, el modelo no se sostiene. Los pilares del modelo -tipo de cambio competitivo, superávit fiscal y externo- colapsaron uno tras otro", afirmó.

Aún así, el economista aclara que Argentina no está al borde de un colapso como el de 2001, aunque sí ante el riesgo de caer en una recesión si el Gobierno no da un golpe de timón y envía señales adecuadas al sector privado de que buscará corregir el rumbo.
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