25 de octubre de 2020, 14:56:33
América

Cae 27 puntos


Las protestas en Brasil desploman la popularidad de Dilma Rousseff


La ola de protestas que estremecen a Brasil desde hace ya veinte días comienzan a pasar factura política a la presidenta Dilma Rousseff, que ha sufrido una caída de 27 puntos en las encuestas, lo que siembra dudas sobre su posible reelección de cara a las generales de 2014.


Las masivas protestas que estremecen a Brasil desde hace ya veinte días le han restado popularidad y votos a la presidenta Dilma Rousseff y tendido un grueso manto de dudas sobre su posible reelección el año próximo.

Una encuesta difundida este sábado por la firma Datafolha reveló que las manifestaciones que han movilizado a millones de brasileños han tenido un impacto directo y demoledor en la imagen del Gobierno de Rousseff, que ahora sólo tiene el apoyo del 30 por ciento de la población.

Esa tasa supone una pérdida de 27 puntos porcentuales en relación al 57 por ciento de brasileños que respaldaban la gestión de la mandataria hasta el no tan lejano 8 de junio, justo antes de que las protestas pusieran al descubierto un profundo malestar social,

Datafolha también comprobó una gran caída en la intención de voto de Rousseff, que se sitúa ahora en un pico de 30 por ciento, frente al 51 por ciento que se le atribuía hace solamente un mes.

Entre los posibles candidatos presidenciales para el año próximo, quien más se ha beneficiado del derrumbe de la imagen de Rousseff ha sido la ecologista Marina Silva, cuya intención de voto subió del 16 al 23 por ciento.

También mejoró el opositor Aecio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien cuenta ahora con el respaldo del 17 por ciento, frente al 14 por ciento que ostentaba un mes atrás.

Datafolha también planteó en su encuesta la posibilidad de que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, antecesor y padrino político de Rousseff, decida apostar su popularidad en las elecciones de 2014 para intentar impedir que el Partido de los Trabajadores (PT) sea desalojado del poder, al que accedió en 2003.

El sondeo dice que si Lula fuera candidato obtendría un 46 por ciento de los votos y debería disputar una segunda vuelta con Marina Silva, quien frente el expresidente tendría el apoyo del 19 por ciento del electorado.

Sin embargo, Lula ha dicho más de una vez que no postulará para un nuevo mandato y que la "única" candidata del PT es Rousseff. Así lo ratificó la ministra de la Presidencia, Gleisi Hoffman, quien al comentar la encuesta de Datafolha aseguró que "Lula no es ni será candidato" y que la abanderada del PT será "la presidenta".

No obstante, las protestas que han revelado un profundo malestar en un país con un Gobierno "popular y democrático", como lo define el PT, han generado un mar de dudas y confusión en la coalición oficialista, que abriga a partidos de todo el espectro ideológico.

Las manifestaciones han irrumpido en momentos en que la economía brasileña ha comenzado a dar resultados decepcionantes.

Las previsiones de crecimiento para este año han sido reducidas semana a semana por analistas del mercado, que en su última revisión las situaron en un 2,46 por ciento, frente al 3,50 por ciento que aún baraja el Gobierno.

A ello se suma una inflación que ha acumulado un 2,88 por ciento en los primeros cinco meses de este año y afecta sobre todo a los alimentos, pese a que Brasil es uno de los mayores productores agropecuarios del mundo.

El encarecimiento de la comida alcanzó incluso al fríjol negro, ingrediente básico en la mesa de todos los brasileños y fundamental para la conocida "feijoada", pero que ahora escasea y se ha encarecido por una intensa sequía en las zonas productoras.

Según datos oficiales, en mayo pasado el precio de ese producto aumentó un 25 por ciento, mucho más que la tarifa del transporte, que con una subida del 8 por ciento desencadenó hace tres semanas las protestas generalizadas que ahora ponen en jaque al Gobierno.

En el corto plazo, los analistas temen que la inflación y unas tasas de interés en alza acaben por afectar el consumo interno, que ha sido hasta ahora uno de los motores de la economía nacional y la gran baza electoral de Lula, el PT y la propia Rousseff.
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