23 de octubre de 2019, 14:46:41
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el imparcial entrevista al seleccionador español de bolivia


Xabier Azkargorta: "Hay demasiada vanidad en los dirigentes españoles"

Diego García

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona, el Bigotón Azkargorta (Azpeitia, 1953) ejerce su pasión desde el banquillo de su amada selección boliviana, donde, en 1994, se hizo un hueco en la historia del balompié. Sin embargo, en la leyenda de este estudioso del fútbol figura, también, haber ejercido de profesor de táctica y estrategia de Vicente del Bosque, ostentar el honor de ser en entrenador más joven en debutar en la Primera División española o el descubrimiento para el recuerdo del excelso Fernando Redondo. Inmerso en la eterna fase de clasificación para el Mundial, el técnico vasco comparte con El Imparcial su diagnóstico del deporte rey dentro y fuera de nuestras fronteras. Por Diego García


Cuando Bolivia le fichó para dirigir a su débil selección nacional, usted consiguió clasificar a aquel grupo de futbolistas semi-profesionales para el Mundial de Estados Unidos. Aquel hito le convirtió en un referente dentro del país andino. ¿Esperaba que le ofrecieran el gobierno del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte?
Aquel hecho lo considero anecdótico además de lejano. Lo que no hay duda es que el fútbol es un referente en estas sociedades y, cuando va bien, sobre todo en lo relativo a selecciones nacionales, toda la sociedad es más feliz. Pero creo que esto ocurre de igual manera en la sociedad europea.

En julio de 2012 volvió a hacerse cargo de la selección la Verde. ¿Qué evolución ha percibido en el balompié boliviano? ¿Qué fútbol se ha encontrado?
Con uno muy pobre. Ha evolucionado muy poco en todos los aspectos. Apenas se han solucionado los problemas que ya estaban en esa época. No hay ayudas oficiales, hay mucha carga de impuestos, poca organización deportiva para las competiciones y la competición en las categorías inferiores es escasa.
Además, el profesionalismo es muy bajo. La llamada liga profesional boliviana tiene solo dos o tres equipos que pasarían un examen poco riguroso de profesionalismo. Apenas sobreviven, están llenos de deudas y hacen verdaderos milagros para seguir.

Sin embargo, en los recientes partidos ante Argentina o Uruguay, se ha podido comprobar el rol social que sigue jugando este deporte en el pueblo.
La pasión por el fútbol es impresionante, pero la infraestructura es muy pobre, sin apenas ayudas oficiales, con una carga impositiva exagerada. “Los Veteranos”, “equipos presidenciales”, “figuras del 93” e iniciativas de este tipo -conmemorando el éxito logrado en los 90- se fomentan mucho, con su cervecita y churrasco post partido (en el conocido tercer tiempo), pero no evita la precariedad. Cuando hemos jugado en Chile, la prensa chilena destacó tres aspectos de Bolivia: que, en la fecha del partido, era la selección más joven de todas las que jugaban, que era la de menos presupuesto con diferencia y que en proporción era la que más impuestos pagaba. La afición es enorme pero hay que hacer un enorme trabajo en el desarrollo del fútbol.

Acercando el foco a su labor, la última vez que se enfrentó a Messi consiguió frenarle y empatar y golear a Uruguay con una plantilla de notable inferioridad técnica. ¿Cuál es la receta para tumbar a Goliat?
No hay recetas. Cada partido, cada equipo y cada rival es un desafío distinto. Es cuestión de sacar de cada jugador el mejor rendimiento. Algunos responden a la arenga, otros al cariño y algunos al orgullo. Afortunadamente, todavía el fútbol sigue jugándose equipo contra equipo y no jugador contra jugador. Procuro aplicar el concepto de romano “hic et nunc” es decir, aquí y ahora. Cada partido, cada minuto, cada segundo. Subir la escalera peldaño a peldaño.
En un ritmo bajo de juego, la técnica supera a casi todo y nosotros ante Argentina no queríamos dejarles pensar. Queríamos ser protagonistas, no ser un equipo de reacción sino de acción. El hecho de jugar en la altura nos da un porcentaje de temor del equipo rival que también podemos explotar como otros lo hacen con el calor y la humedad.



¿Cómo repartiría el peso en su discurso entre lo didáctico, lo psicológico y lo táctico para conducir a un equipo humilde de cara a un enfrentamiento con un gigante?
A los tres factores le sumaría el humano. Se juega como se vive y es más rentable enseñar a vivir que enseñar a jugar. Muchos tienen el concepto que se debe ser jugador a ratos y no es así. Si enseño a vivir 24 horas al jugador me da tres horas de entrenamiento de calidad pero si solo enseño las tres horas y me olvido las otras veintiuno no lograré casi nada. La exigencia es que hagan lo que saben hacer pero, ¡ qué lo hagan!

El sociólogo brasileño Ignacio Cano nos explicaba que el fútbol sigue siendo concebido en Latinoamérica como una herramienta de movilidad social. ¿Está usted de acuerdo con este análisis?
Sinceramente, para muchas familias el hecho de que un hijo sea futbolista significa un nivel social que de otra manera no se consigue. Este hecho hace que demasiados jóvenes abandonen sus estudios demasiado pronto.

Esto conecta con el problema que nos describía Whasignton Tabárez. El seleccionador uruguayo nos explicaba las consecuencias que la precoz marcha de los jóvenes futbolistas a Europa ocasionaban para los países exportadores de talento. ¿Qué opina al respecto?
Hay un fondo de verdad. La urgencia por recaudar hace que muchas veces se vendan jóvenes inmaduros que no saben de la vida, no son titulares y muchas veces regresan a su país sin triunfar. El reciclaje posterior es muy duro. Y los que triunfan, a veces, no asimilan su nuevo estatus y vuelven creyéndose los reyes del lugar. Hay que hacer mejor trabajo de formación y no tener tanta urgencia en la recaudación.

Usted fue el encargado de traer a España a Fernando Redondo, para el Tenerife. ¿Cómo recuerda aquella apuesta?
La apuesta de Redondo era muy segura porque ya era un magnífico jugador. Santiago Llorente le conocía muy bien y tuvimos un gran acierto al ficharlo. Fue un jugador único, de los que hay pocos, con los pies y con la mente.

¿Qué diagnóstico haría de los problemas de seguridad que arrastran los torneos organizados por la Commebol?
No quiero ser repetitivo pero se juega como se vive y la sociedad se refleja, incluso se magnifica, en los eventos multitudinarios. La llegada a los estadios es tumultuosa, no hay controles estrictos y la seguridad es escasa en la calle, lo que se traslada a los estadios.

¿Cree usted que sigue vigente el enfrentamiento de las escuelas Menotti (juego ofensivo por delante del resultado) y Bilardo (resultado por delante del juego) tras los triunfos de la selección española en el Mundial y el de Uruguay en la Copa América?
Ese debate me parece absurdo. Los dos nombres definen un estilo pero el planteamiento es inadecuado. Jugar bien te acerca al triunfo pero no te lo garantiza y jugar mal te acerca a la derrota pero tampoco te la garantiza. España tiene más logros que nunca porque juega mejor que nunca.


Usted estuvo relacionado con la labor social del Real Madrid fuera de España en la apertura de escuelas en América Latina. ¿Cree que el fútbol de los países desarrollados hace lo suficiente en este sentido?
Creo que el fútbol es un vehículo inigualable para trasmitir cultura, solidaridad y formación personal a los jóvenes y, en ese sentido, se debería hacer más.

Desde su dilatada experiencia, ¿cuál es su diagnóstico sobre la escasa paciencia que los clubes españoles otorgan a los entrenadores?
Hay demasiada vanidad en los dirigentes españoles. Recuérdeme el nombre de los Presidentes del Manchester United en los años que ha estado Alex Ferguson.

¿Cree usted que el triunfo de la selección española y del Barcelona basado en un estilo de juego alegre, combinativo y atacante ha provocado que se trate de adoptar este estilo en otros clubes y países? ¿Estos triunfos han quitado el miedo con respecto a esta propuesta al demostrar que proporciona buenos resultados?
Sin duda. Guardiola ha aportado mucho al concepto de la importancia de un entrenador que dirige grandes equipos pero hay que recordar que el estilo de la selección ya lo empezó a cambiar Luis Aragonés en el Europeo de Austria. Pero para desarrollar el estilo del Barça hace falta jugadores del estilo Barça por ejemplo Iniesta y Xavi.

Usted que ha sido profesor de táctica y estrategia, y que cuenta con más de 30 años en los banquillos, observando y estudiando esta profesión, ¿Cómo definiría a Vicente del Bosque? ¿Comprende las críticas que limitan su capacidad a la gestión de los egos del vestuario?
Rafa Benítez y Vicente del Bosque han sido mis alumnos. Rafa es un estudioso del fútbol y sus técnicas aplicadas y su trabajo le han granjeado un reconocimiento mundial. Vicente del Bosque sabe que esas técnicas existen y recurre a ellas con Miñano, por ejemplo, pero le da más valor al trato humano. El futbolista es antes persona que futbolista y por ese lado trabaja con gran eficiencia y resultado. Yo soy más de la línea de Vicente a pesar de que admiro profundamente a Rafa.

¿Cuál es el mayor obstáculo que encuentra un entrenador para desarrollar su labor?
Obviamente la falta de medios. Pero, si hay este aspecto está cubierto, la ingerencia de gente externa que no tienen ni idea de las situaciones internas de un vestuario profesional es el principal obstáculo.

¿Cómo analiza el crecimiento del fútbol español?
España lleva muchos años de trabajo en la mejora de la formación de los entrenadores a través de la Escuela de la Federación y estos formadores han hecho crecer el nivel de fútbol base una barbaridad. Para mí, esa es la clave de todo y viene desde hace 30 años.

Para concluir el repaso, ¿qué males cree que sufre el fútbol español, usted que lo percibe desde la perspectiva que le otorga la distancia?
La dualidad Barça-Madrid. El reparto de “los dineros” por la televisión me parece un abuso y es determinante para que esa dualidad siga. Los alemanes este año nos han dado una lección.
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