21 de enero de 2020, 19:31:31
Opinion


China en México y América Latina

Marcos Marín Amezcua


Hablemos de China. Le aseguro que es muy posible que perturbaré su calma. Acaba de pasar por México el presidente chino Xi Jinping y ello me mueve a reflexionar sobre el poderío chino y su proyección regional.

Durante mi estancia en el Archivo General de Indias situado en Sevilla, encontré una interesante carta fechada en Manila en 1764, en que el recién nombrado gobernador español de las recuperadas islas Filipinas, escribía al rey Carlos III describiendo el comportamiento de los comerciantes chinos que contrabandeaban en aquellas ínsulas a despecho de las leyes españolas. Advertía que no respetaban las reglas y que solo veían por sus intereses, inundando de sus mercaderías aquellas lejanas tierras. ¿Le suena familiar?

Quién iba a decirle al gobernador aquel que dos siglos y medio después, mientras las calles de la Ciudad de México están infestadas de tales mercancías con las pugnas comerciales entre los dos países –con demanda mexicana a China ante la OMC– y presiones diplomáticas chinas confesas por recibir aquí al Dalai Lama, la visita a México del presidente chino sería la primera escala de una gira por una América Latina receptora hace ya varios años de productos chinos e inversiones en el eje de la búsqueda del predominio mundial de ese país; un predominio que va desplegando apoyos aa la región –de los comerciales a los diplomáticos– en un tú a tú con Estados Unidos, sin complejos ni titubeos, con firmeza y sin esperar el beneplácito de Washington, al que no le están preguntando qué le parece. Estados Unidos es visto aquí por muchos como indiferente e insensible a la región, en crisis recurrente y ocupado en Oriente Medio y cuya desaceleración abona al desafecto hacia él frente a bloques e iniciativas más dinámicos que claman por encararlo. China aquí y en otras partes se está aprovechando eficazmente de tales circunstancias llenando los huecos que deja, pese a la yanquifilia existente allí. China le está plantando cara a Estados Unidos y hace mucho más que llamar a la América Latina como el patio trasero de Estados Unidos, como la definió el secretario de estado Kerry en abril de 2013.

Pero eso sí apreciado lector en el Viejo o el Nuevo Mundo: sepa usted que si yo afirmo en México "China va en rápido ascenso y está desplazando a los Estados Unidos", hay personas en mi entorno que se ofenden. Les da urticaria y defienden a ese país como si fueran marines de su armada sin ser estadounidenses, claro. Grotesco. Haga de cuenta como si les hubiera usted insultado en primera persona o a su más apreciado pariente. No les gusta y les incomoda oírlo. No lo admiten. No es mi problema, naturalmente. No pienso callármelo, por supuesto y los datos y las evidencias allí están si es que quieren verlas. Y sí: hay quienes prefieren hacer como el avestruz. Allá ellos.

Nada les dice que China es desde 2010 la segunda economía mundial, tanto como que destaca en muchos rubros o que se pronostica y, si gusta, tómelo solo como eso: como un pronóstico que como tal pue’ que sí o pue’ que no, la vislumbra como la primera economía mundial en 2026 y primera potencia militar en 2035. Mientras tanto se habla de “Chinafrica” queriéndose decir con ello que China se ha acercado a ese continente a recoger lo que haya quedado aprovechable, prodigando beneficios y ayudas. Todo, claro, nunca a cambio de nada ni solo de sonrisas de africanos agradecidos. Algo nos quiere decir todo eso. Sume usted que China hace ya una década que es el segundo socio comercial de México, introduciéndose en la región latinoamericana mucho más que allí, destacando Brasil, con el cual ha establecido todo un eje.

Con semejante panorama el ascenso chino es innegable y reconozco que me es sorprendente por su rapidez. Siempre he sabido que el siglo XX fue el siglo americano y que el siglo XXI no lo sería más. Lo que nunca pensé fue que tan pronto China actualizara esa frase que repetía la generación de mis padres diciendo que “China es un gigante dormido. El día que despierte, el mundo temblará”. Me resta decir que el gigante ya despertó y está hambriento e insaciable. Y quiere el primer sitio. Y no le veo ganas de detenerse y ya actúa.

En ese contacto, las últimas jornadas he leído y oído disparates inauditos sobre la relación México-China. La más acuciante versa sobre que ambos países eran pobres en los años setenta y China, la autoritaria, sí supo despegar. Respondo: sí pero a cambio pasando por encima de muchas cosas claro, faltaba más y sí, en tanto México adoptaba el neoliberalismo como política económica acompañada del “no hay de otra” siempre justificante, que ha polarizado a la sociedad, aumentando la desigualdad y que, finalmente, no trajo el progreso prometido con las privatizaciones de empresas públicas, los tratados de libre comercio, la desmedida apertura comercial, por otorgar la doble nacionalidad, la reducción de reglas de inversión y arancelarias o la supresión de trámites migratorios para que los estadounidenses entraran a México sin más, que se suponía que atraerían riquezas a los mexicanos al por mayor. Desilusiónese porque no llegaron. O no como nos las prometieron.

Además, China sí ha emprendido una gigantesca política comercial, promocional y proactiva en la región latinoamericana, mientras el presidente de México Peña Nieto solo destila retórica hueca. China emite hasta televisión en español y despliega una fortísima propaganda. China no está jugando a ver si logra convencer. Esta jugando en serio. Lo he dicho en un par de ocasiones: ¡los chinos nos va a comer a todos! A todos.

Aquí lo grave es que no nos queremos enterar. Nos seguimos quedando con el estereotipo tradicional y negativo de los chinos: arroceros y en pagodas, pese a que la balanza comercial les sea favorable ¡10 a 1! Ya no hablemos de saber de su poder nuclear o de su presencia aeroespacial. En México clamó el mandatario chino por una alianza estratégica frente a “desafíos comunes”. Ya sabemos cuál y es nuestro vecino del norte y se le invita a Chichen Itzá. Que no siendo China un país petrolero inyecte un crédito de mil millones de dólares a la exhausta petrolera mexicana, saqueada, da qué pensar, mientras Peña Nieto dice que China nos abre la región Asia-Pacifico. Desconozco pruebas fehacientes de ello. A cambio damos la espalda a Tíbet y Taiwán al refrendar México el principio de “una sola China” en voz de Peña. Y esta vez no nos regalaron pandas, sino promesas en trenes de alta velocidad e infraestructura portuaria de punta. Ya le digo, de pagodas nada queda o casi. Yo hago votos para que China defina una política clara y no el doble discurso.

China ha dado pasos muy audaces: se la señala saboteando sistemas de seguridad del gobierno de Estados Unidos, se acerca a América Latina, ha propuesto a Brasil abandonar el dólar como moneda referencial, mientras le compra bonos al tesoro estadounidense que le promete a Pekín pagarlos muy bien…si tiene con qué, y China no le cobra antes. China está imparable y más nos vale asumirlo de una vez por todas. Y no lo dejo con la duda: no me entusiasma la rancia y decadente preponderancia de los Estados Unidos y menos me entusiasma la ascendente china. Solo puedo decirle: es lo que hay.
El Imparcial.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.elimparcial.es