20 de enero de 2020, 2:38:05
Opinion


España, confianza en sí misma y el caso Nadal

José Eugenio Soriano García


Leyendo la entrevista que concedió como despedida, Alan Salomont, embajador de Estados Unidos en nuestro país, y quien tras tres años y medio deja ya su embajada, me sorprendió que diera en el clavo con tanta precisión siendo al fin y al cabo, un extranjero, por muy formado que esté y por mucho que haya estudiado e intentado comprender a nuestra nación. Decía, con algún dolor, que “el mayor problema de España es que no tiene confianza en sí misma”. Exacto. Porque sencillamente tenemos ya miedo a reconocernos siquiera como españoles, frente a lo que en cualquier otro país de nuestro alrededor en toda la Unión Europea, no digamos frente a los propios Estados Unidos, o si queremos mirar a Iberoamérica, frente a Brasil, Méjico, o a quienquiera que sea, es que han conseguido en la clase política, amedrentada y asustadiza a negarnos la propia condición de españoles. Por de pronto, para satisfacer a los nacionalismos, negándonos los más elementales y simples requerimientos propios, como los símbolos de identidad, que por cierto, miman hasta la locura precisamente los nacionalismos. Y al mismo tiempo, falta de una clase solvente, prestigiada y robusta que sea capaz de sentir orgullo de hacer bien las cosas y hacerlas bien, cuando lo que aquí ha ocurrido es que precisamente han hecho mal y a costa de todos nosotros, de todo el pueblo español, lo que elementalmente podría haberse hecho medianamente bien simplemente siendo honrado y cumpliendo con su deber cada uno: el caso paradigmático de las Cajas de Ahorros lo dice todo; ni un euro se ha puesto en la Banca y en cambio en las Cajas hemos tenido que poner tanto que nuestra deuda está disparada, la prima de riesgo llegó al escándalo porque nadie se fiaba ( y ya veremos lo que se fían ahora) y ya las pensiones van a tener que pagar a las Baknkias, CAM, Cataluña Caixa de turno y tantas otras.

Todo ello en un contexto de anarquía e individualismo que se ha propiciado por los poderes públicos para que cada cual mire a su ombligo y se olvide de los demás.
Además, han ido destruyendo lo que tenía de bueno el país en cuanto a la selección de los mejores. Así se ha eliminado el mérito y la capacidad. No hay más que nombrar cualquier cosa que tocan los políticos, sea el propio Tribunal Constitucional, sea el nombramiento de Jueces – incluso para los que designamos para los Tribunales comunitarios – para comprobar que la cosa no tiene remedio, de momento.
Y así nos irá de mal en peor. No hay el menor motivo para el optimismo. Cuando un político llega a un cargo o carguito, lo primero que hace es quitarse de en medio a los técnicos que por oposición y con experiencia sabían de los asuntos y nombrar a parientes y amigos. No hay ningún criterio a diferencia por ejemplo de lo que ocurre ahora en otros países (ver mi artículo en EL IMPARCIAL sobre la CRESAP en Portugal, eso sí, impuesta por la troika) para ver que no hay mérito ni capacidad. Que la ilusión de los jóvenes es inexistente, todo lo más que le den algo, a ser posible, sobre todo, si están en la juventud de un partido político.

Por eso contrasta y da enorme satisfacción ver cómo, pese a todo, individualmente sí hay muchos españoles, fuera del Gobierno, de los Partidos y allegados, de las Autonomías y sus Estaditos, de los enchufados municipales, que con esfuerzo, sacrificio, y trabajo, con mérito y capacidad – las palabras prohibidas en el vocabulario político – son capaces de llegar a lo más alto y por su cuenta, sin contaminación de la política
Rafael Nadal es el ejemplo. De ahí la admiración que nos produce. Ninguna Administración politizada, ningún partido político ha sido capaz de producir un Nadal en ninguna esfera. Aún más, y acabo ¿qué creen ustedes que le habría pasado a Nadal si su carrera la hubiera determinado o tenido que depender de un partido político?
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