28 de septiembre de 2021, 21:40:49
Opinión


¿A qué aspira Ramoncín?



Durante la movida madrileña, un tal Ramoncín tuvo un papel secundario o terciario. Creía que con sus soflamas políticas iba a hacer carrera. Pero la verdad es que vendió cuatro o cinco discos, y a cual peor. Porque es que no sabe cantar y sus letras son deleznables. Es un “bluf” trasnochado.

Ahora, como está más marginado que Los Pecos, pretende unirse a la movida secesionista catalana para recuperar la imagen. Progre y memo.

Como era de esperar, hizo el ridículo en el esperpento secesionista que se celebró en el estadio de fútbol del Barcelona. Su voz es la de un gato afónico y sus canciones no las cantarían ni Pepe Goteras. Su actuación fue abucheada hasta por los taquilleros.

Intenta trincar unos euros en tertulias siniestras, en televisiones anti sistema con argumentos de progre desfasado. Pero ya ni le llaman. Cansa a las ovejas. Y menudas pintas gasta. Pelillo engominado con cresta, camisas multicolores y cara de presunto intelectual.

Pero lo del estadio del Barcelona fue la prueba de que no sabe ni por dónde anda. Nunca ha sido estrella, nunca ha vendido más de media docenas de discos y a sus conciertos no iba ni su novia. Por no sufrir.

Por eso, se ha ido a Barcelona: a pedir la secesión de la región española. El pobre no conoce ni la Constitución. Y por mucho que berree (erre que erre), se va a quedar con las ganas. No es un ídolo caído. Porque nunca ha sido un ídolo. Ni de su padre. No se ha caído, porque nunca se ha levantado. Nunca ha estado arriba. Y, ahora, nos sale secesionista. Quizás es su última oportunidad para seguir en la brechilla. Igual le ficha Artur Mas para que cante alguna de sus mamarrachadas. Pero no es probable. Se quedaría solo. ¿Quién aguanta una canción de Ramoncín?
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