20 de septiembre de 2019, 1:50:11
Opinion


El significado de las elecciones municipales en Italia



En Italia, durante los pasados domingo y lunes, se han celebrado unas importantes elecciones municipales que han reforzado tanto al Partido Democrático como al Gobierno de coalición: el voto celebrado en más de 500 pueblos y ciudades (entre ellas, Roma, Catania, Treviso, Brescia y Siena) representaba una espinosa prueba para el Gobierno de Enrico Letta y su estabilidad. No cabe duda de que el resultado da al centroizquierda italiano un respiro ya que, pese al malestar de parte de la base por el acuerdo con Berlusconi, venció en las principales ciudades en las que se disputaba la segunda vuelta de las municipales. Por su parte, el partido de Silvio Berlusconi paga su inmovilismo y su campaña electoral centrada en el poder carismático de su líder, apuesta que funciona a escala nacional, pero no convence en el ámbito local. Asimismo, las elecciones han puesto de manifiesto dos datos: por un lado, el fuerte abstencionismo (un 30 por ciento de participación menos de los comicios locales de 2008) demuestra la desilusión popular y confirma el creciente malestar de los italianos respecto a los políticos, la pérdida de fe en su labor; y, por otro lado, ha evidenciado la fragilidad del Movimiento 5 Stelle (M5S), que en las elecciones generales de febrero se postuló como una posible cura al desencanto ciudadano y que, a través de un programa demagógico y promesas de difícil cumplimiento, había conseguido canalizar el descontento popular y el voto de protesta, alcanzando un resultado excepcional.

Estos comicios ponen de manifiesto la urgencia de renovación que tiene la política italiana, de acercarse a los ciudadanos, comprendiendo que los escándalos, la corrupción y el “mal gobierno” aumentan la separación entre los electores y los políticos, alimentando el abstencionismo y el malestar general. Como sabemos, el de Italia no es el único caso en Europa, pero sí, quizá, el más llamativo. La clase política italiana debe comprender que lo que antes parecía impresentable, ahora resulta insoportable. Por eso, debe reformar el país y plantearse medidas necesarias para impulsar la economía, apelando a la responsabilidad de todas las fuerzas políticas. El resultado representa un importante impulso (no sólo moral) al primer ministro Letta y demuestra que la formación de este Gobierno de coalición era la única vía posible para poner fin al bloqueo político y a la incertidumbre de los últimos meses. El nuevo Ejecutivo debe seguir trabajando por el bien de Italia y de Europa, adoptando aquellas medidas necesarias para que Italia salga pronto del callejón en el que ha estado recientemente. Ante el agravarse de la situación económica y política institucional, Italia necesita contar con un Ejecutivo fuerte y estable, que acometa unas reformas urgentes de carácter económico, social y jurídico-institucional. Italia tiene el deber –y las condiciones- de recuperarse y ofrecer una reforzada imagen de credibilidad, tanto económica como política.
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