20 de octubre de 2019, 14:09:45
Opinion


MARGALLO, MORATINOS, GIBRALTAR

Luis María ANSON




Zapatero I, el de las mercedes, decidió dar trato a Gibraltar como si de una nación independiente se tratara, y Moratinos, con su cara de angelote de Murillo, cometió el desatino de participar en una negociación tripartita que solo daños podía causar a España. Los gobernantes gibraltareños, crecidos, no han hecho otra cosa desde entonces que abusar de la lenidad española, con grave perjuicio para la dignidad de España y para los intereses de nuestros trabajadores.

El ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, ha hecho lo que se debía hacer: tomar medidas contundentes para que el gobierno gibraltareño entienda que no está tratando con una nación débil sino con una de las diez grandes potencias del mundo. A partir de Castiella, que trazó la estrategia adecuada para la roca, la política sobre Gibraltar ha sido un continuado error. Los diferentes Gobiernos españoles, salvo la posición personal de Marcelino Oreja, no han entendido el fondo de la cuestión. No se han hecho más que con-cesiones.

Era imprescindible que los gibraltareños se dieran cuenta de que su prosperidad y su comodidad dependen de España y que si ellos deciden ahuyentar a nuestros pescadores arrojando al mar bloques de cemento con púas, nosotros podemos aislar el peñón y evitar el esparcimiento de sus habitantes en nuestra Costa del Sol. Hasta la decisión de Margallo, los habitantes de Gibraltar gozaban de todo, desde el blanqueo de dinero y el tráfico fraudulento hasta las exuberantes mansiones en las costas doradas del sur de España. Así es que aplauso encendido para García Margallo, alentándole a que mantenga con firmeza los intereses de España en la verja que nos separa de la vergüenza histórica que supone la colonia británica.
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