24 de enero de 2021, 10:44:30
Economía

Crónica económica


La economía de la discriminación en el apartheid


Nelson Mandela parece vivir sus últimas horas. Es una buena ocasión para recordar cuál es la historia del sistema contra el que ha luchado toda su vida: el apartheid.


¿Cuál es la historia y la economía del apartheid? Más allá de las condenas morales de rigor (rigor fláccido, pues esos mismos argumentos valen contra otras instituciones que se aceptan con agrado), la segregación económica con criterio racial en Sudáfrica merece un estudio que combine las motivaciones particulares en las circunstancias económicas históricas, con las enseñanzas de la economía.

¿Cómo se llegó a la creación de unas barreras tan drásticas a la economía de mercado? El origen del apartheid está en un cártel formado por los propietarios de las minas. No querían que su puja por contratar trabajadores llevase los sueldos al alza, de modo que prohibieron a los empleados negros renunciar a su puesto de trabajo para aceptar otro. Les cercenaron, así, su capacidad de negociación. Y se autolimitaron, asimismo, su opción de ofrecer mejores salarios para captar más trabajadores.

La otra fuente histórica del apartheid, quizás la más importante, procede de los trabajadores blancos pobres (la mayoría afrikaners, de origen holandés). No querían la competencia de los negros, por lo que lograron, por su peso en el proceso político, que se impusieran cuotas de negros en determinados trabajos (Acuerdo del Statu Quo), y se impusieran licencias que restringían la libertad de contratación. Los cárteles tienen corta vida, pues el beneficio, motor de la economía de mercado, los hace añicos antes o después. Y las compañías mineras (en manos de los blancos de origen inglés) comenzaron a pujar con mejores salarios por los trabajadores. Blancos y negros; es decir, también negros; fundamentalmente negros. Y ello provocó la “rebelión de la tierra” (1922) contra las empresas mineras por parte de numerosos blancos, que no querían una economía libre. El gobierno reprimió esa rebelión con las tropas del Ejército, con artillería, bombardeando desde el aire. Cualquier medio adecuado para acallar las exigencias de los blancos contra la economía de mercado. Murieron más de 300 blancos. Pero la situación política llevó a reforzar las exigencias de los blancos, con lo que estas leyes restrictivas se hicieron más y más duras.

Lo que tenemos, pues, es la discriminación no como fruto de un prejuicio, sino sobre la búsqueda de rentas (rent-seeking), con el apoyo de una forma fácil de discriminar, como es la raza. Este es el punto de vista de William Hutt, en su seminal obra The Economics of Coror Bar, de 1964. Ese sistema del apartheid no fue el resultado de una conspiración por parte de un grupo de privilegiados, sino el resultado de una acendrada tradición de protección de los trabajadores blancos pobres. Como dice Hutt, “la conclusión global... es que la supervivencia del privilegio racial es más una consecuencia que una causa de la discriminación racial y de la injusticia. La explotación demográfica y la debilidad moral que sufren todas las razas han perpetuado las restricciones a la competencia de los no blancos y, por tanto, les ha mantenido en una situación de inferioridad económica”. Recordemos que, además de blancos ingleses y blancos afrikaners, hay negros de distintas razas y cultuas, así como indios y mestizos.

Este sistema de discriminación que sustituye al libre juego de la economía de mercado lleva, de un modo muy natural, a una economía centralizada. Pues las restricciones no sólo limitan el acceso al mercado de una parte de la población, sino que suponen sustituir las decisiones de los empresarios y los agentes del mercado por las del propio gobierno. De nuevo Hutt: Esta planificación central “ha evitado la inversión en los africanos como capital humano. Ha sustituido la coordinación delicada y efectiva que es responsabilidad de los agentes, sujeta a la disciplina de las pérdidas y las ganancias, por las decisiones de los funcionarios, que no están controlados por esta disciplina imparcial”.

Hutt señalaba la responsabilidad última en el sistema político, que le otorgaba el poder a los blancos. Un sistema que, para reafirmarse, tenía que reforzarse ideológicamente en el orgullo y el odio racial.
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