26 de enero de 2020, 5:04:49
Opinion


Militantes y barones, a la greña con Rajoy y Rubalcaba

Joaquín Vila


Aquí no se salva nadie. Después de la colleja que Aznar le propinó a Rajoy ante las cámaras de televisión, ahora le toca el turno a Rubalcaba que se las creía muy felices y resulta que a los pocos días se le levantan las bases, los militantes y los barones del partido ante su estrepitoso fracaso como líder de la Oposición.

Y es que en tiempos de crisis, todos enfocan a los políticos como los responsables. Porque, además, lo son.

En el PP ya está claro que hay un núcleo duro de los llamados barones (Aznar, Esperanza Aguirre, Zaplana...) y un buen número de militantes y votantes del partido que están hartos de Rajoy. La subida de los impuestos supuso el pistoletazo de salida de la revuelta interna y la meliflua actitud del presidente del Gobierno con los nacionalistas y con otras muchas cuestiones ha espoleado a los críticos. Los argumentos del Gobierno no convencen a nadie, al menos hasta el día en que la economía empiece a repuntar. Pues, en caso contrario, es probable que esos barones y militantes se enfrenten a cara de perro y pongan a Rajoy entre la espada y la pared.

El tiempo pasa y, pese a que algunos índices económicos parecen mejorar (el déficit, la prima de riesgo...), el paro sigue desbocado y el final del túnel todavía no se vislumbra. Rajoy tiene la mayoría absoluta en el Parlamento y nadie le moverá de su poltrona, salvo que la presión de esos barones y militantes le resulte insoportable y tire la toalla. Y no sería Aznar su alternativa. Ya hay mucha gente que apunta a Esperanza Aguirre como tabla de salvación del partido, apoyada hasta las cachas, eso sí, por el ex presidente.

Pero aún es más crítica la situación de los socialistas. A pesar de la crisis, de Bárcenas y compañía, el PSOE se hunde sin remisión, mientras la izquierda pura y dura crece y afila las garras preparándose para el asalto final. Como ya hemos comentado hasta la saciedad, si hoy se celebraran elecciones, la pérdida de votos de los dos grandes partidos daría paso a los radicales, a los nacionalistas y a los grupúsculos antisistema. España sería ingobernable y el Parlamento, un gallinero.

Y mientras las medidas del Gobierno no den sus frutos y Rubalcaba siga a la deriva, el panorama político se encrespa cada día más. Porque la revuelta de militantes de este fin de semana en Segovia no es ninguna broma, sobre todo, porque detrás de ellos hay muchos pesos pesados del partido que también quieren mover la silla del líder del PSOE, aunque todavía no han dado la cara. Pero en cuanto vean la oportunidad sacarán todas sus armas para derribar al jefe de la Oposición.

El futuro, pues, parece incierto. Todo un misterio. Rajoy ha logrado eludir el rescate y parece muy seguro de sus medidas. Pero aquí, como en todo, sólo vale ganar. Y el PP tiene que ganar por goleada. Pues en caso contrario, lo dicho. España, un gallinero. O Merkel se planta en La Moncloa para chuparnos la poca sangre que nos queda.
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