21 de noviembre de 2019, 17:26:54
Opinion


Montoro elige el camino contrario



El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha consagrado el cambio de criterio en la fijación de objetivos de déficit público para las Comunidades Autónomas. Esos criterios, recordémoslo, entran dentro de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, que pone las riendas del despilfarro autonómico en las manos del Gobierno central. Y en el ámbito europeo, esos objetivos se subsumen en un objetivo para el conjunto de las Administraciones Públicas, dentro del protocolo de déficit excesivo, en el contexto del llamado semestre europeo. Vaya todo ello para señalar que las reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera tienen un poderoso armazón institucional, además de una lógica económica y política que se resume en el principio de que no debe gastarse más dinero público del estrictamente necesario.

Hasta el momento, los objetivos para las distintas comunidades autónomas eran iguales. Lo cual no es realista, porque el punto de vista era enormemente desigual. Cuando llevamos dos años con ese sistema, y en nombre de un realismo que tenía más sentido al inicio que en la actualidad, se impone el criterio distinto: un objetivo para cada región. De este modo, lo que se gana por un lado, se pierde por otro. Pues al tratar de forma desigual a las comunidades, se abre la veda al politiqueo, y a que se premie a las regiones que peor lo han hecho en el pasado, o que menos esfuerzo están haciendo en el presente, en contra de las que más compromiso tienen con un presupuesto equilibrado, que es el fin último de esta política.

Todo ello se podía haber evitado haciendo un planteamiento exactamente contrario: Fijar un objetivo común e igual para todas las regiones a medio plazo, quizás tres o cuatro años, y fijar asimismo para cada año un porcentaje, también común, de acercamiento a ese objetivo final. De este modo se hubieran reconocido las diferencias iniciales, se marcaría un objetivo común a todas pues sólo en lo común tienen sentido los gobiernos regionales, y se premiaría siempre a quien más cumpliera, sin riesgos para el politiqueo al que es tan dado el ministro Montoro.

El sistema elegido por el responsable de Hacienda ha sido criticado por varias comunidades. Por Cataluña por ser demasiado exigente, y por Madrid por no serlo lo suficiente. En este contexto, Montoro ha dicho: “así no hacemos país”. Lo cual es sorprendente por varios motivos. El primero es que la realidad de España es tan obvia y contundente que, afortunadamente, no dependemos de que los políticos hagan o deshagan. Y el segundo es que ofrecer un menú de déficit a la carta no se parece en nada a “hacer país”, en ningún sentido aprehensible de la expresión.
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