18 de noviembre de 2019, 20:20:41
Deportes

españa gana su tercer europeo en tres años


Ya no hay valientes que nieguen un puesto en la Liga BBVA a los canteranos españoles. ¿O sí?


La selección española sub-21 ha culminado un trienio glorioso con el Europeo recién conquistado en Israel. En la hornada de jugadores que ha impuesto su calidad para dominar sin aristas a las nuevas figuras italianas, holandesas y alemanas destacan nombres como Thiago -mejor jugador del campeonato-, Isco -pretendido por clubes europeos- y Morata -máximo goleador del torneo-. Estos futbolistas disfrutan de un futuro libre de obstáculos para triunfar en el universo del balompie pero, ¿lo harán en la Liga española? El Imparcial analiza la relación entre la crisis económica, la fuga de talentos y la apuesta por la cantera tras otra demostración de clase del trabajo de base patrio.




Conquistar el fútbol europeo no es una empresa sencilla. En cualquier categoría -ya se trate de la más precoz, en la que el apartado físico marca la diferencia, o la profesional, donde los factores de la ecuación del éxito se multiplican-, no resulta fácil enfrentarse a las selecciones de mayor tradición ganadora y tumbarlos en los momentos decisivos. Ganar este tipo de campeonatos, por tanto, solo puede ser considerado como un hecho excepcional. Buena fe de esta aseveración puede dar la histórica serie de estragos en los cuartos de final de los mundiales disputados hasta el de Sudáfrica. Pero, si tocar el cielo una vez es sinónimo de gloria, volver a sentarse en el trono del campeón por segunda vez en tres años es elevar la dificultad y, por ende, la satisfacción, hasta el grado de hito histórico.

Alcanzar un par títulos internacionales seguidos es lo que acaba de conseguir la selección española sub-21. Al entorchado logrado en 2011, en Dinamarca, se ha sumado el trofeo continental alcanzado este martes como consecuencia de la amalgama de exhibiciones de estilo ofensivo mostradas en los estadios israelíes. La seguridad con la que los pupilos de Julen Lopetegui elevaron el nivel del juego de posesión con fluidez combinativa, verticalidad y talento técnico en la final ante Italia -a la que arrollaron con un marcador de cuatro goles a dos-, extiende el control del partido hasta el dominio hegemónico de España en el campeonato. No ha tenido rival. Por el camino se cruzaron dos canteras imponentes y de tradición ganadora: Alemania y Holanda. Pero la calidad de buena parte de los jugadores y el sentido colectivo, que concibe la red de pases como un elemento identitario -insuflado desde la coherencia que ha marcado la Real Federación Española de Fútbol cuando decidió que en todas las categorías se trabajara para conseguir un perfil de futbolista asimilable al estilo-, han ejercido de factores decisivos para que los nuestros reconquisten Europa con más fuerza que en 2011.

El carácter protagonista del combinado patrio queda reflejado en las estadísticas oficiales: Álvaro Morata (Real Madrid/Castilla) fue el máximo goleador, Thiago Alcántara (Barcelona) se erigió como mejor jugador con un hat-trick en la final, Isco (Málaga) se alzó como segundo máximo anotador y deleitó a la grada con sus pases, Sarabia (Getafe) es el jugador que más asistencias ha repartido y Rodrigo (Benfica) será recordado como el goleador de la fase de grupos -con la mejor marca española de la historia en esta categoría-. Pero, pese a este dominio en las cifras y sobre el campo, con jugadores de rendimiento sublime como Illarramendi (Real Sociedad), David de Gea (Manchester United), Martín Montoya (Barcelona/Barça B) o Koke (Atlético de Madrid), la plantilla que acaba de arrasar con su fútbol estético no goza de un puesto asegurado en la Liga BBVA.


Cabe recordar hazañas anteriores para comprender los males que han aquejado a las incipientes figuras que crecen en las canteras nacionales. Esos obstáculos que han provocado que nadie les haya guardado un hueco en los clubes más importantes de nuestro fútbol. Resulta reseñable el primer logro de las últimas décadas, en el que participaron Iker Casillas y Xavi Hernández. La selección española sub-19 que ganó el primer Mundial de la categoría para el deporte nacional contaba en su vestuario con delanteros de la talla de Pablo Couñago -pichichi del torneo- o David Aganzo (canterano del Real Madrid). Ninguno de ellos encontró un sitio en Primera División. De aquel equipo campeón, tan solo Yeste, Orbáiz y Aranzubía gozaron de la protección del Athletic de Bilbao. Barkero (Levante), Colsa (retirado) o Gabri (Olympiacos) no han disfrutado del hueco que aquel campeonato demandaba para ellos en la élite.

El salto temporal hacia el siguiente torneo referencial establece la parada en el Europeo de 2002, celebrado en Noruega. En aquel 28 de julio, España ganó la final a Alemania. Tumbaron al bloque teutón dirigido por Phillip Lahm -actual capitán del Bayern de Munich-. Fernando Torres anotó el gol de la victoria. El "niño" hizo las maletas hace tiempo y los aficionados españoles tan solo le ven cuando viene para competir contra un club de nuestro país en Champions League. De la convocatoria ideada por Iñaki Sáez para afrontar aquel desafío, tan solo Andrés Iniesta ha visto recompensada su calidad con continuidad. José Antonio Reyes (Sevilla), Sergio García (Espanyol) o el talentoso canario Carmelo, son ejemplos de la alergia a apostar por canteranos en la Liga de aquellos años de bonanza económica.

Por último, detenemos el repaso en el primer Europeo sub-21 de este trienio glorioso. El equipo que sumó el tercer entorchado de la categoría tras doblegar a Suiza en la final se componía de brillantes talentos. Esta es la lista de exiliados de aquel bloque ganador: Javi Martínez (Bayern de Munich), David de Gea (Manchester United), Diego Capel (Sporting de Lisboa), César Azpilicueta (Chelsea), Álvaro Domínguez (Borussia Moenchengladbach), Bojan Krkic (Roma), Juan Mata (Chelsea), Didac Vila (Milan) y Jeffrén Suárez (Sporting de Lisboa). Además, hay dos futbolistas que emigraron con retorno posterior: José Ángel, exquisito lateral izquierdo, abandonó su club de nacimiento, el Sporting de Gijón, para volar a Roma. Un año después, ha encontrado su puesto en la Real Sociedad; y Víctor Ruíz, que dejó su Espanyol querido -para no volver, de momento- al ser traspasado al Nápoles. En la actualidad, juega en Mestalla. ¿Ningún jugador de los "emigrados" tiene hueco en los clubes que pelean por los títulos en nuestro campeonato doméstico?


La falta de experiencia ha dejado de ser un argumento anti-cantera

La relación de futbolistas que no han encontrado un sitio en la élite del balompié nacional tras conquistar el Europeo de 2011 y el de este junio -Morata, Joel (Wigan), Carvajal (Bayer Leverkusen/Real Madrid) y Rodrigo (Benfica)- deja en evidencia el tradicional argumento con el que los clubes justificaban la venta o arrinconamiento de sus talentosos jóvenes. La excusa estándar subrayaba la importancia de gozar de una dilatada experiencia en el gremio profesional para disfrutar de una taquilla en los vestuarios de Primera División. No se antoja factible, por tanto, regalar una oportunidad a un inexperto porque la exigencia y la presión son máximas. Pues bien, uno de los factores principales que explican este doble éxito continental de la sub-21 es la participación de la mayoría de nuestros representantes en equipos de la Liga BBVA. Clubes que han apostado por estos valores en un determinado momento. Cuando el nivel del jugador en cuestión excedía los objetivos del equipo, llegaba el momento de dar el coherente salto de calidad hacia otra institución de mayor potencial. Es en este punto donde los campeones de Europa, curtidos ya en la élite española, no encuentran apoyo en los grandes y, menos, en los gigantes de este país.

A pesar de acumular minutos en el profesionalismo doméstico y en competiciones continentales, no hay hueco. Sin embargo, esta experiencia juega en favor de los combinados que representan a nuestro fútbol en las categorías inferiores, ya que, si no es dentro, las promesas incipientes se han buscado las habichuelas fuera, y este bagaje gana campeonatos. Este ha sido el caso de la reconquista europea escenificada con exuberante dominio en Jerusalem.

La crisis económica como rampa de lanzamiento

Si bien se ha superado el discurso de las urgencias de la élite, la dificultad de cuadrar los balances económicos de los clubes representa el principal obstáculo para que podamos seguir disfrutando de artistas como Francisco Román Alracón, "Isco", cada domingo, en nuestra Liga. Una amplia mayoría de los clubes mantienen su existencia sumidos en la depresión financiera que han conllevado los excesos del pasado. La LFP y Hacienda trabajan, además, para solventar el abominable problema de la deuda de las instituciones futbolísticas en España. La aparición de los petrodólares no ha causado el efecto deseado y han creado más dudas que certezas -en Santander todavía buscan al indio salvador y en Málaga empiezan a verle las orejas al lobo catarí-. La UEFA ya no perdona a los morosos y la reglamentación en lo relativo a fichajes, comisiones fraudulentas e impagos entre clubes, se está endureciendo. El chiringuito de la Liga BBVA va a concluir en pos de un mayor rigor financiero, excepción hecha del reparto de los derechos televisivos.

Por todo ello, las Sociedades Anónimas Deportivas de nuestro fútbol no se plantean cuidar a sus canteranos. El objetivo, de momento, es poner parches a la cubierta del barco antes de que el agua lo invada todo. Bajo este paisaje, Jesús Navas ha abandonado su adorado Sevilla y Joaquín ha emprendido -ya pasada la treintena- la aventura europea que su fútbol demandaba. Y, contemplando este panorama, resulta muy complicado que Isco, el faro creativo de los flamantes campeones de Europa, siga en el Málaga. La calidad técnica y el potencial de las perlas que han brillado en Israel no forman parte de la ecuación que manejan los gestores del balompié patrio. A pesar de mantener una hegemonía clara en categorías inferiores y, aunque contemplemos como los resultados llegan también con rotundidad en la selección absoluta, todavía no hay hueco claro para el fruto de la educación deportiva de años y años de trabajo con los niños que se apuntan a los clubes españoles.
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