2 de agosto de 2021, 8:37:34
Opinión


Tiempo de bagatela

Juan José Solozábal


En estos días previos al verano se acumula el trabajo, quiero decir, los compromisos incumplidos, lo que genera intranquilidad y ahonda el desasosiego. No sé por donde empezar, cómo despachar esta acumulación de tareas pendientes.

Empiezo con la mañana de hace unas fechas en que recibo noticia de dos asuntos que merecerían cierto detenimiento. Ha fallecido el cervantista Marquez Villanueva, cuya necrológica firman en El País Carlos Martínez Saw y Juan Goytisolo. Tengo para los que se dedican a reflexionar sobre la condición espiritual del español, a partir de su exponente más insigne, que es Miguel de Cervantes, a la vez un sentimiento de envidia, pues no puedo concebir menester más fructífero a que dedicarse, y de agradecimiento, pues comprender mejor a Cervantes, como referente ético ineludible, redunda en nuestro beneficio espiritual. Tiempos malos estos, oscuros en la terminología arendtiana, además de bagatela, en que descuidamos la deuda que tenemos con los que, aunque haya tenido que ser fuera de los muros de nuestra universidad, han dedicado su inteligencia a afirmar los soportes de la identidad cultural patria.

En la misma mañana recibo el envío de Jon Juaristi de su libro Espaciosa y triste, ensayos sobre España, una colección de estudios sobre la identidad española, que, con la agudeza, erudición y gracia que le caracteriza, ha preparado el escritor bilbaíno. El argumento central del libro es una propuesta de entendimiento del País Vasco desde la formación de la identidad española. “España, viene antes, los vascos después”, rechazando la interpretación de lo vasco desde el encapsulamiento en una identidad prehistórica, pervertida por el acoso español, como gustan argumentar los nacionalistas,”mis antepasados”, advierte Juaristi. Se recuperan textos preciosos sobre Baroja, Unamuno o Cervantes perdidos en publicaciones al alcance exclusivo de especialistas. Con este libro Juaristi quiere corresponder a la contribución que en las “indagaciones con el proceloso territorio de las identidades nacionales” hicieron tres maestros de referencia: Julio Caro, Julián Marías y Diego Catalán.

Por lo que se refiere a mi prisma de dedicación profesional constitucional, veo que me falta por concluir el examen del informe que el Gobierno británico ha presentado en el debate sobre la independencia escocesa, consistente en un papel escrito por dos prestigiosos profesores de derecho público e internacional (James Crawford y Alan Boyle).

La tesis en la que se insiste en dicha pieza, ofrecida por el Gobierno británico en una admirable posición institucional, esto es, defendiendo los intereses no partidistas del Estado, es que el derecho europeo no ofrece garantías de continuación en la Unión de una Escocia independiente, que así, en la esfera internacional, tendría dificultades para presentarse como sucesora del Estado británico en la actualidad. Entonces el acceso a la tierra prometida se presenta incierto y de costosa consecución.


Me llama la atención asimismo una contribución del profesor Muñoz Machado sobre la reforma administrativa en preparación del actual Gobierno. Se trata de una pieza, a la vez divertida y sabia, del catedrático de Derecho Administrativo, cuya competencia y experiencia lucen en el artículo para la cuarta del País. En determinadas ocasiones los políticos creen que es momento de reformar y recurren al sabio funcionario (el don Eduardo Gorrochategui, del artículo) que saca del cajón el proyecto preparado para la ocasión que satisfará las expectativas de una opinión pública ávida de cambios y en realidad incapaz de descubrir la condición averiada del material que se le ofrece. Lo que no veo tan claro en el artículo de Muñoz Machado, si lo he entendido bien, es la fe en la reforma constitucional, que a través de una clarificación competencial, ofrecería orden y seguridad jurídica en nuestro sistema autonómico. No veo que la indeterminación de las normas constitucionales sea superable, en razón precisamente de su necesaria apertura, y no me parece mal que sea el Tribunal Constitucional el que a través de sus decisiones, defina el alcance efectivo de las facultades del Estado o las Comunidades Autónomas. Creo que, sin rebasar su margen de maniobra respectivo, todos los sistemas de nuestro tiempo son Estados jurisdiccionales en donde los Tribunales Constitucionales o Supremos tienen atribuido un significado político imprescindible. Desde este punto de vista, la historia del constitucionalismo americano es reducible a una relación de casos del Tribunal Supremo, y el Tribunal Constitucional alemán, a través de sus decisiones, desempeña un papel sustancial innegable en la vida del Estado.

Finalmente, me encuentro trabajando en el comentario a un libro sobre el medio ambiente, desde la perspectiva de los derechos fundamentales, publicado recientemente en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, en que consiste la tesis doctoral de su autor. El libro (Medio ambiente y derechos fundamentales de Fernando Simón Yarza) contiene una propuesta de comprensión del régimen que nuestra Constitución establece del medio ambiente, para lo que se utilizan, especialmente, determinadas herramientas procedentes sobre todo de la teoría constitucional (alemana)de los derechos fundamentales, aunque conviene decir que el autor se opone vigorosamente a conceptuar el derecho al medio ambiente como derecho fundamental constitucional. Se da cuenta asimismo en el libro de las aportaciones de la propia jurisprudencia europea al respecto, sobre todo considerando los ataques al medio ambiente como atentado contra al derecho a la vida familiar a que se refiere el artículo VIII del Convenio europeo de derechos humanos. Es un trabajo riguroso y extraordinariamente competente que pone de manifiesto la necesidad de que una Universidad renovada ofrezca oportunidades a gente del talento que el joven autor de esta monografía pone de manifiesto.

Tras exponerles el programa de cuestiones pendientes, o medio empezadas, estoy más tranquilo. Dejo para otro días el capítulo de viajes y de conspiraciones, que también merecen un poco de espacio. Vale.
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