21 de enero de 2020, 19:27:37
Opinion


Terrorismo islámico en Londres

Antonio Hualde


Las imágenes del asesino del soldado inglés en Londres, jactándose de su hazaña ante la cámara con las manos aún manchadas de sangre, son tan atroces como reveladoras. Por cierto, asesino y punto; presunto su padre, en todo caso. Ya va siendo hora de dejarse de tanta consideración con quienes se dedican a morder la mano que les da de comer. La salvajada en cuestión ha sido cometida, una vez más, en el nombre de Alá. Una vez más, contra alguien inocente -todas las víctimas del terrorismo lo son, lleven o no uniforme-. Y una vez más, generará reacciones oficiales en apoyo al Islam.

Imaginen que un budista, un judío o un católico matan a sangre fría a un musulmán sólo por el hecho de serlo. Millones de personas se manifestarían en todo el planeta para clamar venganza, a buen seguro dejarían tras de sí una ola de muerte y destrucción. Ya ha pasado más veces y, por desgracia, volverá a pasar. Hace no mucho pude ver una viñeta en la que aparecía un clérigo musulmán con gesto sereno mientras decía que no puede juzgarse a todo el Islam por el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York -casi 3.000 personas asesinadas, conviene recordarlo-. En una viñeta posterior ese mismo clérigo montaba en cólera ante Los Versos Satánicos, el libro de Salman Rushdie, gritando “¡Muerte a Occidente”!

La viñeta en cuestión es mucho menos anecdótica de lo que se pueda pensar. Todos tenemos amigos musulmanes que viven perfectamente integrados en la sociedad y de los que nadie sospecharía que pudieran cometer barbaridad alguna con su credo como excusa. Yo, desde luego, pongo la mano en el fuego por los míos. Ahora bien, si hay un denominador común en todos ellos es un cierto victimismo que les hace reiterar cansinamente el argumento de que el Islam está perseguido. ¿Dónde? Volviendo al ejemplo de antes, si un budista o un judío degüellan a un musulmán en pleno Londres, David Cameron se apresuraría a afirmar lo intolerables que son los ataques contra el Islam, añadiendo que el Reino Unido es un lugar de acogida y tolerancia. Y otro tanto harían Hollande en Francia o Rajoy en España.

Ha pasado lo contrario y, sin embargo, casi todas las reacciones -excepción hecha de un puñado de ultras descerebrados- apuntan hacia no criminalizar el Islam. Sea, pero que la cortina de humo no nos ciegue: a día de hoy, el Islam tiene un problema, y es un problema que nos afecta a todos. Ni los que estaban en las Torres Gemelas aquel fatídico día, ni los que iban en los trenes de Madrid ni el soldado que paseaba anteayer por Londres habían atacado al Islam. Pero murieron asesinados a manos de unos terroristas que, si bien no explícitamente apoyados, se saben en cierto modo justificados.

Al más puro estilo Rajoy, David Cameron ha sacado a pasear sus complejos afirmando que lo ocurrido en Londres "es una traición al Islam". La memoria del soldado muerto, en cambio, reclama que se cuente de verdad qué pasó: una aberración en nombre del Islam -bendecida, para más inri, por el clérgio en quien se inspiró el asenino-. O los musulmanes se echan a la calle para posicionarse abiertamente contra este tipo de actos o la relación Islam-violencia seguirá tan fluida como hasta ahora. Egipto, Irak, Pakistán y otros muchos países son escenario de persecuciones islámicas hacia otras confesiones -especialmente, cristianas-. Y a pesar de ello, nadie va degollando inocentes por el mundo para vengarse por ello.
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