30 de octubre de 2020, 23:28:05
Opinión


La justicia ha de hacerse respetar



De un tiempo a esta parte, las informaciones de tribunales han cobrado un protagonismo poco deseable, fundamentalmente en asuntos relativos a corrupción. Gürtel, los ERE o Noos acaparan portadas casi a diario. A propósito de este último caso, justo ayer Casa Real emitía un comunicado en el que calificaba de “martirio” los dos últimos años que el juez Castro lleva instruyendo la causa. Leyendo entre líneas, hay quien podría atisbar un cierto descontento por parte de la Corona con la demora en instruir un caso que, a priori, no parece ser excesivamente complejo.

Mucho más descarnadas han sido las críticas que desde el PSOE ese han vertido contra la juez Mercedes Alaya, a raíz de la imputación de una veintena de altos cargos -con Maleni a la cabeza-. Caso aparte -y habitual- las invectivas nacionalistas cada vez que una resolución judicial no les agrada. Así las cosas, si los representantes públicos son los primeros en no mostrar el debido respeto por la justicia, no pueden pretender que la ciudadanía lo haga.

Dicho lo cual, la justicia también ha de hacerse valer. Aún perdura en la memoria colectiva el deplorable espectáculo de politización y componenda ofrecido por el Tribunal Constitucional a propósito del Estatut de Cataluña, o las veleidades del ya ex juez Baltasar Garzón. Más allá de una endémica precariedad de medios y una carga de trabajo considerable, la demora en la administración de justicia choca frontalmente con el derecho a la tutela judicial efectiva recogido en el artículo 24 de la Constitución. Y los ataques por parte de servidores públicos son un ataque en toda regla a la independencia del poder judicial.
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