17 de octubre de 2019, 12:28:00
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copa confederaciones 2013


España es protagonista en la Confederaciones pero, ¿cómo llegamos a la cita?


La Copa Confederaciones es el único trofeo que se ha resistido a la generación de futbolistas que han elevado a la selección española a las cotas más altas de la historia del fútbol. Con el fracaso del torneo de 2009 en mente, el vestuario español llega a Brasil convencido de cerrar el lustro dorado conquistando el trofeo en casa del equipo carioca. Sin embargo, Vicente del Bosque ha de afrontar dudas tácticas, el cansancio acumulado y el debate de la portería. El Imparcial repasa el estado del combinado nacional de cara a este campeonato.




La selección española ha desembarcado en Brasil con el estatus de favorita indiscutible para ganar el trofeo que no figura en el lustroso palmarés patrio. Desde que Luis Aragonés aliñara con mentalidad ganadora la incipiente calidad técnica de un grupo de jóvenes futbolistas curtidos en sus clubes casi desde la salida de la adolescencia, España ha jugado con la actitud de saberse superior a cualquier rival y ha conquistado el Mundial sudafricano y la Eurocopa polaco-ucraniana en consecuencia. Sin embargo, se cruza de nuevo la Copa Confederaciones, la única competición en la que el combinado nacional ha puesto rodilla en tierra desde que arrancara el ciclo glorioso en 2008.

Este campeonato, como el tiempo y el propio fútbol, no entiende de pasado, por muy glorioso que este haya resultado. El favoritismo español, indiscutido desde cualquier prisma o región de donde provenga el análisis, es un hecho, pero no debe generar autocomplacencia en el vestuario de Vicente del Bosque. Este es uno de los peligros a los que la flamante campeona de Europa debe hacer frente. El susto de Suiza en 2010 y la primera fase de aquel torneo glosan esta apreciación.

La confianza en un estilo que ha colocado a los nuestros en la leyenda del balompié debe otorgar solidez a esa mentalidad rocosa que desprende tranquilidad cuando la gloria está en juego. No resulta razonable ceder espacio a la tozuda argumentación de la vía única de juego que ha generado estresantes tropiezos en la presente fase de clasificación para Brasil 2014. Los empates cedidos en los últimos minutos ante Francia y, sobre todo, Finlandia hablan de la necesidad de abrir el esquema a caminos accesorios cuando la fluidez combinativa se olvida de la portería rival y se atasca en la horizontalidad, porque otro hecho constatado es que nadie va a poner en duda la posesión a España. El rival defenderá al borde de su área o llevará su zaga al medio campo para ahogar la salida de balón. En cualquier caso, se replegará. Ensimismarse en la posesión de balón ha costado serios disgustos a la cuna de este equipo nacional: el Fútbol Club Barcelona.


Es por ello que el debate -la duda principal que arrastra el cuerpo técnico- sobre la opción de apostar por un falso nueve, que refuerce la presencia en el centro del campo en detrimento de fijar a la retaguardia rival con un nueve apostado entre sus centrales, no se considera peccata minuta. Vicente del Bosque ha manejado con sabiduría las dos vertientes en la pasada Eurocopa, pero en los últimos meses no ha funcionado su receta. La nómina de segundas opciones ha sufrido mermas notables: la importante baja de Fernando Llorente -único atacante imponente-, el descenso abrupto en el rendimiento de David Villa, la trayectoria inestable de Fernando Torres -que no ha sido convocado con regularidad para las filas del equipo nacional- y el estancamiento de Jesús Navas. Todos estos argumentos se han desatado en los últimos doce meses alimentando la dificultad de la selección para cambiar de esquema cuando la posesión anestesiaba la mordiente ofensiva ante enemigos agazapados con firmeza.

Con este asunto sin resolver y entregando su resolución a la confianza que se ha ganado el talento inagotable de Xavi, Iniesta, Silva y Cesc para generar peligro y jugar con el ritmo de partido a su antojo, dos jugadores han irrumpido con vehemencia en el último mes de Liga y en la concentración previa a esta Confederaciones. El primero, Pedro, se ha ganado un puesto en el once inicial en las citas importantes de España con la movilidad vertical, el trabajo y la pericia goleadora que enamoró a Guardiola. El canario, que ha elevado su forma en el último tercio de temporada, parece gozar de un puesto en la alineación ocupando la posición del “11” clásico pero, ¿podría jugar como referencia única arriba? Esta solución mantendría la ocupación masiva de jugones en el centro del campo y podría estirar los espacios entre el centro del campo y la defensa rivales con Pedro encallado arriba.

La segunda pieza que reclama un lugar en el legendario once de esta España es Roberto Soldado. El delantero del Valencia ha ejecutado el mejor año de su trayectoria deportiva y, con la madurez suficiente tras haber luchado en empresas de brillo continental, llega a la lista de convocados mostrando quees, con diferencia, el punta convocado que exhibe una mayor forma física. Las cualidades del “9” son ciertamente conocidas, pero posee un ingrediente que parece quedar escondido en los debates sobre el teórico delantero centro titular: tiene hambre. Ganas imperiosas de vencer cada partido, cada pugna con el rival y, de paso, necesidad de añadir títulos a su palmarés particular. Este delantero quiere inscribir su nombre al lado de los gigantes que han deshecho las fronteras mentales del balompié español.


La baja de Xabi Alonso juega un papel inexcusable en el análisis de la situación de España de cara a la Copa Confederaciones de Brasil. El centrocampista del Real Madrid protagoniza el mal que aqueja a buena parte de los miembros de la zona medular de la Roja. El cansancio acumulado tras otra larga temporada que arrancó sin el descanso estival -por la disputa de la Eurocopa- ha desembocado en una lesión latente en los últimos meses que han apartado al tolosarra de la Confederaciones de manera definitiva. Asimismo, Busquets ha sufrido un parón en su rendimiento por molestias físicas. Iniesta, Silva, Mata y Xavi no disfrutan del estado físico ideal para afrontar esta cita con la historia. Tan solo Javi Martínez parece haber llegado a Brasil con la entereza y la potencia que le han convertido en el mejor mediocentro de la Champions League bávara.

El factor del cansancio podría jugar una mala pasada en la primera fase. España competirá en sus tres primeros partidos con tres selecciones de igual esquema: repliegue y transición. Uruguay -la mejor dotada desde el punto de vista técnico-, Nigeria y Tahití comparten la fortaleza física que complica, sobre el papel, la labor nacional de entrar en su poblada red defensiva. Sin embargo, bajo un paisaje similar se ganó el Mundial de Sudáfrica. La plantilla fue cogiendo tono con el paso de los partidos -hecho que costaría algún susto en los primeros encuentros-, para llegar a pleno rendimiento físico y mental a las rondas decisivas.


Por último, Vicente del Bosque debe afrontar una duda de más calado simbólico que deportivo. El seleccionador debe decidir a quién entregar la portería. La Confederaciones es el primer torneo en el que se desarrolla un debate con argumentos de peso sobre esta posición. Víctor Valdés demostró en París, en aquel partido definitivo ante Francia en la fase de clasificación para Brasil 2014, que ha ganado mucho terreno a Casillas. Iker, arrinconado en su club, sufre la consecuente pérdida de ritmo competitivo tras meses de ausencia. La participación del meta catalán o la elección del madrileño, en el plano deportivo, no supone una decisión dramática, ya que ambos porteros se manejan entre las primeras posiciones del ranking mundial. La erosión provocada por dejar fuera al capitán de la mejor selección española de la historia, es otro tema. Mourinho puede dar fe de ello.

Con esta amalgama de incógnitas ha desembarcado España para conquistar el último título que se ha resistido a este lustro dorado. Pero en la maleta de la expedición de la Real Federación Española de Fútbol también viaja el talento sin parangón de este vestuario. La mayor concentración de creatividad y calidad técnica en una selección europea que ha conocido este deporte. Es este apartado el que aporta rotundidad al favoritismo expuesto con anterioridad. Un estatus que permite a los nuestros proyectar -y no soñar, como antaño- ganar la Confederaciones, primero, y el Mundial, en segunda instancia cronológica, a Brasil en su casa. Palabras mayores que cuentan con antecedentes tan legendarios como el Maracanazo uruguayo, en 1950.
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