20 de noviembre de 2019, 15:57:27
Opinion


Egipto, un año después de los Hermanos Musulmanes



La muerte de dos personas en Alejandría es el triste balance de los incidentes en Egipto con motivo del primer aniversario de la llegada de Mohamed Mursi al poder. Los violentos choques entre partidarios y detractores amenazan con desestabilizar a un país que no acaba de encontrar el sosiego. Cada vez son más los que protestan contra la interrelación entre las actuales autoridades y las del antiguo régimen, así como por la islamización que se está llevando a cabo en el país desde que los Hermanos Musulmanes ganasen las elecciones. Su victoria electoral fue posible no sólo por el voto islamista, sino por la confianza de muchos egipcios que veían en ellos un atisbo de integridad, en contraste con las prácticas totalitarias y corruptas de la era Mubarak.

Poco queda ya de todo eso. El gobierno de Mohamed Mursi va camino de convertirse en un nuevo totalitarismo; y lo que es peor, con tintes islamistas. La censura de prensa y las detenciones injustificadas de miembros de la oposición están a la orden del día. A ello hay que sumar el matonismo de los baltageya, civiles armados que actúan en connivencia con las fuerzas de seguridad.

Lo que empezó como el fruto esperanzador de la llamada Primavera Arabe ha devenido en una nueva forma de opresión. Tanto Mursi como los Hermanos Musulmanes deberían tener en la memoria que fue precisamente el pueblo egipcio el que les eligió no para aplicar la Sharia, sino para otorgar al país un sistema de libertades y transparencia ausente en el antiguo régimen. Es un aviso a navegantes de que la islamización de la política, lejos de ser una solución, supone más bien un problema añadido.
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